Últimos temas
» Boruto ROL [Élite]
Vie Ene 05, 2018 11:42 am por Invitado

» [Crónicas] El Ascenso.
Jue Ene 04, 2018 1:33 pm por Narrador

» Petición de Nivel
Sáb Dic 23, 2017 9:44 pm por Rak

» el milagro de la navidad
Sáb Dic 23, 2017 9:27 pm por Karen

» ¡Costume FIGHT! [Pasado - Shin]
Sáb Dic 23, 2017 10:01 am por Shin Leviathan

» [presente] el despertar de los muertos
Sáb Dic 23, 2017 9:24 am por Shin Leviathan

» [Pasado] ¿de verdad es tan malo?
Vie Dic 22, 2017 9:25 pm por Matthias Lehner

» Objetos de Karen
Vie Dic 22, 2017 9:25 pm por Matthias Lehner

» Registro de Físicos
Vie Dic 22, 2017 9:21 pm por Matthias Lehner

Hermanos

Elite
¿Quién está en línea?
En total hay 1 usuario en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 1 Invitado

Ninguno

[ Ver toda la lista ]


La mayor cantidad de usuarios en línea fue 22 el Dom Oct 22, 2017 12:09 pm.
Admin
Web Master - MP - Perfil
Da Boss
Matthias Lehner
Administrador - MP - Perfil
Bloody Monk
Karen Akagi
Administrador - MP - Perfil
Demon King
Kensei Komikado
Administrador - MP - Perfil
The Judge
Créditos.

[Fic] [Pasado] Un cumpleaños de sorpresas

Ir abajo

[Fic] [Pasado] Un cumpleaños de sorpresas

Mensaje por Tsuyoi Kikku el Mar Nov 07, 2017 7:39 pm

Era mi 18 cumpleaños. Era un aniversario extraño para mí, pues todo el mundo parecía darle mucha más importancia que yo, pues mis tíos, sin hablarme ni escribirme desde que me fui de Conomi casi un año atrás, me habían enviado una carta avisándome de que se presentarían en el Cuartel General para celebrarlo. Mis tíos, quienes no tenían mucho pues eran gente humilde, se estaban costeando un viaje hasta el Cuartel de la Marina para mi cumpleaños… Era desconcertante como poco, pero extrañamente, me hacía sentir bien e incluso deseando volver a verlos. Al parecer, el sentimentalismo que pretendía ignorar afloraba con quizás demasiada facilidad. Pero bueno, ese momento quizás lo merecía.

Así que allí estaba yo, vestida con mi uniforme recién planchado y más blanco que la nieve, esperando en el puerto junto con otros reclutas y sub-oficiales a que llegara el barco con los civiles. Llevaba allí desde primera hora de la mañana, aun sabiendo que el navío no llegaría hasta al mediodía, pero considerando que los nervios no me dejaban dormir, estar en la costa cerca del mar que amaba parecía un lugar más cómodo. El sol apretaba, pero lo aguantaba con total felicidad, casi diría que orgullo, imaginando que dirían mis tíos al verme allí instruyéndome para ser oficial teniendo en cuenta lo problemática que había sido de pequeña. Y al parecer, poco más debía esperar para vivirlo en persona, pues el jolgorio que venía desde el puerto indicaba que el barco finalmente estaba atracando. Me levanté del banco donde me había sentado a tomar el sol y me acerqué hasta allí.

Los vi rápidamente entre toda la gente de poder que descendía del barco, bajando algo taciturnos. Al verme, mi tía alegró la cara y se me acercó corriendo, dejando a mi tío atrás, y lanzándose en un abrazo. Yo la correspondí, algo sorprendida por esa respuesta, mientras el “viejo” seguía paseándose por la pasarela. Antes que nos alcanzara, mi tía se separó y me susurró al oído “Perdónanos” mientras una lágrima asomaba en sus ojos. Eso me chocó, descolocándome de una forma absurdamente abrupta, a lo que la expresión corporal de mi tío no ayudó en absoluto. Era regia, incómoda incluso, los brazos tensos y los pasos duros, no mostraban amor ni compasión… Más bien ira y enfado. Cuando estuvo delante de mí, miró a los lados como si comprobara que nadie nos vigilara, y me dijo en voz baja: “¿Hay algún lugar donde podamos hablar en privado? Un lugar donde no haya marines, por difícil que parezca en este lugar” en un tono más bien sospechoso. Pensando un instante, intentando recomponerme de todo lo que estaba sucediendo, les respondí “En mis habitaciones no habrá demasiada gente, al menos por ahora no” y les empecé a dirigir.

Durante el camino se instauró un incómodo silencio, llenado por las risas y discusiones de las otras personas que había llegado ese día a la academia. En los findes de semana, aquellos que tenían dinero solían visitar a sus familiares y amigos, por lo que no era de extrañar que se llenara la academia de oficiales con algunos forasteros, pero sí que era de extrañar que alguien se dirigiera a los dormitorios. Rápidamente nos quedamos solos y me pidieron que me sentara. Antes de que pudiera abrir la boca, me alcanzaron una carta dirigida a mí. La escritura no la reconocía, pero la abrí llevada por la curiosidad… ignorando a mis tíos por el momento. Su contenido era corto…
Nuestra queridísima hija, estamos orgullosos de que hayas elegido tu camino y confiamos en que llegarás a lo más alto en la Marina. Sentimos no haber sido parte de tu vida, pero sabemos que nos veremos. Ambos esperamos que el Grand Line nos permita reunirnos. Por el momento, deseamos decirte feliz cumpleaños y hacerte tu regalo por los 18.
Levanté la vista, incrédula, esperando que mis tíos me dijeran que era alguna clase de broma. Ellos me devolvieron la mirada, serios, y mi tío me acercó una llave con una insignia que leía “Número 15, Calle Lafayette, Ilusia”. “¿Pero qué es todo esto?” les pregunté, después de haber tragado saliva varias veces, “Después de todos estos años, ¿me envían una carta y una llave?” seguí preguntando al aire… Ni siquiera sabiendo qué quería que me respondieran. Mi tía fue la que habló, diciendo “Nos la han enviado a nosotros, junto con dinero para pagar el billete de barco…” a lo que mi tío la interrumpió “Han enviado cartas desde que eras muy pequeña, al menos un par por año, pero no quisimos dártelas para que no siguieras sus pasos. Hemos creído que ahora que estás aquí, te mereces saber de ellos”. Esa revelación la prosiguió una intensa discusión que se alargó durante horas sobre mis padres y lo que me habían dicho en sus cartas… Y sobre qué escondía esa llave, lo cual negaron repetidamente saber.

En el siguiente fin de semana libre tomé el primer barco hasta Ilusia, para descubrir que escondía esa llave. Mis tíos se habían ido del Cuartel General tras discusiones y lloros, insultos y recriminaciones, y pese a lamentar lo sucedido… Durante los siguientes días se me ocurrieron miles de preguntas que no llegué a hacer, disculpas que debía haber dado, pero llegaban tarde y no me veía capaz de escribirles. Pero bueno, al menos iba a descubrir qué me habían regalado mis padres. Paseando, preguntando direcciones, llegué delante de una pequeña casa de una planta con un jardín muy cuidado. Me acerqué a la puerta, temblorosa, sin saber qué me iba a encontrar. Inocente de mí llamé primero, creyendo que alguien me podría abrir, pero obviamente no fue el caso. Inserté la llave y giré la cerradura, adentrándome en una casa de una sola estancia: con cocina, comedor y baño, totalmente amueblado y preciosamente decorado. Encima de la mesa principal había una caja y una nota, escrita con la misma letra de la carta que había recibido, que rezaba: “La casa es para ti y el contenido de la caja también. Haz con ellas lo que creas. Te quieren, tus padres” Abrí la caja mientras me sentaba en el sofá, contemplando mi casa, mi nuevo refugio, pensando en los mensajes que me había perdido de mis padres.

Lo que encontré de la caja fue absurdo, a la vez que sorprendente… ¡Una Akuma no Mi! Ahora solo quedaba que me planteara lo que mis padres me habían dicho, ¿qué haría con ello?
avatar
Tsuyoi Kikku
Teniente
Teniente

Mensajes : 88
Fecha de inscripción : 16/09/2017
Edad : 24

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.