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Mensaje por Matthias Lehner el Jue Nov 02, 2017 6:23 pm

La caminata no había durado mucho precisamente por la memoria prodigiosa del músico que, permitiéndole recordar frases exactas que había oído y leído siendo un niño de 5 años, no le permitía olvidar algo tan simple como la cantidad de pasos que había dado esa noche de borrachera en medio del bosque. Su memoria estaba tan fresca que podía recordar la risilla de Sarah, arrastrándole bosque adentro a un refugio oculto que tenía su padre bien amoblado para sus largas jornadas de cacería, y él sonriente y fingiendo no conocer el lugar, se sorprendía con la hielera, la cómoda cama o la escopeta que bajo ella se ocultaba. ¿Cuantas veces había estado en ese refugio? Podía recordar con certeza que eran dos, justo el día anterior y justo con las dos hermanas de Sarah, motivo que le habría causado el incidente de la playa donde la marine había intervenido. ¿No era irónico todo aquello? El hombre enfurecido le reclamaba por acostarse con sus hijas, la marine que le seguía le había defendido y ahora iba a acostarse con él en la misma cabaña secreta del furioso padre de familia. ¡Ja! Si no fuera porque reir de las desgracias ajenas es ruin y de mal gusto, Matt habría reído por lo graciosa de la situación.

En su mente, creaba infinidad de posibilidades y variantes de lo que podría suceder, por lo que estaba preparado para casi todo, con frases, juegos, desafíos y verdades a medias que, despertarían la curiosidad de la chica y le obligarían (casi más por gusto que por obligación) a ceder de igual forma a las peticiones del luthier. ¡Y qué peticiones tenía en mente! Sin embargo, su expresión no había cambiado y no demostraban la cálida y pecaminosa excitación que crecía abrumadoramente en su interior. El que muestra el hambre, no come. ¿Cierto? Pues él creía lo contrario, y mostraba tan solo un poco de esta, para asegurarse de dar un buen bocado.

Cuando la cabaña estuvo frente a sus ojos, soltó a la chica y se aproximó a la entrada, donde descansaba una enorme escultura tallada en madera de un león, la cual levantó con claro esfuerzo gracias a su musculoso y largo cuerpo. Él no era precisamente un musculoso leñador, pero considerando que su guitarra pesaba más de 10 kilogramos, sus brazos eran suficientemente poderosos para lidiar con el guardián. Bajo la figura felina, las llaves del lugar aguardaban, y como quien conoce la zona, abrió para invitar a pasar a su nueva amiga. -Aquí estaremos más cómodos. -Susurró mientras ella pasaba y aplicando una sonora palmada en ese jugoso par de glúteos, se adentró cerrando la puerta.

En el interior, una mesa larga con varias sillas, un par de cómodos muebles, una cama amplia y una pequeña heladera repleta de vinos, cerveza y quesos de todo tipo. El alto músico dejó su guitarra sobre la mesa y abriendo el refrigerador contempló a la mujer. -¿Cerveza dijiste? -Preguntó. Él sabía la respuesta, pero le encantaba oírle hablar.

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Re: Vendiendo más que información [Pasado - Tsuyoi]

Mensaje por Tsuyoi Kikku el Vie Nov 03, 2017 2:33 pm

Apenas empezamos a andar, rodeados por ese silencio intenso tras el beso, pude notar como Matthias pensaba en algo. Fue un simple atisbo, pues rápidamente recuperó su semblante seductor, marcando una sonrisa casi obscena, la cual extrañamente funcionaba, y sus ojos se clavaron en los míos. Por primera vez me encontraba con alguien quien no caía rendido a mis pies a la primera señal de interés, que tras un beso se convertía en un esclavo para conseguir el siguiente, y que parecía un morboso desesperado por mi atención. Quizás era algo joven e inexperta en esos asuntos, pero me sentía atraída por esa sensación de estar hombro con hombro con un hombre que pese a parecer engreído, pues era claramente engreído, había aceptado mi control en la situación anterior sin oponerse, y aun así, seguir jugando nuevamente. Cuando la ciudad se empezaba a divisar, pero, sucedió algo que me pilló de improviso.

Matthias me agarró por el cuello y por el muslo del tatuaje levantándome levemente la falda para empujarme contra un árbol, mostrando un interesante lado dominante. De nuevo, esas manos diseñadas para tocar recorrieron levemente mi pierna, ascendiendo poco a poco, tentándome, hasta que me agarró con firmeza del trasero para levantarme y clavarme un largo beso. Cuando nuestras lenguas se cruzaron, tal y como me tenía agarrada, podía notar como su excitación iba en aumento. Sus dedos, colocados con decisión en mi cuello, me cortaban la respiración justo en el punto exacto, demostrando nuevamente que sabía cómo leer el cuerpo de una mujer. Sin embargo, no sé si respondiendo como el músico esperaba, yo también quise jugar… Entrelacé mis piernas con fuerza en su espalda, empujando nuestros cuerpos a que se juntaran forzando a que sintiera las curvas de mi figura en su pecho y con las manos jugueteé con ese pelo pelirrojo como el fuego. Cuando nos separamos, yo estaba pensando: “No olvidará fácilmente este beso, de eso estoy segura” mientras le miraba con ojos juguetones.

Cuando ambos recuperamos el aliento, Matthias me indicó que no quería ir al pueblo para evitar que la gente lo distrajera, privándome de su atención. Su propuesta fue la de ir hasta un refugio cercano, donde aseguraba había cerveza, para continuar con nuestra conversación. Sin embargo, no pareció apetecerle darme una opción y me agarró de la muñeca para dirigirme hacía el interior del bosque. El paseo por el bosque fue igual que el resto de interacciones que habíamos tenido hasta el momento, un juego constante de quién seducía a quién. Primero yo le pellizqué el culo, agarrando con fuerza esas posaderas, y él respondió empujándome de nuevo, esta vez contra unas rocas que bordeaban nuestro camino, para besarme en el cuello, momento que aproveché para morderle de forma sensual la nariz mientras éste se separaba. Este juego continuó hasta que nos plantamos delante de una pequeña cabaña custodiada por dos estatuas en forma de león. El pelirrojo levantó una de ellas de la cual sonsacó una llave, para luego abrir la puerta y ofrecerme el paso de forma exageradamente caballerosa. Al adentrarme en la casa, me dio un azote con la mano mientras parecía reír, y me señaló una cama. Divertida, pero aún sin olvidar lo que esperaba sacar de Matt aparte de una noche de intensa pasión, me tumbé boca arriba en un sofá mientras el pelirrojo me ofrecía la cerveza.

Mirándole con esos ojos que denotaban fuego, le hice una seña con la mano para que se acercara mientras yo seguía tumbada. “Sí, una cerveza sería ideal… Pero aún sigo dándole vueltas al comentario de antes. Me hace gracia que pienses que me puedes comparar con 4 o 5 de las chiquillas del pueblo. Creo que si no lo has entendido aún, lo pillarás pronto, y es que pocas mujeres en el mundo se pueden comparar conmigo…” le dije, en un tono que invitaba a la lujuria “… en muchos aspectos” concluí con una sutil sonrisa. Mientras el músico se me acercaba con la botella, le dije “Tampoco te vas a librar de hablar de lo que te he comentado… Solo debes decidir si quieres hacerlo ahora o por la mañana cuando estés tan cansado que no puedas ni moverte” dije, de nuevo con ese tono mordaz que llevaba usando todo el día.
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Re: Vendiendo más que información [Pasado - Tsuyoi]

Mensaje por Matthias Lehner el Vie Nov 03, 2017 8:57 pm

No podía quejarse del viaje de ida hacia la casa ni mucho menos de aquella joya de mujer que se había conseguido pues, si bien había atacado con la agresividad que solía guardarse (por tener casi siempre compañeras primerizas o con esposos que seguro notarían las marcas) siempre, ella le había respondido de una manera similar y demasiado erótica como para asumir que esto no terminaría con ambos revolcándose en la cabaña. Pero el objetivo del pelirrojo estaba trazado y, pese a los juegos y la ocasional parada para dedicarse lascivas caricias, terminaron por llegar a la cabaña que buscaba. Ella no se inmutó ante la nalgada sino que pareció recibirla con agrado, como era de esperar, y tras haber entrado se tumbó sobre uno de los sofás, de una manera en que parecía más una invitación a brincar sobre ella que una auténtica manera de conseguir descanso en el mueble. Matthias aguardó su respuesta junto al refrigerador, y en cuanto consiguió la afirmación sobre la cerveza, sacó solo una, destinando para él, en cambio, una botella de un vino muy fuerte pero delicioso, cosecha especial. Beber era una de sus tantas habilidades y aunque pocas cosas le embriagaran realmente, quería competir con ella, aún en eso.

Se detuvo en seco mientras le escuchaba hablar, y lo cierto es que sabía exactamente cómo tratar a una mujer así, pues, aún cuando ella dijera no ser igual a las demás, pertenecía a un tipo de mujer que Matthias conocía muy bien y que lamentaba terriblemente no toparse más a menudo. Ella era de las que se conocían, y por ende, usaban sus encantos sin ningún tipo de prohibiciones, moral ni obstáculos, siendo el tipo de mujer peligrosa que el pelirrojo encontraba como la mejor amante pero la peor esposa. Pensó brevemente en Kuni, su fallecida y eterna amada, y sonrió al recordar lo decente que era con ella, ocultando una parte tan lasciva que le avergonzaría habersela mostrado a un ángel tan puro. Como fuera, la imagen de su esposa se difuminó prontamente mientras el pelirrojo disponía ambas bebidas sobre la mesa y con una ceja arqueada miraba al techo, contando con los dedos. -No, querida. Tu vales como 20 de las chicas del pueblo, y no solo hablo de la resistencia, que seguro te sobra. -Con una sonrisa coqueta le arrojó ese comentario seductor pero a la vez competitivo, demostrando que, pese a que la deseaba, no se dejaba intimidar por ella y su comentario.

Le entregó la cerveza y fingió dudar sobre si hablar ahora o por la mañana, como si de verdad fuera una decisión que representara alguna duda. Brindó con la botella y la empinó bebiendo grandes tragos y dejando que un poco del líquido carmesí escurriera por su boca y cuello, cayendo dentro de su hakama. -¡Joer! Es mi ropa favorita... -Dijo quitándose aquella prenda y dejando ver su cuerpo marcado por la vida. Músculos definidos pero no exageradamente hinchados (a excepción de sus brazos, fruto de cargar tan pesado instrumento), alguna cicatriz por aquí y por allá, y unas curiosas marcas irregulares en sus muñecas y cuello. De su cabello, en la parte trasera y usualmente oculto por los ropajes, colgaba su fiel pistola, misma que sujetó entre las manos y con la cual acariciaba los muslos de la marine hasta detener el frote directamente en su entrepierna. -Quizá si me limpias, pueda comenzar a responder tus preguntas. -Susurró señalando su pecho, cuello y mentón aún manchados por el vino.

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Re: Vendiendo más que información [Pasado - Tsuyoi]

Mensaje por Tsuyoi Kikku el Dom Nov 05, 2017 5:36 am

Tumbada en ese sofá, oscilando la mirada entre la estancia, el techo y mi acompañante, pude ver como Matt se acercaba a mí con mi cerveza y una botella de vino con una sola copa. Mientras cruzaba la habitación, pude notar en su rostro un nuevo atisbo de la persona que se escondía tras esa fachada de seductor… En sus ojos, por un solo instante, pude ver melancolía, agonía y pena, tres sentimientos que dejaban entrever que ese hombre, pese a esa forma de ser, había amado alguna vez. Pero tal y como había pasado en el camino del bosque, ese brillo se desvaneció en un chasquido, y el músico que había conocido en el puerto regresó a la superficie. Soltó otro de sus comentarios lascivos, acompañándolo con esa sonrisa pícara que yo estaba empezando a adorar, y dejó mi bebida en la mesa que había a mi lado. Yo la agarré y le di un trago, lentamente, de forma seductora, mientras el pelirrojo hacía lo mismo con su bebida. Pero, a diferencia de mí, él se la bebió rápidamente, derramando parte del contenido y manchando sus ropas de ese líquido escarlata.

En un gesto claramente premeditado, se empezó a desvestir, de pie delante de mí, mostrando su cuerpo curtido. Era una figura curiosa para un músico, definida, pero más allá de lo que se podía conseguir tocando un simple instrumento. Repasando su torso con uno de mis pies de forma erótica, mientras él deslizaba una de sus manos casi sin tocarme, pierna arriba y acercándose cada vez más a mi entrepierna, pude intuir diversas cicatrices ocultas por el tiempo. “¿Qué historia escondes, Matthias?” me pregunté, mientras esa intriga me hacía desearlo aún más. Cuando su mano alcanzó la parte más alta de mi muslo, rozando mis partes íntimas, temblé de excitación un solo instante, mientras el pelirrojo soltaba un nuevo comentario libidinoso. Al ver esas gotas rubíes que seguían deslizándose, rodeando su vientre y bajando poco a poco, mis piernas reaccionaron casi por instinto. El pie con el que había estado jugando se colocó en su nuca, y con fuerza lo atraje hacía mí mientras yo levantaba mi torso un poco para que nuestros cuerpos se encontraran a medio camino. Cambiando la pierna por mis brazos, abrazando casi su cabeza, le di un nuevo beso, nuestros labios acariciándose con ternura y pasión, mientras que con mi rodilla primeramente le rozaba su entrepierna, para acabar colocándose en una posición que me dejó voltearnos, cayendo el suelo quedando Matt en la parte inferior, mientras continuábamos con ese beso.

Me separé un poco del pelirrojo, respirando pesadamente, mientras me mordía el labio inferior. Tenía mis caderas encima de las suyas, notando como su “instrumento se afinaba” poco a poco, mientras en su cara se leía la más pura de las lujurias. “Me temo que me acabas de manchar la camisa con el vino, Matt… ¿Qué vas a hacer ahora?” le pregunté, mientras una de mis manos empezaba a deslizarse entre mis pechos, pasando por mi vientre y llegando hasta colocarse encima de su miembro. “Voy a tener que confiar en tu resistencia, parece” añadí, morbosamente.
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Re: Vendiendo más que información [Pasado - Tsuyoi]

Mensaje por Matthias Lehner el Vie Nov 17, 2017 5:07 pm

La ambigüedad de gustos del llamado Bloody Monk, principalmente por su atuendo y cabellera, cabe destacar, era algo que a menudo sorprendía a quien se tomara el tiempo y la molestia de conocerlo a profundidad, mucho más allá de la gruesa capa de carisma, diversión y libertinaje que le envolvía. El hombre oculto tras aquella sonrisa permanente y ojos hipnóticos era un genio en muchos aspectos, tan metódico y analítico como astuto, osado y perspicaz. Pero su mente, tan lúcida aún en los momentos de mayor borrachera, jugaba con cosas tan distintas y diferentes que le complicaba al pelirrojo hallar algo, fuera de la música, que realmente le gustase de manera única, y como podía esperarse de esa característica tan poco usual, la marine, de la cual aún no sabía ni el nombre, entraba en esa categoría de cosas ambiguas que le gustaban tanto o más de lo que le desagradaban. Era raro para él pensar en todas esas cosas mientras su mano, con pistola en mano acariciaba la cálida entrepierna de su invitada, pero mientras se acercaba a ella y se fundían en un apasionado beso íntimo, las ideas del pelirrojo volaban más alto que las mariposas en su estómago.

Ella era casi indomable y se sabía seductora, lo que le daba esa arrogancia que se le antojaba, entre besos, tan desagradable como atrayente, como el fuego al que le teme el niño pero que de igual manera le tienta a meterle la mano. Era tan hermosa como aparentemente superficial, y es que si bien no esperaba tener una conversación intelectual, le decepcionaba un poco que se pasara tan rápido a la acción ¡Oh ambigüedad! Si era justamente esa actitud directa y sexual lo que más le atraía de aquella mujer, y sin pecar de ansioso, tironeaba entre dientes el labio inferior de aquella mujer, como un felino jugando con su moribunda presa. Era definitivamente una mujer con la que no podría comenzar una familia o vivir plenamente, pues era muy sexual, dominante e independiente, cosas que Matthias amaba pero que chocaban con tanta fuerza con su propia manera sexual, dominante e independiente de ser que haría imposible una convivencia sana como pareja, y la idea de reunirse ocasionalmente, copular como bestias insaciables y reír entre los síntomas de la borrachera, era por los momentos la idea más viable de felicidad. Ahora mismo Matthias, entre las piernas de la mujer y de espalda al piso, concebía un nuevo concepto de felicidad.

La pregunta de la joven, al separarse de aquél beso que les había unido, hizo esbozar una larga sonrisa en el pelirrojo, quién levantándose un poco dispuso ambas manos tras la chiquilla, una en cada glúteo que apretó con una posesividad casi ofensiva. Su boca marcó con fuerza el cuello de la marine hasta dejarle una marca que sería visible por días, y de inmediato, entre dientes y lengua, comenzó a desabotonarle la blusa, la primera pequeña parte del escote, donde había botones. Lo que voy a hacer es preguntar tu nombre. -Dijo con una larga sonrisa mientras una de sus manos ascendía por la espalda de su acompañante, despojándola de su blusa para dejar a la vista un prominente, sensual, exuberante y apetitoso par de senos, apretados a duras penas en un insuficiente sostén. Matthias admiró aquel busto de manera descarada y se relamió los labios. -Dime que no eres menor de edad. Te creeré aunque sea mentira. -Bromeó finalmente dandole una larga bebida a su botella, para enfatizar eso de que los ebrios creen cualquier cosa. Su miembro estaba erecto y preparado, tan cálido por el frote entre ambos que amenazaba con romper sus pantalones.

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Re: Vendiendo más que información [Pasado - Tsuyoi]

Mensaje por Tsuyoi Kikku el Dom Nov 19, 2017 2:57 pm

El día se estaba acabando y la habitación de la pequeña cabaña en la que nos encontrábamos estaba bañada con tonos ocre y escarlata, resaltando extraños brillos de los objetos que poblaban la estancia. Las botellas de vino y cerveza, la copa de Matt, hasta los muebles parecían estar siendo bañados por una luz dorada que le daba a la situación un toque más bello, como una especie de delirio de la mente. El torso del pelirrojo, desnudo en el suelo, parecía brillar con una luz especial, como si la pasión se escapara por cada uno de sus poros… Al igual que ocurría conmigo.

La situación se estaba desarrollando de una manera que resultaba de lo más sorprendente, incluso para mí. No es que jamás hubiera tenido una relación de extrañeza con la sexualidad y la intimidad, pese a mi infancia, sino todo lo contrario. Siempre había tenido un apetito sano que saciar que despertó cuando mi cuerpo empezó a cambiar y a convertirse en el de una mujer, y quizás por la soledad que sentía o por mi forma de ser, la compañía de hombres y mujeres se convirtió en un entretenimiento más del que disfrutar. Sin embargo, esa curiosidad que había sentido nada más ver al músico y que se había desarrollado como una llama en un bosque, calcinando todo mi ser y sumiéndolo en esa sensación de calidez que me estaba envolviendo, era la primera vez que la experimentaba en un escenario como aquél. Una parte de mí, esa parte animal y horripilante que yo trataba de ocultar al mundo parecía alimentarse de dicha sensación, alejando mi pensamiento consciente a una parte más recóndita de mi mente… Dejando paso a la lujuria y a la búsqueda del placer hasta el punto en que ni siquiera había llegado a presentarme ante el músico. Cuando éste me besó el cuello mientras con sus manos me recorría la espalda, levantándome la camisa y dejando a la vista primero mi vientre, terso con un ombligo casi sutil, después la parte inferior de mis pechos en un sujetador de encaje de color negro y morado, con unas flores rojas hiladas, mi cabeza era un remolino de emociones, pensamientos y una lucha feroz entre esas dos mitades que batallaban día a día en mi interior.

Aun notando el “bulto” de Matt crecer, entre mis caderas, como si jugara con mi entrepierna, el músico acabó de sacarme la blusa la cual tiró al suelo más allá del sofá. Pasando sus manos alrededor de mis senos, tentándome para hacer el siguiente movimiento, y pese a tener la mente turbada, podía notar los ojos del pelirrojo recorrer mi silueta con pasión. Entonces fue cuando lanzó esa pregunta al aire, casi como si ni siquiera quisiera una respuesta y solo buscara ganar unos instantes para analizar mi figura. “Mi nombre es Kikku, Tsuyoi Kikku… y sí, no tienes nada de preocuparte, soy mayor de edad” le respondí, casi en un susurro, mientras mi mano volvía a descender hasta su miembro y lo masajeaba con dulzura por encima de sus ropajes. Sin quizás saberlo, al hacerme pensar en otra cosa, aunque solo hubiera sido en mi nombre y edad, había conseguido que todos mis sentidos volvieran a esa habitación y que mi cabeza y afilada mente, se centraran de nuevo en lo que estaba ocurriendo. “Jamás había empezado a perder el control durante una situación así… Si llegara a pasar podría ser… peligroso” pensé, mientras le cogía a Matt una de sus manos y le daba un leve beso antes de acompañarla hasta uno de mis pechos… como si le diera permiso para jugar con ellos. Después de soltar su mano, paseé la mía con cierta parsimonia por su pecho, después su cuello hasta acabar colocando uno de mis dedos en sus labios, invitado a que el pelirrojo abriera la boca.
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Re: Vendiendo más que información [Pasado - Tsuyoi]

Mensaje por Matthias Lehner el Lun Nov 27, 2017 8:51 pm

Quizá, en alguna parte de la mente de Matthias sentía verdadera importancia por el nombre de aquella chica, y más aún, quería conocer su historia, sus alegrías y sufrimientos, anhelando empaparse no sólo en su sexualidad sino en todo lo que representaba  y era. En algún lugar de la ebria, alegre y despreocupada cabeza del músico, sentía verdadera simpatía por la mujer que ahora le entregaba cariño y lujuria en partes casi iguales, sin saber a ciencia cierta cual superaba a cual, pero, como solía suceder siempre, el pelirrojo no dejaba que esa pequeña parte de él surgiera de manera natural, y asumiendo que ella sólo sería una amante más, dejaba de intentar conocerla y de leer aquellas maravillosas historias que sus femeninos ojos le contaban a un lector tan culto como lo era el nativo de Namakura. ¿Quería que esto se hiciera habitual? ¡Por supuesto que si! No solo era la mejor mujer que había conseguido hasta el momento, en el estricto sentido físico exterior (ya que de momento no conocía su interior, que auguraba ser cálido y estrecho) sino que era un miembro de la marina, y probablemente eso sería de mucha ayuda en los habituales líos minúsculos de Matt con la ley.

La danza sexual de ambos prosiguió como se esperaba, entre la delicada manera de exhibirse ante los ojos de Matt y la forma en que parecía moverse provocativamente para estimularle, el pelirrojo descubrió un cuerpo hermoso, tanto que aquella imagen que se había hecho en base a lo que el ajustado uniforme dejaba a la vista resultaba en simplemente una tontería. Se deleitó la vista en tanta hermosura mientras que escuchaba sin demasiado interés el nombre de la joven, sabiendo con precisión que jamás podría olvidarlo aunque quisiera, pues su memoria graba todo, hasta lo que no deseaba. Esa imagen sobre él, podría reproducirla en su mente con solo cerrar los ojos sin olvidar detalle y ahora su tacto, recorriendo aquellos jugosos senos, hacía las veces de ojos, con una precisión envidiable. Quiso decir algo pero no pudo sino reír ante el comentario, pues al músico no le preocupaba que fuera o no mayor de edad, sino que, pretendía al menos darle un toque de interés al asunto más que esa feroz y animal ansiedad que les rodeaba como un instinto primigenio incontrolable. Como fuera, ella besó una de sus manos, acarició su miembro, ya erecto en demasía y con sus manos sobre el pecho del músico hizo un recorrido hasta los labios que antes había besado y que, sin dudarlo, Matt abrió para morder juguetonamente los pálidos y delicados dedos de la mujer. Sus manos, una en su busto y otra escurriéndose bajos la falda de la marine, para tirar de su ropa interior, trabajan de manera independiente pero con la habilidad que sólo puedo conseguirse con años de experiencia.

¿Era necesario decir que él tenía experiencia? Sus movimientos lo demostraban.

Sin embargo, los ojos del pelirrojo se enfocaban en los ajenos y habiendo notado el minísculo cámbio, él como observador habitual simplemente sonrió mientras movía sus caderas de maner mucho más precisa, donde sólamente la tela impedía que el frenético acto sexual se llevara a cabo. Parece que la bestia en tus ojos se ha calmado un poco... Estaba seguro que podía domarla. -Musitó mientras mordía uno de los dedos de la joven, dejando en claro que había visto en su interior y que, contrario a lo problemático que pudiera ser, Matthias estaba preparado para lo que fuera.

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