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¿No les apetece vestir de Azul? [Iohn-Samael-Freiser]

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¿No les apetece vestir de Azul? [Iohn-Samael-Freiser]

Mensaje por Narrador el Mar Oct 31, 2017 9:18 pm

El bombardeo al puerto estaba culminando y por suerte, la situación había sido controlada, al punto de que las cientos de casas destruidas estaban completamente deshabitadas y por ende el número de víctimas mortales había sido simplemente mínimo, por no decir que no había ningún fallecido, cosa que sería una mentira. Muchas casas del interior, mejores protegidas y sabiamente ubicadas habían sido tomadas como refugios por los marines y civiles, y entre ellas, destacaba el consultorio médico que se hallaba ahora mucho menos repleto que hace una hora, donde los heridos se agrupaban como gusanos quejumbrosos y magullados, por lo que el silencio, roto por algún ocasional cañonazo a la lejanía, dejaba a los heridos Iohn y Freiser descansar a medio sueño, vigilados por Samael, quien se había quedado sin pacientes de momento.

Roxi había rescatado al samurai y Lovelace había vigilado junto a su escuadrón de que los civiles resguardados no fueran lastimados o pudieran salir para buscar problemas, lo que causó que muchos se aburrieran y, descubriéndose ya saludables, eran escoltados a sus casa, si es que estas se mantenían en pie. La guerra había acabado y la marina había ganado, o al menos eso parecía, ya que la cantidad de víctimas mortales del bando ganador superaba con creces la del bando invasor y derrotado. No había nada que hacer, así era la guerra y la gente, al menos algunos, lo entendían muy bien. Roxi había salido, Lovelace también, pero antes de que pudieran olvidarse de ellos, ingresaron al consultorio cargando unas mochilas de cuero de color celeste que dispusieron sobre la mesa. La okama sacó un papel de seda muy fino de su bolsillo y aclarando su garganta para que los tres la oyeran comenzó la lectura.

Por la colaboración médica prestada, el médico aquí presente recibe el agradecimiento de la marina y la paga de 40mil berries. De igual manera, se le recompensa al Marine Temporal Freiser con la paga de 30mil berries... -Mientras Roxi hablaba, Lovelace le entregó el dinero a Samael y Freiser, además de un sobre a cada uno que de igual manera ofreció a Iohn. Iohn, la marina no te contrató por lo que no puede pagarte con dinero, sin embargo tu ayuda invaluable será recompensada... -En ese momento, Lovelace se aproximó y le extendió una reluciente katana que una persona experimentada podría reconocer de gran calidad.

Wāmukattā es una de las 80 Wazamonos que hay en el mundo... Su nombre significa Cortadora de Gusanos, y mi abuelo me contaba siempre que con ella logró decapitar al menos a 100 reyes de mar... Pensé que no era posible, hasta que te vi haciéndolo. Por favor acéptala,
de parte mía, de la marina y de LogueTown.
-Dicho esto le extendió el ARMA y la depositó en sus manos. Hemos sido testigos de sus habilidades y colaboración. Y les ofrecemos un puesto en la marina. -Sentenció finalmente con su oferta. El silencio esperando su respuesta, si aceptaban o no, era insufrible.

De pronto, la puerta se abrió y todos se pusieron en guardia por el estruendo, pero tan solo vieron entrar una hermosa mujer con un delantal y una olla, aparentemente llena de sopa de caracol, cangrejos y ostras, una delicia del mar. El olor era exquisito y sin decir una palabra, siempre con el ceño fruncido, sirvió sopa a los presentes, entregando un plato a cada uno y finalmente entregando a Samael una carta sellada con un corazón. En cuanto el chico la tomó, la mujer ruborizó pero pareció enfadarse y se alejó para mirarlo de lejos mientras leía lo allí escrito.


Joven y guapo doctor, usted salvó a mi esposo y no tenemos como agradecerle.
Se ve usted tan viril y joven, y su mentor nos ha contado tanto de usted que queremos ofrecerle a nuestra pequeña Margo. Habla poco cuando está avergonzada y es algo... tosca. Pero es una experta cocinera y una hábil luchadora, que seguramente le será de utilidad. Sueño con que encuentre un buen hombre para casarse, y creo que si usted no es el destinado, al menos viajando podría hallarlo.

P.D: Nos hemos ido de viaje ya, así que no tiene a donde ir. No la deje sola, mi querido yerno~


Con amor, Mamá. <3


Ahora todos estaban pasmados, comiendo sopa, disfrutando y pensando en lo que harían. Y curioso, uno de los caracoles de Iohn parecía no querer ceder... ¡Jo! ¡Era un Dial!

Off:
Iohn: Entregados premios de evento y sorteo. Flame Dial y Wazamono.
Samael: Entregados premios de sorteo y evento. Dinero y Miss Margo (Npc cocinera LvL 40)
Freiser: Entregado premio de evento. Dinero. (Cuando hagas el sorteo, te doy el premio.)

A los tres se les ofrece ingresar a la marina. Ustedes deciden.

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Re: ¿No les apetece vestir de Azul? [Iohn-Samael-Freiser]

Mensaje por Iohn Kajiya el Jue Nov 02, 2017 4:24 am

En mi estado convaleciente, recuperándome de las heridas de la guerra, pude apreciar el saber hacer del médico que nos estaba tratando. Su técnica era exquisita y sus conocimientos eran extensos, pero lo que más me sorprendió era lo incansable que era. Durante horas, en ese pequeño lugar donde se habían reunido docenas de heridos tanto civiles como Marines, tan solo el joven y el anciano se bastaron para cuidar de todos los hombres y mujeres. Cuando el lugar se empezaba a vaciar y en la lejanía los cañonazos se hacían más espaciados entre sí, pude apreciar las primeras gotas de sudor en las frentes de ambos. Así que decidí que, considerando que mis heridas eran menores que las de muchos inocentes que había allí, me sobrepuse a los cortes y con un humilde “Déjenme ayudar, también soy médico” les informé de que les tomaba el relevo.

Cuando la tarde avanzó y las explosiones de la zona del puerto ya casi parecían acabarse, entraron los oficiales de nuevo en la clínica. Una de ellos era la que me había salvado de la pelea con la peliblanca… A la cual llevaba horas tratando de recordar, pues por mucho que lo intentara, era totalmente incapaz de rememorar qué demonios le podía haber hecho para que me atacara de esa forma. Al otro no le conocía, pero lo había visto allí cuando la tal Roxi me trajo en brazos hasta la clínica, lo cual había causado algo de revuelo entre los presentes. Cuando sacaron los paquetes y empezaron a hablar, no me sorprendieron sus palabras “Ciertamente, tanto Freiser como el joven doctor han ayudado a prevenir pérdidas de vidas” pensé, mientras relataban las recompensas que se habían ganado. Pero la sorpresa vino cuando mencionaron mi nombre, primero diciendo que no podían pagarme por mis servicios, lo cual, teniendo en cuenta mi estilo de vida no me importaba demasiado, pero después sacando una bella katana en una funda azul… “¡Una de las 80 Wazamono! Es una espada impresionante…” me dije, sin poder articular palabra de la emoción. Al cogerla en mis manos, lo único que pude hacer para agradecer ese gesto fue hacer una reverencia extrema, poniéndome de rodillas y bajando la cabeza hasta prácticamente tocar el suelo con la frente, mientras decía un “¡Muchísimas gracias!”.

Pero las sorpresas no terminaban allí… Porque justo después de aquello, antes de que los oficiales dieran por zanjado el tema, nos hicieron una oferta: unirnos a la Marina. Mi cabeza, aún en el suelo por el gesto anterior, se quedó en blanco unos instantes. Yo, que odiaba el Gobierno Mundial y sus injusticias, ¿unirme a la Marina? ¿Unirme al ejército de Cassius y expandir su imperio totalitario? Era una idea tan descabellada que tardé unos segundos en entender que iban en serio, y otros tantos en formular una respuesta. Aún en posición arrodillada, clavando la vista en uno de los nudos de la madera que cubría el suelo, les respondí: “No, gracias. Agradezco el ofrecimiento, y agradezco los regalos prestados, pero si son condición de aceptar la oferta debo rechazarlos. Mis muertes siempre serán mías, y no podría aceptar cargar las vidas impuestas por una orden, lo lamento.” No quise decir nada más, pues creía dejar claro que no iba a unirme a la Marina. Me levanté, con la Wamukatta en las manos, y la ofrecí de vuelta… confiando en que me dejaran quedármela pese haber rechazado unirme a la Marina.

Antes de que se pudiera romper esa tensión, una mujer joven irrumpió con fuerza cargada con una cacerola entró en la clínica. Era bastante atractiva, aunque sus gestos denotaban tensión, y empezó a servir comida a los heridos que por allí había sin decir palabra. Yo, rechacé cordialmente mi ración y me encaminé hacía la salida, mientras hacía un gesto de despedida al joven médico y a los oficiales de la Marina, confiando en que pudiera llevarme la espada.
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Re: ¿No les apetece vestir de Azul? [Iohn-Samael-Freiser]

Mensaje por Invitado el Jue Nov 02, 2017 11:06 am

Las ultimas horas, eran vagos recuerdos en mi mente, habia pasando largo tiempo tirado en una esquina, viendo como los pobres voluntarios y algunos de los marines recuperaban las fuerzas.

Tres doctores ante mi, y muchisimos heridos.

(Maldita Roxy, los dioses la atraviesen como a mi la ola. Todos estos heridos por no dejarme ayudar)

Las horas pasaban, parecia que poco a poco me costaba menos respirar, y mis ojos no dejaban de buscar a la esa joven mujer, y de que me sacaron de su casa por la fuerza.

Contra mas mala sangre se me ponia mas me dolian las costillas.

En cierto momento, unos oficiales me invitaron a la mesa.

apoyado sobre la funda de mi espada, con ella bastante perjudicada me acerque a la mesa, era grande inmensa y alli nos invitaron a sentarnos algunos de los elegidos.

Al sentarme a la mesa, de repente todos se pusieron serios, y una bolsa bien llena aparecio de golpe delante mia " tu recomensa "

Gracias, aunque no lo hice por el dinero, lo aceptare.

(Por finde dejare de ser pobre un tiempo)

mientras miraba la bolsa, y pensaba en que podria gastarlo, escuche.

"unirse a la Marina"

de repente mi mente se puso en blanco y vi todo el destrozo, sacarme de la casa de la muchacha a la fuerza, y recriminarme ser usuario.

Iohn se levanto, rechazando, la oferta de la marina y poniendo la espada que le habian regalado, de modo que daba a entender que si hiciera falta la devolveria.

Cogi la bolsa de oro y la meti dentro de mi chaqueta.

Bueno yo os agradezco lo dado, y esta rica comida, pero lo que a mi respecta soy un alma libre y no me gustaria que me volvieron a esposas, a la marina.

Me levante despacio y me dirijo hacia la puerta.

Espero que no, nos tropecemos mucho mas.
Menos contigo Doc, que se que el universo quiere que nos tropecemos a menudo.


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Re: ¿No les apetece vestir de Azul? [Iohn-Samael-Freiser]

Mensaje por Samael el Jue Nov 02, 2017 11:24 am

Aquel día, lejos de ser extraño, a Samael le complació en muchas cotas diferentes. Había visto el poder de los gigantes, a Reyes del Mar campar a sus anchas por la costa y a una multitud de heridos que nunca había imagino tan siquiera que pudiese curar el solo. Quizás, para otros, la guerra era un infierno, para él era todo lo contrario. El sudor prácticamente empapaba la rente color caramelo del joven y su camisa estaba prácticamente pegada sobre su cuerpo, pero él no se había detenido ni por un momento. A su lado, su jefe y mentor en ciertos aspectos, el señor Cornualles, tampoco había parado, salvo para ser relevado por un extraño tipo que dijo ser médico. En un principio, ninguno de los dos médicos de la consulta se fio de él, pero al verle trabajar, decidieron permitirle ayudar. Al menos así, podrían abarcar a un mayor número de personas.

A pesar de toda aquella gente, Samael no se sentía bien en cierta medida. Quizás la gran acumulación de personas a las que atender hizo bajar su diversión, preocupándose solamente por los seres humanos y no por él. Eso hacía que el joven llegase a cuestionarse su actuación, dándose asco a sí  mismo en cierta medida. – Yo no he venido aquí para curar a la gente. He venido a prender y ahora… Me estoy volviendo un blando. – Sin duda alguna, él se sentía cada vez más inútil allí, pero había ido demasiado lejos y ahora no podía irse simplemente. Pasaron las horas hasta que, por fin, algo rompió aquella monotonía con olor a vendas sucias y con la fragancia metálica de la sangre.

Era Roxie, aquella extraña mujer okama que él mismo había curado hacía un rato. Realmente no tenía más que rasguños, pero todos parecían pensar que el médico había hecho más de lo que realmente había hecho. Entró en la consulta con una gran mochila celeste, y junto a aquel extraño Marine que había llegado hacía ya un tiempo, empezaron a hablar a los que allí se encontraban, a aquellos que habían intervenido en la pelea. La mujer empezó dando recompensas monetarias a los allí reunidos, seguramente por la importancia que tuvieron en los problemas que acaecieron hacía unas horas. Samael no estaba como para negar dinero, pero tampoco vio necesario una paga de aquellas dimensiones. Pero lo peor estaba por llegar. Samael no esperaba de ninguna manera que aquel hombre le ofreciese un puesto en la Marina. Aunque era algo extraño, sí que podría parecer útil un médico como él en una organización como aquella, pero para el muchacho, no era una invitación adecuada.

-Así que el gobierno me ofrece un puesto. ¿Por qué? – Pensó él solo. Quería hacerse una idea de qué decir, ya que el ambiente se estaba mostrando algo tenso, pero sobre todo, quería ser consciente de sus opciones. - ¿La Marina me ofrecerá un mundo como el que yo veo? No creo que les parezca bien como pienso. – Comenzó a pensar el muchacho. Y en cierto sentido, parecía estar en lo cierto. Para Samael, el prójimo era solo un campo de experimentación y observación y, seguramente, si trabajase para la Marina, su vida se resumiese como las últimas horas que había pasado allí en la consulta: Curando enfermos sin tener apenas tiempo para respirar. Por eso mismo, sonrió levemente y arqueó las cejas. Intentó contenerse, puesto que no quería dar una respuesta borde, pero tampoco iba a pretender ser alguien que no era.

Pero justo en el preciso instante en el que el muchacho fue a abrir la boca, la puerta resonó. Alguien había entrado y acaba de pegar un portazo. Samael no pudo ver quién era, pero supuso que eran heridos e ignoró bastante la situación. Se secó el sudor de la frente con el dorso de la mano y se puso en pie. Quería responder al Marine, pero la persona que había entrado, empezó a repartir platos rellenos de algo que olía a mar. Samael se quedó perplejo al ver a una mujer rubia, con aspecto de pocos amigos y repartiendo comida, pero pensó que sería de la Marina y siguió a lo suyo. De una vez por todas, debía sincerarse con aquel marine de alto rango.

-Le agradezco la propuesta, mi señor. Pero me temo que debo rechazarla. No creo estar hecho para la Marina. Además, ya tengo trabajo aquí, no puedo dejar a mi mentor con una mano delante y otra detrás. – Respondió mordiéndose la lengua. Quería decirle que ni en un millón de años compartiría la misma visión del mundo que ellos, pero quería ser agradable y salir del paso sin demasiados aspavientos. Cuando terminó, se dio la vuelta y le guiñó un ojos al Señor Cornualles, intentando ser un poco amable con él. Al fin y al cabo, le estaba usando como excusa para no enrolarse a la Marina.

Con la ayuda de aquel tipo al que le habían dado una katana, la situación parecía haberse tranquilizado, así que por fin Samael pudo descansar un rato. Se sentía agotado: Las piernas le temblaban, los brazos le pesaban y a veces, incluso le costaba algo respirar. Tenía el cuerpo empapado en sudor y la camisa estaba ya completamente pegada a él. Prácticamente, eran un solo ser. Cuando por fin tomó el plato con aquel extraño guiso que había traído la cocinera, ella apareció y le entregó una carta sellada con un corazón. La cara de Samael al leerla fue un poema. Un auténtico problema para él, que no esperaba algo así. No recordaba quién siquiera era el padre de aquella chica, pero al parecer no tenía elección. -¿Así que ahora eres algo así como mi criada? ¿O sería más correcto una esclava? – Comentó el muchacho con una sonrisa pícara. – No te preocupes, solo bromeo. – Volvió a sonreír, aunque quizás no bromeaba. – Aunque me gustaría que me explicases varias cosas. No recuerdo quién era tu padre. He atendido a muchas personas, es imposible que los recuerde a todos. – Comentó el muchacho mientras se llevaba un caracol a la boca. – Muy ricos los caracoles, por cierto. – Interrumpió él mismo su propia frase para hacer aquello. – También querría saber qué opinas tú de todo esto. ¿De verdad crees que sería bueno para ti estar a mi lado?- Preguntó el joven, intentando dar algo de miedo a la joven para que se echase para atrás y buscase algo que hacer o algún lugar al que ir. – Eso sí, no creo que te aburras si estás conmigo. Pero no esperes palmaditas en la espalda por cualquier cosa. De verdad, no entiendo todo esto, pero si me quieres servir es tú problema. Decide.- Sentenció dirigiéndose de nuevo hacia su plato, sorbiendo con educación el caldo de su plato y pidiendo más entregándole el plato a la joven.
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Re: ¿No les apetece vestir de Azul? [Iohn-Samael-Freiser]

Mensaje por Narrador el Jue Nov 02, 2017 8:16 pm

La propuesta había sido hecha y de la misma manera había sido rechazada en las tres oportunidades, por lo que no era de extrañarse que la cara seria de Lovelace o el gesto exageradamente femenino de Roxi se deformaban en una mirada de desilusión. Ellos no eran ciegos ni estúpidos y conocían el peso y la fama de ser marines, pero lo que hacían, al igual que lo hicieron los invitados, lo hacían por sus motivos personales, por la gente, por el progreso y no necesariamente por un líder dictatorial. Como fuera, no se opusieron en lo más mínimo a la partida de dos de los tres invitados, y en cuanto Iohn intentó devolver la espada, Lovelace se negó a recibirla, cruzándose de brazos. -Mientras la uses para matar monstruos y no personas, es tuya. -Fue todo lo que dijo el serio marine mientras que los guerreros, samurai y usuario, pasaban a su lado para salir de la habitación.

Roxi quería, de verdad quería salir persiguiendo a su amado Freiser, pero sabía bien que su destino era casarse con un buen hombre de la marina y al parecer no sería su amado pequeñín, por lo que usando toda su fuerza para no llorar, le dio la espalda a su exnovio mientras se iba junto al samurai. La vida era muy dura, peligrosa y nefasta, y la sola idea de que su querido prometido resultara dañado le achicaba el corazón muchas veces. Dio media vuelta y con el soru, no tardó en pararse delante de Freiser, ofreciéndole, con lágrimas en los ojos un regalo, lo que parecía ser un delgado chaleco elaborado de un extraño material. -Esto te protegerá de las balas, amor mío. -Dijo antes de usar el soru nuevamente y desaparecer.

Lovelace se dio media vuelta y salió del lugar, su tropa lo esperaba y con un grito, todos comenzaron a marchar mientras se alejaban con las malas noticias. Respecto a Roxi, nadie sabía a donde se había ido, pero probablemente a su alcoba a llorar mientras se calmaba con los nuevos éxitos de Pxndxmxn. Pero Samael seguía allí, hablando con la cocinera que no hacía más que mirarlo con las mejillas ruborizadas y el ceño fruncido, como si fuera una especie de animal venenoso suficientemente colorido para atraer su atención. Hablaba, hablaba y hablaba, movía sus hermosos labios tan solo para decir tonterías, como si fuera un dulce y encantador niño que no sabía hablar correctamente. ¡Era tan molesto! Margo nada dijo hasta que él no hubo terminado, y sin que pudiera evitarlo, por estar precisamente ocupado con la comida y la charla, le aplicó una potente palmada en la parte trasera de la cabeza que retumbó en todo el lugar, causando que los enfermos se pasmaran, sorprendidos y aguantando la risa.

Eres perfecto cuando cierras la boca. Procura mantenerte así. Yo hago lo que quiero, y si quiero ir contigo, iré. -Su voz era encantadora, como música, una cantante nata que había sido por cosas del destino, relegada a la cocina, donde demostraba una maestría igual de asombrosa. Sus ojos brillaban con la intensidad del amor y jugaba con sus dedos como una niña enamorada, pero su boca torcida levemente hacia abajo y el ceño fruncido demostraban que ella, cuando menos, tenía un carácter lo suficientemente fuerte para mantener su postura aún cuando Samael era, en resumidas cuentas, el hombre más atractivo del mundo.

De alguna manera pareció que el médico iba a quejarse o decir algo, y sin dudarlo ni un instante, Margo levantó la mano para azotarle la nuca nuevamente, pero de la nada un misterioso y calmado silbido inundó la habitación. Un ave de extraños plumajes rosas, tan alta para llegar a la rodilla y tan encantadora para captar la atención de todos, se dispuso en medio de la pareja para hacer un baile que simplemente dejó a todos con una sonrisa. Y a Margo, con la cara más colorada que un tomate. Ella se giró de inmediato dándole la espalda a Samael mientras el ave seguía bailando para el joven.


Es un Loretto del Shinsekai, nunca había visto uno... -COmentó uno de los pocos pacientes que quedaban. ¡Es el armonía isleña! Dicen que se le aparece a las parejas para bendecir su amor. ¡Enhorabuena Margo! -Exclamó otro felicitando a la cocinera que no dudó en dormirlo de un golpe. El animal terminó su baile y se subió a la cabeza de Samael, donde se sentó como si fuera la cosa más natural del mundo. ¡Vaya situación!


Off:
Iohn, Freiser, Samael, ya pueden abandonar el tema.

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Re: ¿No les apetece vestir de Azul? [Iohn-Samael-Freiser]

Mensaje por Samael el Vie Nov 03, 2017 10:48 am

Aunque Samael había intentado ser correcto en todo momento con las personas que allí le habían hablado y ofrecido diversas cosas, no pareció lograr que todo discurriese por el cauce que él quería. Por una parte, los Marines se convencieron en cierta medida de que no todo el mundo estaba hecho para ser como ellos, por lo que no pusieron pega alguna a las palabras de los que allí habían negado el ingreso a sus filas. Quizás, ninguno de ellos debería haber rechazado aquella jugosa oferta, pero a nadie le pareció convencer. Todos tenían sus motivos y los dejaron bien claros. Todos menos Samael, que realmente no estaba de acuerdo con varios asuntos y se excusó con lo primero que le pasó por la cabeza.

Al menos, esa batalla estaba ganada. La de Margo, por el contrario, parecía más que perdida. No pareció querer responder a todo lo que Samael preguntó, ya que se limitó a darle una severa colleja que resonó por toda la estancia. En un primer momento, el joven se quedó quieto, con los ojos abiertos como platos frente a su cuenco de comida. Por pocos milímetros no había acabado con una concha de caracol en un ojo. Sintió la sangre hervir dentro de sus venas, pero súbitamente, reaccionó. Dejó el plato en el suelo y se puso en pie. Miró a los ojos de la cocinera y sonrió. Alargó una mano y agarró a Margo por los cabellos de la nuca. – Está bien, me gustas. Hay que tener valor para pegar a un desconocido así sin saber cómo se lo va a tomar. – Respondió el médico mientras jadeaba y esperaba otro guantazo de la mujer. Sin embargo, una extraña ave hizo acto de presencia. Comenzó a bailar y se puso sobre la cabeza de Samael. Este la intentó espantar con su brazo, el mismo con el que acababa de sujetar el cabello de la cocinera. - ¿Sabes cocinar pollo rosa? – Comentó algo desagradado, ya que entendió bien lo que significaba aquél ave en aquellos momentos. Primero fue aquella carta extraña, después aquella chica sonrojándose y golpeándole y ahora un ave del amor. Aquellos sentimientos que no entraban en el diccionario de Samael parecían querer inundar la sala, por lo que se vio obligado a hacerlos esfumar. – Estoy cansado doctor, me marcho a casa. Quiero ducharme y dormir un poco. Este día ha sido… curioso.- Matizó mientras agarraba por un brazo a Margo. – Yo me voy  de aquí. Si quieres venir conmigo, nos vamos ya. – Matizó Samael mientras enfilaba la puerta. Realmente estaba cansado y quería marcharse de allí, pero sobre todo, quería hablar con Margo y saber qué demonios quería. Necesitaba saber de qué iba todo aquel juego, pero no estaba dispuesto a seguir recibiendo golpes, de modo que tendría que prevenirlos si quería poder intercambiar palabras con ella. Era curioso, ya que su fuerza era notoria pero su voz aterciopelada indicaba que no podía ser tan fuerte. Era una persona extrañamente curiosa, por lo que Samael esgrimió una sonrisa mientras abría la puerta de la consulta.


Spoiler:
·Con el permiso del narrador, me marcho con Margo.
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Re: ¿No les apetece vestir de Azul? [Iohn-Samael-Freiser]

Mensaje por Invitado el Jue Nov 09, 2017 2:44 pm

observe el chaleco, negro pesado con refuerzo.

Alguien a estado muy entretenido trabajando este chaleco, y cada uno de sus detalles, espero que salga bien la sangre de esta tela.

Salgo de la habitacion, apoyado sobre la funda de la espada, pensando por que aquella mujer, que casi me habia matado me estaba dando pena.


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Re: ¿No les apetece vestir de Azul? [Iohn-Samael-Freiser]

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