Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
Hermanos

Elite
¿Quién está en línea?
En total hay 1 usuario en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 1 Invitado

Ninguno

[ Ver toda la lista ]


La mayor cantidad de usuarios en línea fue 22 el Dom Oct 22, 2017 12:09 pm.
Admin
Web Master - MP - Perfil
Da Boss
Matthias Lehner
Administrador - MP - Perfil
Bloody Monk
Nerelas Graywords
Administrador - MP - Perfil
Er Pescao
Kensei Komikado
Administrador - MP - Perfil
The Judge
Cassandra Tosakuno
Diseñadora - MP - Perfil
Black Domina
Créditos.

Un lugar que no pienso recordar (Fic pasado)

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Un lugar que no pienso recordar (Fic pasado)

Mensaje por Fisher fang el Lun Oct 30, 2017 1:48 pm

El invierno estaba por terminar, pero el frio, como siempre, parecía implacable, envuelto en una capa de viaje y con un sobrero de alas anchas que debía sacudir continuamente pues se llenaba de nieve. me hacía lucir como un viejo vagabundo, pero al menos me daba calor.


-Ya estamos viejos para esto–


No tardé en llegar a un pueblecillo que parecía encantado, cubierto de nieve como si se tratara de un modelo encerrado en una esfera de cristal. Pero no parecía amigable ni acogedor, sino al contrario, no vi ni una sola ventana abierta, la gente parecía esconderse a mi paso aunque sin duda muchos me espiaban a escondidas. A lo lejos se podía ver recortada una titánica silueta, como salido de entre una bruma y rodeada por el velo que le dama la nieve y el frio pude ver el castillo…


Me detuve en una posada, donde mis huesos crujieron .Entré en aquella vieja hostería, donde me envolvió la calidez de un fuego cercano. El lugar, sin embargo, estaba casi vacío.

-Bienvenido –

saludó el posadero, un anciano delgado y de rostro amable.
-Bendiciones y saludos –

dije con mi ronca voz

-una cerveza y algo cálido de comer por favor.-

Me deshice de la capa antes de sentarme cerca del fuego y noté claramente como el anciano sonreía al verme. Iba yo vestido de negro, desde el sombrero hasta las botas, pero sobresalía el brillo la espada que colgaba también a mi espalda.
-Un pirata –


comentó el posadero al servirme de comer

-, tiene con qué pagar, me imagino.


-Desde luego-


dije casi ofendido

- he ahorrado suficiente para pagarme al menos una cena decente-


No pretendía ofenderlo –

se disculpó con una risa asmática


-, pero es el segundo pirata que veo hoy, y el primero no tenía ni en que caerse muerto… es curioso, en más de 70 años no vi más de diez piratas pasar y por aquí y esta noche tengo dos bajo mi techo.


-¿Otro pirata? –

me interesé profundamente de que hubiera otro hermano en aquél sitio.


-Llego en la mañana, al principio creí que era un vago… “dame de comer”, me dijo. “No tengo dinero ni con que pagarte, pero cortare tu leña y encenderé tu fuego”, y de verdad trabajó muy bien, aún está trabajando ahí fuera… lo que me recuerda que aún le debo la cena.

El viejo desapareció en su cocina y me dejó solo con mi cena y mis pensamientos. Probé una sopa salada, un pan duro y bebí una de las cervezas más amargas que había degustado mientras observaba las llamas arder y me preguntaba qué haría otro pirata en una tierra olvidada de la mano de dios… Me levanté al fin y caminé hacia la puerta trasera de la posada, donde escuchaba claramente el “crack” de la madera siendo cortada.

Afuera había tanta leña como para durar meses, pequeños troncos cilíndricos apilados en una montaña, del otro lado estaba una cantidad casi igual cortada por la mitad. En medio se encontraba no un hombre sino una mujer, una muchacha con un hacha en las manos. Creí que la nieve la tenía totalmente cubierta en cabeza y hombros, pero al acercarme me percaté que sus cabellos eran claros de un color violeta tenue, tan claros como la misma nieve que caía del cielo. Iba envuelta en un abrigo largo pero se notaba su delgadez acentuada por su altura natural. Estaba de espaldas a mí, tomaba un tronco de la primera pila, levantaba el hacha y lo cortaba de un tajo y arrojaba los restos a la segunda pila. No escapó a mi veterana mirada la forma en que bajaba el hacha, casi como si decapitara a un condenado hombre.


Busqué un lugar para sentárme en una roca cercana. Nada más al sentarme la joven volteó a mirarme rápidamente, con recelo, sosteniendo el hacha con una mano y levando la otra hacia su espalda como si en un solo movimiento espararia en despojarse de la gabardina, pero el gesto murió muy pronto al verme (quizás esperaba a alguien más…), me dije sonriendo al notar su ademán, eso tampoco era algo que acostumbra a hacer .


Nos miramos durante un momento en silencio, yo intentaba permanecer sereno, mientras que la chica me examinaba con seriedad. Desconfiando de mí, . Luego continuó cortando la leña.
-Largos días y placenteras noches, hermana –dije al fin rompiendo el silencio con un viejo saludo en desuso dentre piratas. Se detuvo entonces y una vez más me miró, aunque ya no con tanto recelo.
-Y que veas el doble –me contestó de la forma protocolaria asintiendo una sola vez con la cabeza.
-Me llamo Fisher Fang –

-...Ericka Hell –apenas dijo, regresando a su tarea.

Arqué las cejas aunque sin sorprenderme demasiado cuando escuché su nombre. Solo conocía a una familia de piratas que se dedicaban a ser cazadores de piratas con ese apellido, y si mal no recordaba la hija verdadera de la familia había muerto cuando niña, estaba frente a mí la hija adoptiva … No, quizás pensó , pero no podía afirmar que en verdad esta chica se trataba de un reemplazo. No le pregunté por no ofenderla, si tenía el carácter no conseguiría nada con enfadarle.

-Ericka –pronuncié sin falso respeto, -, ¿por qué estas cortando leña para pagar comida?
-Porque tengo hambre –se limitó a contestar, y no pude reír un poco con aquello.
-¿Tan mal ha ido el trabajo?
-Muy mal… -susurró

Entonces detuvo el hacha por fin y me prestó atención de verdad mirando a mis ojos. El silencio se prolongó unos segundos mientras intentábamos adivinar nuestros pensamientos, para bien o para mal yo triunfé primero en esto.
-Oh, ya veo… -contesté sin apartar mi mirada, mi una habilidad de adivinar estaba ya gastándose, pero aún era capaz de leer algunas cosas-, ¿Qué paso Ericka, que paso en el castillo?


Ella bajó la cabeza y suspiró. Pude ver claramente como el miedo y la tristeza lo envolvían, un aura de melancolía se había apoderado de ella y tardaría mucho tiempo en apartarse. Pero al fin y al cabo era un ser humano, y sus siguientes palabras me lo recordaron claramente.
-Dame de comer, Fisher Fang–dijo con seriedad-, no quiero seguir cortando leña, paga mi cena y te contaré lo que quieres escuchar.

Sonreí y dejé escapar una risilla entre mis dientes afilados
-Que me place –le contesté.

Comió como si no lo hubiera hecho antes, echaba mano de pan y pollo y cuchareaba la salada sopa sin parar. Hablaba con la boca llena y tan solo se detenía para tomar más de la leche de cabra que el anciano nos vendió como si fuera vino de cien años. Escuché su relato sin decir nada.



Entonces escuchamos un grito a lo lejos y el sonido parecido a algo que caía pesadamente. Risas lúgubres y bramidos llenaron el aire ya mancillado por la historia del muchacho. Uno de los cristales congelados se rompió y el terrible frio comenzó a llenar la posada, fue cuando lo vi por primera vez. No era la clase de seres que estábamos acostumbrados a combatir, y si la historia de la muchacha era cierta tampoco habría bestias como esas en ningún otro lado (al menos eso esperaba). Los cazadores organizados los clasificaban como animales, pero aun esos conservaban una forma cercanamente humana… lo que entró por la ventana era prácticamente un monstruo, mitad hombre mitad animal.

Se arrojó contra nosotros en un instante, lanzando mesas y sillas por todas partes. Separé mis piernas y empujé al viejo a un lado para recibirlo (pues aunque no iba por mi estaba en su camino). Mis manos buscaron mi espada, pero antes sentí su aliento sobre mí.

Caí de espaldas sobre la mesa en que había estado comiendo la chica y sujeté las garras de la criatura con mis manos apenas deteniéndola con lo que me quedaba de fuerzas. Mi pie empujaba su pecho para evitar que me clavara esos colmillos como puñales. La fuerza eventualmente me fallaría y estaría a su merced. La criatura rugía y babeaba manchándome las ropas, yo forcejeaba sin poder soltar más que quejidos por el esfuerzo. Sus ojos me hablaban de odio, de hambre y de inconciencia, se relamía sin parar e intentaba amedrentarme con sus bramidos (y juro que por momentos lo lograba).

¡Bang! Sonó un relámpago cercano y la expresión de mi enemigo se congeló, hilos de sangre cayeron de sus ojos y las comisuras de su boca, su fuerza se había desvanecido. Empujé al monstruo, que permaneció parado como hipnotizado. ¡Bang, bang, bang! una y otra vez, la criatura se tambaleó mientras su cuerpo se llenaba de agujeros y al final cayó al suelo. ¿Que habia sido eso? Sono como si se tratara de disparos.


Ericka llevaba una pistola en sus manos,. Me incorporé al tiempo que mis ojos pasaron de la muchacha. Su cara mostraba odio y miedo al mismo tiempo, apretaba los dientes casi tan fuerte como los puños, sus ojos crispaban y era terrible mirarla en ese momento. De fondo tan solo teníamos los sollozos del anciano y el aire frio que silbaba entrando por la ventana. Poco a poco los gritos y se hacían peores y el brillo de un incendio cercano nos avisaban que los problemas apenas comenzaban.


De pronto se escuchó fuera una voz, como cientos de agujas clavándose en nuestros corazones, un grito que no podía pertenecer a ningún ser racional.
-¡Ericka! –Se escuchaba por encima de cualquier otro ruido-, ¡no podrás escapar esta vez cobarde, vine por lo que es mío!


Guardamos silencio un momento, miré a la muchacha y noté una mirada de resignación en ella. Presionó sus puños nuevamente, los afloho y los volvio a presionar escuchandose un crujido, definitivamente necesitaríamos algo así.
-No tienes que ir –mentí mientras le veía caminar hacia la salida.
-¡Claro que tiene que! –Interrumpió el viejo, al que casi habíamos olvidado-, ¡la gente muere ahí fuera, salga y haga su trabajo si es un hombre!... em... mujer!

Ericka sonrió de medio labio y ahora fui yo quien suspiró. Estábamos acostumbrados demasiado a la gratitud de la gente como para sorprendernos…
-No deben ser más de dos, Brauner es el importante –dijo la chica-, Fisher, ¿puedes ocuparte del resto?
-Que me place –asentí, no sería la primera vez que sería “pareja de baile” no sería la última seguramente.

Salimos al frio, la chica delante y yo detrás, envuelto en mi capa y con el sombrero bien calado, mis manos sobre mi espada, y vimos de frente lo que quedaba de la terrible prole virulenta del castillo…

avatar
Fisher fang
Pirata Conocido
Pirata Conocido

Mensajes : 24
Fecha de inscripción : 09/09/2017

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.