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(Pasado) (Privado) Música, vino y marines... ¿Qué puede salir mal?

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(Pasado) (Privado) Música, vino y marines... ¿Qué puede salir mal?

Mensaje por Tsuyoi Kikku el Jue Oct 12, 2017 11:11 am

Era mi primera misión como Marine, ni siquiera había concluido mi instrucción, pero por alguna razón me habían pedido como parte de una comitiva. No acababa de entender el por qué, pero el simple hecho de poder saltarme un par de sesiones de entrenamiento eran razón suficiente. Al fin y al cabo, la instrucción médica resultaba de lo más aburrida, y si le añadías el hecho de que hacía meses que no navegaba ni sentía el mar bajo mis pies, pues no había que pensar mucho. “A caballo regalado…” como decía siempre mi padre. Y además, una misión podía significar problemas. Y problemas significa pelea. Y yo siempre me apunto a lo que sea si hay la posibilidad de pelea.

Las características de la misión eran algo crípticas, tampoco es que las fueran a compartir con una novata como yo, pero hubiera agradecido saber más de lo que debíamos hacer. Durante el viaje había tratado de interrogar al resto de marineros sobre qué íbamos a hacer y no había sacado nada en claro. Unos aseguraban que debíamos escoltar a algún noble, otros que nos mandaban a una misión super-secreta, y había incluso algún pirado que aseguraba que nos enviaban a Mariejois para que los Dragones Celestiales nos convirtieran en sus esclavos. Y preguntarles a los oficiales había demostrado ser aún más inútil, pues ni siquiera tuvieron la consideración de inventarse una mentira. “No es de tu incumbencia” fue la respuesta que saqué en claro.

Por lo que desembarqué en la isla más bien confundida. Emocionada, pero confundida. Desembarcamos en Micqueot, alejados de las principales ciudades de la isla, en una especie de puerto comercial. Pese a ser pequeño y estar recluido en una especie de cala, había media docena de barcos más fondeando, ondeando banderas tanto de la Marina como del Gobierno Mundial. Los demás navíos que había allí, de menor envergadura, parecían pertenecer a las grandes bodegas. “¿Qué pintan tantos barcos de la Marina en esta isla?” me pregunté, mientras descargábamos las cajas que había en la bodega.

No fue hasta un par de horas más tarde, cuando ya terminábamos de almacenar la carga del barco cuando los vi. Gente, parecían isleños y de aspecto algo demacrado, que ayudaban a cargar boticas de vino a las pequeñas naves comerciales del puerto. Lo que me llamó la atención, pero, era el hecho de que estaban siendo escoltados por marines, y por el aspecto no era por protección. Así que acerqué hacia esa hilera, con la intención de saber qué demonios hacía allí, cuando un grito proveniente de la isla desgarró el cielo. Todos los que estábamos en el puerto nos quedamos paralizados, mirando como idiotas el pequeño bosque que cercaba aquella cala, pensando en lo más obvio… “¿Qué leches ha sido eso?

OFF-ROL:
Sigo la idea planteada por el Fic de Quincey sobre la isla.
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Re: (Pasado) (Privado) Música, vino y marines... ¿Qué puede salir mal?

Mensaje por Matthias Lehner el Jue Oct 12, 2017 12:29 pm

¿Cuanto había desde ese pedazo de tierra hasta la ciudad más cercana? Aparentemente más de lo que las indicaciones de navegantes ebrios le había augurado en su aventura en solitario. Matthias era un afamado músico desde hace años, conocido principalmente en las tabernas y entre criminales o civiles que no aportaban mucho a la sociedad pero sí a sus bolsillos. La marina le conocía por esa costumbre de armar conciertos públicos y su poca resistencia a recibir o pagar las multas que se le adjudicaban por este tipo de eventos, por lo que, aunque el sentimiento general fuera de desprecio, todos sacaban un trozo de pastel de sus conciertos callejeros. Y por eso no había ido a prisión, y por eso nadie cuidaba la espalda, y por eso viajaba completamente solo cada que podía hacerlo. Amaba a las mujeres, mientras más, mejor. Pero la realidad es que viajar solo le era propicio para su música y para sentirse completamente libre, tanto de la sociedad como de cualquier tipo de inhibiciones.

Ahora visualizaba tierra firme en la lejanía y reconocía desde allá los candelabros púrpura de una taberna que siempre le recibía como se merecía, por lo que identificar que estaba llegando a Micqueot fue, para un hombre a la deriva como él, sumamente sencillo y gratificante. La brisa corría y cuando la ola se alzó, el músico se dispuso sobre su pequeño bote para tomarla como sabía hacerlo, recordando sus días de surfista. Encendió su amplificador portatil y mientras se acercaba a la costa comenzó a tocar como solía hacerlo con cada llegada a una isla nueva... La entrada era de lo más importante.

Surcaba las olas mientras la música inundaba los alrededores y para cuando el solo estaba en su punto más energético, la enorme masa de agua lo envió con fuerza en un desliz único hasta la isla, donde su bote quedó encajado y sobre la cual se paró a terminar su concierto personal. Habían muchos allí pasmados que luego se fijaron en el pelirrojo y expresaron los rostros más variados. Unos sonreían ante la energética forma en que llegaba, otros notaban cierta esperanza y algunos solo refunfuñaban por volverse a topar con este viajero vagabundo, sin embargo el alto hombre no hizo caso a nada de esto y culminó su canción hasta que fue recibido con algunos aplausos de ciertos aldeanos que venían corriendo de los bares, primero atraídos por el grito y luego por la música fácilmente identificable del gallardo viajero. Matt agradeció a los presentes con una reverencia mientras guardaba su instrumento, sin embargo la visión que tuvo al mover sus ojos le ensimismó un momento antes de poder emitir un Silbido muy claro y volver a tomar su guitarra entre manos.


Sexy, largas piernas, hermosa silueta. Matt comenzó a tocar su guitarra y acercándose a la marine le guiño un ojo. -¿Piropear a una oficial es un delito? Si es así, puede arrestarme de inmediato, guapa. - Y una encantadora sonrisa armonizó el concierto privado.


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Re: (Pasado) (Privado) Música, vino y marines... ¿Qué puede salir mal?

Mensaje por Invitado el Jue Oct 12, 2017 6:03 pm

Hija de la cacofonía.

Me lo había dicho alguna vez un poeta, pero nunca lo llegué a entender del todo, a pesar de ser una especie  de halago no dudé en abofetearlo mientras iba rumbo al puerto. Quizás era la proliferación de ebrios en Miqueot y el hecho que el vino tuviera un poder completamente especial para poder inspirar rimas  y letras de lo más absurdas y otras veces acertadas pero el caso era que muchas veces los piropos mal hechos realmente destruían la imagen de cualquier hombre que intentara hacerlo sin realmente saber cómo. Y bueno sí, era verdad que el vino era bueno, si había algo en lo que Miqueot destacara sin duda alguna sería en la calidad de su vino. A modo de interes alguna vez leí algo sobre que la causa de ello era la tierra, y por una consecuencia natural, las uvas eran las que tenían la clave. En ese mismo artículo, se rebatía tal argumento al mencionar que dentro de la isla había uvas de un horrendo sabor, por lo que la mano del especialista vitivinícola era la clave… En fin, lo hacía una cuando tenía tiempo de sobra.

Y es que al principio de mi llegada a Miqueot todo había sido fiesta y tal, pero como suele suceder, el hype es momentáneo así también como la estámina y resistencia a la fiesta. En aquellos momentos en una isla que veneraba al vino, la única pieza de literatura decente del lugar precisamente se relacionaba al vino, y bueno, de ahí la razón de mi conocimiento un poco más profundo de aquel arte. Pero en fin, volviendo al tema principal, mi trayecto hacia el puerto, y es que como dice la canción, todo tiene su final y en efecto era el final de mi estancia de turista en aquella isla, había sido bueno mientras duró. Al haber pasado a todos los borrachos de piropos estúpidos –hecho que por cierto me había puesto de mal humor-  ya estaba cerca bastante cerca del puerto cuando noté algo extraño. Y es que lo normal –vamos, según yo- era la llegada de barco mercantes y de comercio en general, pero nunca con banderas marine o del gobierno mundial.

Por alguna razón sentí cierto desazón, llamémosle intuición femenina. Podía no ser nada, pero una nunca sabía. Normalmente solo se tenía que esperar en el puerto el tiempo suficiente hasta que llegara un barco de pasajeros para luego poder subirse en este en el trayecto de vuelta. Ese era el plan, nada demasiado complicado. Me acerqué más con eso en mente cuando vi a mucha gente cargar cosas hacia una especie de almacén y bueno, no se veían felices al respecto. Quizás habían encontrado una manera en que los ebrios paguen tiempo de cárcel con trabajo forzado lo que en realidad me parecía mucho más útil, pero bueno, no estaba segura de ello. Caminando por allí vi a una chica con uniforme marine con un hombre que precisamente lanzaba el piropo más cliché del universo. Hombres sin creatividad estaban en todas las islas de todos los blues.  No esperé mucho la respuesta de la chica para poder preguntarle lo que quería saber, quizás hasta me lo agradecería.

-Disculpa, quiero viajar hacia otra isla ¿Por casualidad han visto algún barco de transporte irse recientemente-
pregunté curiosa y sonriendo políticamente. Si es que la respuesta era no, aún podía esperar un poco, pero si ya se había ido, pues bueno, eso, estaba jodida y tocaría esperar un tiempo aun más largo o regresar al siguiente día. Aun no me decidía y quedaba que alguno de los dos me respondiese. Teniendolos más cerca, no sabía si me podían ayudar, no tenían la típica pinta de habitante de Miqueot, no apestaban a vino ni traían una botella en la mano o un sacacorchos colgado del cuello a modo de collar. Así que eso, esperar respuesta para poder decidir.

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Re: (Pasado) (Privado) Música, vino y marines... ¿Qué puede salir mal?

Mensaje por Tsuyoi Kikku el Vie Oct 13, 2017 6:25 am

El grito vino seguido de una melodía impactante. Era estridente y alocada, pero maravillosamente interpretada, y mi cuerpo pareció reaccionar a la música. Durante unos instantes, me dejé llevar por las notas, ignorando los rostros de cansancio y falta de sueño de los isleños cargando las cajas. Cuando vi al músico llegar al puerto en una pequeña barca, salí de mi ensimismamiento, y fijé mi atención en ese enorme cantante. Mientras mis compañeros volvían a sus asuntos después de quedarse estupefactos por la entrada del pelirrojo, yo me volví a dirigir hacia la hilera de hombres cuando me vi interrumpida por la pastosa y predecible frase del músico: “¿Piropear a una oficial es un delito? Si es así, puede arrestarme de inmediato, guapa.”, dijo, mostrando una sonrisa seductora. En una situación diferente quizás le habría seguido el juego, para ver donde nos llevaba la conversación, pero mi curiosidad con respecto a los barcos que poblaban el puerto me reclamaba con mayor intensidad, por lo que empecé a excusarme, mostrando una sonrisa pícara: “Si solo tuviera mis esposas, quizás lo haría. Pero…” No pude terminar la frase, pues una chica, que parecía de mi edad, se nos acercó a ambos.

Disculpa, quiero viajar hacia otra isla ¿Por casualidad han visto algún barco de transporte irse recientemente?” nos dijo, inquisitiva. Su pregunta parecía cargar con algún tipo de preocupación, pese a que trataba de evitar mostrarla. “Me temo que no tengo ni idea, acabo de llegar… ¿Pero por qué se quiere ir de la isla? Creía que era un oasis” la respondí, tratando de conseguir información sobre lo que ocurría en la isla. Si ella llevaba tiempo allí, quizás le consiguiera sonsacar algo.
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Re: (Pasado) (Privado) Música, vino y marines... ¿Qué puede salir mal?

Mensaje por Matthias Lehner el Sáb Oct 14, 2017 12:30 pm

¿¡Qué demonios sucedía en esa isla para que semejantes especímenes llegaran a la vez!? Matthias sabía de todo un poco, conocía los rumores, los chismes y las leyendas e historias contadas en cada taberna, por lo que estaba seguro de que si hubiera habido un concurso de bellezas en Micqueot, él se habría enterado de inmediato, al fin y al cabo, comerciar con música era comerciar con fama, eventos e información y en eso, Matt era virtualmente rico.

Como fuera, aquella marine había respondido a su intervención y es que, aunque la línea no fuera la mejor, el pelirrojo no conquistaba nunca con sus frases o con esa reluciente sonrisa que cuidaba a menudo, sino que su música hablaba por si mismo y sus dedos, tan hábiles como lo eran, casi parecían sugerentes. Su altura, 3 metros y un poco más también era un factor a veces determinante en el asunto de un ligue, pero bastaba con que entonara alguna canción y, por lo general, conseguía bastante atención del público femenino. Contando con ello, continuaba tocando mientras la oficial le respondía con cierta coquetería, y cuando estaba por empezar una canción propia bastante famosa sobre una duquesa y su amante panadero (cargada de insinuaciones, chistes y un coro muy pegajoso) fue cuando hizo aparición otra hermosa, sensual, exuberante y jugosa mujer que hizo dudar a Matt sobre si en realidad estaba allí y no alucinando medio muerto en un bote a la deriva en medio del mar, arrastrado por alguna corriente. Detenerse a relatar lo hermosos de sus bustos o lo sensual de los labios sería perder el tiempo, y con la memoria fotográfica del pelirrojo ya podría recordarlas luego con detalle exacto.

Sin embargo, esa charla sí que le interesó...

¿No lo saben? -Musitó arqueando una ceja mientras continuaba con un muy leve solo de guitarra que armonizaba el ambiente más que protagonizar la situación. Contempló los ojos de ambas mujeres y sonrió disfrutando ser el centro de atención, y con su perfecta, armoniosa y encantadora voz, comenzó a narrar lo que sabía de aquella situación. - Para ti, criminales, potenciales amenazas y demás personas de mal haber han sido obligadas a trabajar en el viñedo de la marina como alternativa a la cárcel. Por lo tanto, todo está bien. -Dijo a la marine mientras le regalaba un guiño y se giraba para encarar ahora a la recién llegada de grandes senos. -Para tí, desconociendo si eres pirata, marine o una turista. Podría decirse que han tomado por la fuerza a civiles revoltosos para trabajar, o quizá podrías creer la versión que le dije a esta belleza aquí atrás. -Señaló a la marine con un gesto de su cabeza. -Lo cierto es que hay gente que está siendo forzada a trabajar y recientemente ha habido problemas con cierta pirata revoltosa... ¿Es correcta esta situación? ¿Es tiranía? Un buen músico sabe cantar ambar versiones sin involucrarse con ninguna... -Dicho esto, dejó de tocar su guitarra y procedió a guardarla con cuidado pero eficacia en su funda. Apagó el amplificador que colgaba de su cintura y con un rápido gesto besó la mano de ambas mujeres. Mi nombre es Matth...

¡MATTHIAS LEHNER!

Brutalmente interrumpido por un brutal hombre que provenía de entre la comitiva de fanáticos que se acercaban a la playa a ofrecerle licor, fiesta y calidez al pelirrojo. El hombre era alto, casi tanto como Matt pero lo suficientemente fornido para opacar al pelirrojo con su musculatura. El sujeto cogió al músico de la ropa y casi lo alza del suelo, aunque al afectado pareció no molestarle en lo más mínimo, al fin y al cabo, él sabía a qué venía todo ese escándalo. -¡Tienes la osadía de mostrar tu rostro por aquí! Infeliz... ¡Mis tres hijas, incluso las casadas! -El rostro del agresor se ponía colorado rememorando el asunto y rugiendo esperaba una excusa del pelirrojo que, sin perder la sonrisa, solamente se encogió de hombros. -¿Que puedo decir? Soy un hombre de familia. -Respondió ante la sorpresa de todos.

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Re: (Pasado) (Privado) Música, vino y marines... ¿Qué puede salir mal?

Mensaje por Tsuyoi Kikku el Sáb Oct 21, 2017 5:55 am

OFF ROL:
Avanzo tema pues el límite de 48h lo hemos pasado hace tiempo... Espero que Fram se reenganche cuando pueda

La interrupción de esa hermosa chica fue justo lo que necesité, al parecer. Mientras hablaba con el guitarrista, sus ágiles dedos siguieron tocando una melodía, que pese a que no nos conocíamos de nada, era como si la interpretara expresamente para mí. Era una melodía que me traía imágenes de la música que sonaba en mis oídos al pelear, un ritmo salvaje, violento pero harmonioso que me hacía perder la concentración nota a nota. Pero al llegar esa preciosa morena, con su tono preocupado e inocente, atrajo la atención del músico lo suficiente para que, después de que yo planteara mi pregunta, éste guardara su guitarra permitiendo que esa sensación de levitación que estaba sintiendo empezara a abandonar mi cuerpo.

La respuesta del guitarrista de 3 metros, hecho que tampoco había pasado desapercibido, fue sorprendente pero no creíble. Sí, mirando bien a esa fila de hombres que desfilaban entre el embarcadero y el almacén se podía ver que se trataban de prisioneros, pues su aspecto descuidado, incluso enfermizo, y la presencia militar eran bastante evidentes. Pero si realmente se tratara de trabajos forzados para librarse de una condena de prisión, ¿por qué parecían estar en peores condiciones que en una celda? ¿Por qué había chicos y chicas que parecían ser menores de edad? Esas preguntas me rondaban la cabeza, mientras que la morena que nos acompañaba parecía estar esperando una respuesta sobre los botes de pasajeros que abandonaban la isla. Al guitarrista ese asunto tampoco parecía darle demasiada importancia, pues sus ojos estaban claramente más centrados en los senos de la civil que en lo que sucedía en el puerto. ¿Por qué yo, que generalmente ignoraba aquello que no me afectaba personalmente, parecía ser la única a la que eso le parecía extraño?

Cuando el guitarrista se presentaba, al fin, un hombre de aspecto imponente apareció entre la multitud que se había agolpado a escuchar la música, con su cara roja de rabia y dando zancadas decididas hasta la improvisada reunión que estábamos montando. Identificó al músico como Matthias Lehner, un nombre que me sonaba de algún boletín  de la Marina, y le agarró del pescuezo mientras le acusaba, si entendía bien, de haberse acostado con todas sus hijas. El guitarrista no parecía sacarle demasiada importancia a todo aquello, pues en vez de tratar tranquilizar al hombre, hizo un nuevo comentario que probablemente lo envalentonaría aún más. Pero yo no podía permitir eso, pues si a Matthias lo enviaban al hospital, perdería la posible información que el músico itinerante tenía sobre la isla. Además, hasta ahora, el pelirrojo me había caído en gracia, y había poca gente que no me irritara. Carraspeé, atrayendo la atención a mi persona, pues al lado de Matthias debía pasar algo desapercibida, y le dije a ese hombre: “¿En serio se plantea pegarse con este hombre en mitad de la calle, a plena luz del día y en un puerto lleno de marines? ¿Es usted idiota o es que solamente busca una forma de que alguien le dé una patada en el culo?” fingí pensar unos segundos y añadí “Quizás eso es lo que le va. Cuero, látigos, fustas… Lo tengo todo en el barco, ¿sabe?” le pregunté, guiñándole el ojo. Si ese hombre buscaba pelea, al menos me había asegurado de que no pegara a Matthias, y si no era el caso y solo buscaba una forma de liberar tensión, la vergüenza de mi proposición delante de toda la gente que nos rodeaba le haría irse de allí sin más.
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Re: (Pasado) (Privado) Música, vino y marines... ¿Qué puede salir mal?

Mensaje por Matthias Lehner el Dom Oct 22, 2017 6:59 pm

Todo lo que necesitaba era una distracción, tan simple como eso para librarse de todo el problema que él mismo se había buscado. Pero ¿Era justa aquella declaración? Según recordaba, aquellas hermanas se había colado a su habitación, dos de ellas al menos para devorar al pelirrojo y él, siendo complaciente con sus fans como era, había decidido darles gusto. Con la tercera no recordaba muy bien, estaba muy ebrio y... ¡Al diablo! La memoria de Matt era una maldición y podía recordar claramente cada palabra, mirada o gemido. La borrachera jamás había sido una excusa, pero a él le habría gustado poder usarla alguna vez, aunque fuera solo una. De todos modos, seguía esperando la más mínima distracción para actuar, y aunque en esa playa no estaban los típicos gritos de ebrios, corchos voladores, vidrios rotos o algo que pudiera entretener por un segundo a su agresor, confiaba el músico que, de alguna manera, conseguiría salirse con la suya, como le era tan usual en su vida diaria. Y allí, como un ángel erótico, la marine hizo un comentario que le dió la oportunidad que buscaba.

La amenaza no había funcionado, pero el asunto de los látigos sí que había atraído la atención de ambos, agresor y agredido, pues el hombre, rojo de la furia y la vergüenza había apartado la vista, pero Matt, con su avanzado oído, detectaba la mentira en la voz de la marine, y esbozando una sonrisa por ver su oportunidad llegada, se llevó la mano a la nuca y con un tirón veloz, sacó su fiel pistola oculta, que le puso en el pecho al hombre. ¿Cúal era la razón de llamar "gente de color a un negro? Matt no lo sabía, pero ahora mismo el fortachón había pasado de blanco a rojo y de rojo a azul, con una palidez que solo anuncia la muerte. El músico le guiñó un ojo a su "suegro" y este entendió el mensaje por lo que le soltó, cayendo el señor sobre la arena antes de levantarse y entre maldiciones perderse en el camino al pueblo. Un suspiro de parte del músico, que no perdía su sonrisa, fue el único sonido que emitió mientras volvía a atar su pistola a ese invisible cable que colgaba de sus cabellos y que ocultaba el arma en su nuca, bajo la ropa.

Volvió los ojos a su salvadora y con una gran sonrisa se le acercó hasta estar a centímetros de su rostro, casi en un beso. -¿Lo de las esposas y látigos va en serio? Estoy algo interesado... -Dijo en el tono más seductor que pudo, ese que generalmente hacía empapar a las traviesas y desmayar a las mojigatas. Sin embargo las palmadas a su espalda y los festejos no se hicieron esperar, y aunque fruncía el ceño y empujaba a sus amigotes, parecía la turba estar más que dispuesta a aguantar maltrato con tal de llevarlo a una taberna y escucharle cantar toda la noche, como era costumbre. Matt no quería irse, no con ese par de bellezas en la playa, y menos cuando ambas parecían interesadas en su curiosa historia de los viñedos.

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Re: (Pasado) (Privado) Música, vino y marines... ¿Qué puede salir mal?

Mensaje por Tsuyoi Kikku el Jue Oct 26, 2017 8:46 am

Tras mi proposición deshonesta, el hombre que sostenía a Matthias se despistó un instante y el músico, aprovechando ese instante, hizo gala de una velocidad asombrosa para sacar una pistola de su nuca y apuntarle al pecho… “Lo que faltaba, que le pegue un tiro y me cargo yo el marrón” pensé, al fijarme en la sonrisa que se dibujó en el rostro del pelirrojo mientras el hombretón empalidecía. Por suerte, el miedo y la vergüenza consiguieron convencerle para que desistiera y se fuera con el rabo entre las piernas. El otro protagonista de esa escena se volvió hacía mí, mostrando una amplia sonrisa, y se acercó con aire seductor siguiéndome la broma que había hecho yo con los látigos. El tono, la dicción y la proximidad del pelirrojo reclamaron mi atención, llamándome a fijarme en sus labios, y mientras la turba se aproximaba emocionada, le seguí el flirteo colocando mi mejilla contra la suya… y susurrándole al oído “Si vieras lo que tengo en mi camarote… te temblarían hasta las rodillas, Matt…” en tono sugerente, y concluyendo con un suave pero sugestivo mordisco en esa oreja.

Si quería jugar al juego de la seducción, pretendía mostrarle que yo no era una campesina de pueblo a la que se le abren las piernas con una melodía… Que estaba con una igual. Pero su respuesta no llegó porque los habitantes de esa pequeña población empezaron a arrastrar al músico hacia la taberna más cercana, dejándonos a la morena y a mí atrás, mientras entonaban canciones que suponía le correspondían al pelirrojo. Si Matthias realmente quería disfrutar de un rato conmigo, ya se encargaría él de buscarme, pues yo quería primeramente descubrir qué ocurría en aquella isla. Así que mientras arrastraban al músico, le guiñé un ojo y le lancé un beso burlón antes de dar media vuelta y encararme de nuevo al puerto.

La hilera de hombres, mujeres, y según suponía yo, niños, habían acabado de cargar los navíos de las empresas vinícolas y empezaban a ser escoltados con los mismos soldados que antes los vigilaban, adentrándose en el pueblo hasta lo que parecían unos carros. Vigilando que mi oficial no me viera, me adentré entre las filas de Marines que hacían de custodia, esperando ver hasta donde los llevaban. Cuando estuve más cerca de aquella gente, pude ver aún más signos de enfermedad y cansancio en sus rostros: ojeras, los ojos vidriosos, manchas en la piel y algunos que tosían con intensidad. “Si este es el aspecto de alguien que hace trabajo forzado, prefiero la cárcel” pensé, mientras subíamos al carromato, que arrancó segundos después.

Continuó un camino pedregoso, en medio del bosque, durante unos minutos hasta que se detuvo en la zona de los viñedos. Los Marines que me acompañaban descendieron y escoltaron a esos hombres hasta unas grandes construcciones de madera que parecían prisiones, teniendo en cuenta la vigilancia que había. “Así que son presos… Esto tiene mucho más sentido”, reflexioné, mientras sopesaba las implicaciones morales de aquella situación… Sabía que en el mundo había esclavos y que muchos reinos en el Gobierno Mundial los veían de forma aceptable, incluso los Tenryuubito los compraban abiertamente, así que no sabía por qué esta situación en particular parecía afectarme más de lo que debería. ¿Era el simple hecho de haberlos visto que había revuelto mi corazón? ¿Tan sensiblera era?

Mientras me preguntaba esto, medio apartada al lado de uno de esos carros de transporte, una mano se posó en mi hombro, haciendo que me sobresaltara levemente.
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Re: (Pasado) (Privado) Música, vino y marines... ¿Qué puede salir mal?

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