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El resguardo del puerto [presente]

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Re: El resguardo del puerto [presente]

Mensaje por Iohn Kajiya el Vie Oct 20, 2017 5:47 am

De repente, el viento se detuvo, y en su lugar, el ruido de los Reyes del Mar llenó el puerto una vez más. El griterío de marines y civiles clamando ayuda, aquejándose del dolor de sus heridas y del miedo a las bestias que se estaban dando un festín, ocupó el lugar del silbar del vendaval, y a su vez, me permitió levantar la mirada por encima de aquel pequeño muro donde me había resguardado. Tal y como suponía, una estructura como la de la lonja no había sido derribada por el oleaje, por bien que fuera prácticamente el único edificio que quedaba en pie en esa parte de la ciudad. El problema era lo que me separaba de su entrada… Una docena de Reyes del Mar adentrándose en la ciudad con sus largos cuerpos, despedazando a todo aquel con el que se cruzaran, destruyendo todo lo demás a su paso, y, delante de la propia lonja, una bestia casi más grande que las demás con colmillos tan afilados que parecían ser capaz de cortar el metal, haciendo guardia del material explosivo que se escondía a su espalda.

Para llegar hasta allí debía sortear a los Reyes Marinos y para entrar a la lonja debía deshacerme de la sierpe que la custodiaba. No podía volver a usar la táctica que había intentado antes del oleaje, pues ya no contaba con la protección de los edificios ni la distracción que proveían los cañones de la Marina, y lo que era aún peor, cualquier depredador que viera a un objetivo móvil se dispondría a darle caza… Y sería la única persona que corría por ese puerto. Así que necesitaba modificar el plan. La distancia que me separaba de la lonja no debía superar los 300 metros, estimé, y esa era mi suerte. Me adentré en mi mente, despojándome de todo sentimiento, de cualquier pensamiento, de mi sensación de dolor y de mis preocupaciones, empujando fuera de la consciencia todo aquello que podía considerarse que me hacía humano… Solo dejando esa pequeña parte de mí que se centraba en la batalla, en su entorno.

Muttoryu: Kouuryou no shitatari


A medida que renunciaba a mi alma y traía a la superficie mi parte más primitiva, animal… Esa parte de mi mente que solo conocía el instinto de lucha, el análisis frío y desprovisto de emoción del entorno y de mi rival, pude ver como el mundo a mí alrededor se ralentizaba una vez más. Mi corazón y mi respiración, ambos acelerados por el cansancio, el miedo, preocupado por aquellos a quién mi instrucción como médico me llamaba a ayudar, se refrenaron, hasta volverse un leve susurro. Y entonces, cuando llegué a lo más profundo, arranqué a correr. Contaba con que los Reyes Marinos me siguieran al verme aparecer en el puerto, cruzándolo delante de sus narices, y que mi capacidad de concentración me permitiría cruzar ese trecho de terreno, ayudado por los escombros, sacando provecho de mi agilidad y velocidad, y plantarme delante de la lonja. En ese estado mi mente no pensaba, reaccionaba, no dudaba, actuaba. A cada paso que daba, veía más cerca mi objetivo. A cada obstáculo que evitaba, o que aprovechaba para esquivar un ataque de Rey del Mar, una zancada menos hasta la lonja. Mis instintos me gritaban que aquellas bestias estaban cayendo en la trampa, que me seguían con un instinto asesino que casi se podía palpar.

Hasta que me planté delante de la lonja y de esa sierpe que la custodiaba. El estado de concentración se hacía cada vez más difícil de mantener, pero debía aguantarlo solo un poco más. Subiendo, o casi más bien escalando, a la velocidad vertiginosa que me caracterizaba los restos de un buque que había ido a parar justo delante de ese almacén, mi consciencia volvió a la superficie, como una ola, permitiéndome ganar la capacidad de notar cada músculo de mi cuerpo, el crujido de la madera y lo más importante, la firmeza y fuerza con la que agarraba mi empuñadura. Para adentrarme en ese lugar sin perder un instante, debía tratar de deshacerme del Rey que lo protegía en el primer golpe, y sin contar con la ayuda de nadie más solo había una técnica que pudiera usar. El desgaste que me causaría, considerando mis heridas, sería grande… Pero era la única opción. Mi técnica más poderosa. Mi habilidad a su máximo nivel.

Así que salté desde lo más alto del mástil con la intención de acercarme a la bestia mientras caía del cielo, con el arma enfundada y frente a mí, fijándome en la reacción de ese monstruo. Su cabeza se lanzó como si de un disparo se tratara, abriendo esas fauces que podrían devorar una balandra de un solo bocado en mi dirección. Yo tensé los músculos, rebasando los límites que estos podían ofrecer, sintiendo el dolor recorrerme el cuerpo como un relámpago, y…


Ittoryu Iai: Hisui ryū Tsume

Ejecuté el movimiento concentrando todo su poder en un único punto, como era clave en el estilo del loto. El cuello del Rey del Mar, justo debajo de su mandíbula.
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Re: El resguardo del puerto [presente]

Mensaje por Invitado el Vie Oct 20, 2017 8:54 am

Todo era un caos, cada vez mas debil, las fuerzas desaparecian de mi cuerpo, veia el movimiento de la gente y que nadie hacia caso, me miraban como un delincuente por ser usuario.

Varios hombres me arrastraron retirandome el combate, parecia un refugio donde curar a los heridos, pero cada vez me costaba mas respirar.
Necesito quitarme esto, si sigo asi perderé hasta la fuerza para respirar, esa costilla puede haber perforado.

observaba la habitacion, y gente que iba y venia, al prestar mas atencion, vi a la famosa marine, que en tan gran apriento me habia puesto, estaba siendo tratada, no estaba demasiado lejos de mi. Comence a arrastrarme como malamente podia, hasta situarme delante del doctor que estaba con ella.

Doctor, necesito la llave que tiene esa mujer en el bolsillo, soy usuario Si, pero estoy aqui como voluntario obligado y no deseo morir, necesito su ayuda.

A todo esto intentando incorporarme sobre una mesa y señalando el pañuelo que nos habian dado.

Las piernas me temblaban, el brazo derecho aun siendo el dominante comenzaba a fallar, y el izquierdo habia perdido toda sus fuerzas.

Ayudame doctor o tendra que apuntar otro muerto a la lista de hoy.

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Re: El resguardo del puerto [presente]

Mensaje por Narrador el Sáb Oct 21, 2017 9:00 pm

Ya no había fuerza, ni potencia o peligrosidad en el marine que, herido y agobiado por el dolor hacía un esfuerzo titánico por ponerse de pie, y es que su juventud le había jugado en contra en aquella ocasión donde sus enemigos, si es que se le podía llamar de esa manera, demostraban ser más fuertes y experimentados en el arte del combate. Atkeronte se puso de pie y para nadie era un secreto que no debía hacerlo, o que su cuerpo estaba a punto de desplomarse en aquél mismo lugar para quedar completamente fuera de combate, pero ni aún así los piratas de altura desproporcionada mostraron el más mínimo signo de compasión, debilidad o preocupación por su similar. El respeto por el guerrero era siempre primero, y si el marine quería morir luchando, ellos le honrarían permitiéndoselo.

Su último ataque, consumido por el dolor, el cansancio y todos los factores que el marine tenía en contra fue arrojado casi que sin fuerza, pero con todas las ganas que podrían emitir sus músculos. Su cuerpo se fue hacia adelante e incluso comenzaba a caer, pero ambos puños, detenidos por los suaves guantes de Kúl terminaron por ser el sostén de Atkeronte, que no caía por ser sujetado por el boxeador.

Lentamente el pelinegro acercaría los puños del marine a su cara y los pondría suavemente sobre esta, uno en cada mejilla mientras le guiñaba el ojo a sus semejantes. Naiz captó de inmediato y con ambas manos se cubría la boca como un niño para reír en voz baja. Era pura complicidad entre gigantes. -¡Venga primo! ¡Kah! ¡Me has pegado! ¿Son diez puntos ya, Naiz? -Dijo con una sonrisa el boxeador a su amigo que asentía sin dejar de cubrirse la boca o reír. -¡Pues ya está! Lo conseguiste amiguito... Hasta aquí dura la pelea. -Y soltando al marine le dejó caer en el mar, pero atajó las olas con su propio cuerpo al sentarse, movimiento que fue imitado por Naiz de inmediato.  Antes que el marine perdiera la consciencia, pudo ver a los dos gigantes sentados en el mar, de brazos cruzados y regalándole una larga sonrisa. Quizá no les vería al despertar, pero sin duda entendería lo sucedido.


...


Como una pesada campana cayó, y rodando por el suelo estremeció las cercanías antes que siquiera su carmesí líquido vital se esparciera por doquier, y es que la cabeza del rey marino había sido cercenada de tal forma que la sangre no había tenido tiempo de salir en el proceso. Aquél movimiento había no solo acabado con la vida de la bestia, sino que había llevado al límite el cuerpo del samurai que, en breve, resentiría tremendamente todo aquél esfuerzo y estrés muscular. Sin embargo, algo llamaría su atención con una brusquedad increíble.

Un cuerno.

Un ruido como un silbido emitido desde un misterioso hombre a lo lejos, soplaba un cuerno dorado que, de inmediato, atrajo a todos los reyes de mar hacia él y luego al agua, como si se tratara del mismísimo flautista de hamelin llevándose la plaga y luego a los niños. Al cabo de un minuto, lo que quedaba del puerto se había librado completamente de los reyes de mar, e incluso el viento tempestuoso y las olas se habían calmado por completo. Ahora solo quedaban escombros, cadáveres y sangre manchando el suelo.

Piratas salieron del navío y comenzaron a reunir a los marines heridos y muertos en un montón, y acabada la labor, comenzaron a llevarse los cadáveres de los reyes marinos, por lo que finalmente llegaron donde estaba Iohn. -Ha matado a Big Bug... -Dijo uno con un gesto de sorpresa en su cara. -Era el más pequeño de la camada, el capitán se pondrá triste... -Dijo otro quitándose el sombrero en señal de respeto por la criatura. Y haciendo todos un gesto de reproche a Iohn, comenzaron a llevarse el cuerpo de la bestia.


...


Roxi no más hubo escuchado el veredicto del doctor y abrió los ojos de par en par levantándose del lugar. Sus lágrimas no paraban de fluir mientras estrechaba la mano del médico con gran fuerza repetidas veces. -Mil gracias doctor, me ha salvado la vida. -Dijo entre sollozos que eran compartidos por sus subordinados, todos alegres de encontrar la buena noticia de que su superior estaba como nueva, y es que, aunque fuera de conocimiento popular, a muchos se les olvidaba que los okamas eran más duros que el mismo acero y que pocas veces enfermaban o perdían un combate.

Tras agradecer con abrazos y estrechones de mano a Samael, Roxi volvió la vista a Freiser quien estaba sumamente debilitado y poniéndose las manos alrededor de la cara en clara preocupación, sacó las llaves de su busto y libró al muchacho de las esposas, pues, al notar la bandana de "Refuerzos temporales de la marina" había entendido el error cometido. Cargó a Freiser en sus grandes brazos y cubriéndolo de besos lo entregó a Samael para que lo inspeccionara. -Cúralo Doctor, es el chico más guapo que he visto y he decidido que me casaré con él. Cúralo, por favor. -Y dejándolo junto a Samael giró la vista ante el inesperado silbido de un cuerno que los marines muy bien conocían, y es que Charming, el domador monstruoso, había llegado al puerto.

Los reyes marinos retrocedieron, y Roxi, sin dar lugar a oportunidades salió del recinto y se arrojó en veloz carrera a enfrentar a tan temible pirata. Si algo quedaba claro es que ese okama no era un cobarde, y quizá por eso, todos su subordinados se preocupaban por él/ella.


Off:
Atkeronte: Narra tu último post y quedas K.O ¡Buen trabajo! Concluye tu participación en LogueWar.

Iohn: Charming ha llegado y se ha llevado a sus bestias. Aparentemente mataste a una importante, por lo que podría ir a disculparte o proseguir tu plan de explotar lo que queda de puerto.
Qué se yo xD

Freiser: Roxi te ha besado, liberado de la esposa y dejado en brazos de Samael. Salvo por hablar no puedes hacer mucho.

Samael: ¡Has curado a Roxi! Si, que no tenía nada, pero le has calmado. Los marines te miran con gran estima y tienes ahora la responsabilidad de curar al novio de la okama.

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Re: El resguardo del puerto [presente]

Mensaje por Iohn Kajiya el Dom Oct 22, 2017 4:23 pm

La espada emitió un leve sonido, casi como un susurro, al enfundarse después de ejecutar la técnica. La cabeza del Rey del Mar se desprendió, limpiamente, mientras su cuerpo inerte se desplomaba en el suelo delante de la lonja. A mi espalda, una decena de esas sierpes se acercaban, con los ojos fijos en su presa, es decir yo, cuando recuperé la marcha hacia la lonja. Desde la pierna derecha, debajo de la venda que llevaba siempre, subían temblores por la tensión a la que había sumido el músculo, del mismo modo que notaba ambos brazos agarrotados, rígidos casi, como si se hubieran petrificado en ese estado. “Esta técnica exige mucho al cuerpo… Aún no soy capaz de ejecutarla libremente” me dije, mientras abría las pesadas puertas de madera y acero que me dejaban paso a la munición que tanto ansiaba.

Mientras me adentraba en el lugar, podía escuchar el alboroto que causaban esos monstruos al arrollarse entre sí, tratando de alcanzarme, sus respiraciones agitadas con la excitación de la caza… hasta que un sonido agudo, casi imperceptible, llenó el puerto. A duras penas me había adentrado en ese edificio cuando un silencio como hacía horas que no escuchaba reinó en la ciudad. Por primera vez desde que había empezado la guerra, escuché griterío, disparos y explosiones lejanas, probablemente de un segundo campo de batalla. Salí de la lonja en guarda, preocupado y sorprendido por la persona o ejército que había conseguido derrotar a esas bestias, pero mi asombro fue mucho mayor al descubrir la verdad. El primer buque de los piratas estaba alcanzando el puerto, y en su cubierta, un hombre con un cuerno dorado que tocaba un único tono. Todos los Reyes del Mar se replegaban,  volviendo al mar como simples animales de compañía que eran llamados por sus amos. “¿Quién demonios es capaz de amaestrar Reyes marinos?” me pregunté, cuando ese buque tocó tierra y de él empezaron a bajar piratas por todas partes.

Al ver que varios de ellos, por no decir decenas, se acercaban a los heridos y moribundos que discurrían por el puerto, me puse en tensión pensando que les pretendían algún daño. Al hacerlo, pude notar como mis músculos se resentían, como si les costara responder a las órdenes que mi cerebro les daba. Por suerte, los piratas solo los rescataron, junto con los marines, y los agruparon en una parte alejada del agua del mar. “¿Están ayudando?” dudé, al ver esa escena “Instantes antes las… mascotas de estos piratas los estaban masacrando sin cuartel, ¿y ahora les preocupa su salud?” seguí, notando como mi cabeza daba vueltas por tal sinsentido. Pero lo que más me descolocó fue que, una vez acabaron con los humanos, empezaron a recoger los dos cadáveres de Rey del Mar que yo había matado, tratándolos con los más absolutos respetos… Y mirándome a mí con desdén, como si yo hubiera asesinado a sus amigos.

Después de tan caóticas actividades, no sabía qué pensar de aquellos piratas que estaban en el puerto. La batalla de los gigantes también parecía haber terminado, pues los dos enormes piratas parecían haberse sentado a descansar, por lo que la paz reinaba en ese lugar. Pero en vez de alegrarme, solo podía pensar en una cosa “¿Qué clase de hombre, pirata o lo que sea, envía a esos monstruos a matar civiles?”, lo cual, pese al cansancio generalizado que sentía, me dio fuerzas para acercarme al navío de aquellos extraños maleantes.
OFF ROLL:
Abandono el tema, compañeros... Un placer "tratar" de defender el puerto a su lado :P
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Re: El resguardo del puerto [presente]

Mensaje por Samael el Lun Oct 23, 2017 6:42 am

Caminamos durante un buen rato, quizás apenas fueron unos diez minutos, pero hacerlo cargando con heridos, ralentizó nuestra marcha en gran medida. Cuando por fin alcancé a ver la calle donde se situaba la clínica del señor Cornualles, me sentí aliviado en cierta forma, ya que allí podríamos atender a los heridos correctamente y con un poco de suerte, salvar más vidas que las que me podía imaginar. O bueno, también podría presionar las heridas y ver cómo sufrían los pacientes, todo era posible.

Según nos íbamos acercando, pude darme cuenta de que en la ventana de aquel lugar al que nos dirigíamos, se encontraba una persona. Era él. Estaba fumando, un tanto despreocupado mirando el humo que salía de su propio puro. Hasta que nos vio cerca de la puerta del portal, no se dignó a mirar hacia abajo, aunque realmente creía que no se había dado cuenta, parecía estar bastante ausente. - ¿Qué demonios?- Le escuché mascullar mientras apagaba el puro contra el marco de la ventana y desaparecía hacia la consulta, apareciendo unos minutos después en el portal, abriendo la puerta e invitándonos a pasar.

Una vez entramos en la consulta, tendimos a todos los heridos donde pudimos. La Marine rubia y el usuario quedaron en la consulta, cada uno sobre una camilla distinta. Pero el resto, al ser tantos, tuvimos que dejarlos en el suelo o sentarlos en sillas. Intentamos observarlos a todos por encima y dar prioridad a los que estaban más graves, pero a pesar de eso, la primera en ser atendida fue aquella Marine. Como había pensado, no tenía nada grave.

-Mil gracias doctor, me ha salvado la vida. –

Comentó la mujer de una forma muy enérgica, tanto, que sus soldados también parecieron alegrarse. Al parecer, aquella mujer era muy importante para toda su tropa y estaba casi seguro de que tenían un motivo. Sin embargo, no era de mi incumbencia. Aunque había algo que me extrañaba en aquella mujer. Su rostro era algo peculiar y su voz era algo grave. Quizás, era un Okama. No estaba seguro, ya que el mundo estaba lleno de gente extraña e incluso, algunos eran animales. De todos modos, no me importaba si alguien era un hombre o una mujer, aquello carecía de importancia.

Después de agradecérmelo, aquella mujer atendió a un sonido extraño que se escuchó a lo lejos. Desconocía por completo qué significaba, pero ella pareció entenderlo. Después de escuchar las súplicas del usuario, la Okama sacó la llave de entre sus pechos y me instó a que curase al susodicho muchacho, al cual se refirió como futuro novio después de darle un sinfín de besos. Era curioso cómo, aquella mujer, cambiaba tan rápido de opinión. Se la veía decidida y fuerte, pero había pasado de querer matar al chico a idear una boda a su lado. En fin, la guerra hace que la gente pierda la cabeza. Después de aquello, se marchó, dejando en mí una sensación extraña entre orgullo y firmeza.

Miré atrás, hacia el señor Cornualles. Era mayor y sin las gafas de cerca veía realmente poco, pero aun así era el mejor médico que había conocido. Estaba en la otra camilla, tratando al usuario. No sabía qué tenía, pero parecía estar hecho polvo. -¿Qué le ha pasado a éste chico?- Preguntó retóricamente al doctor mientras se rascaba la cabeza y auscultaba al muchacho. –Creo.- Dije, aunque no tenía por qué. – Que recibió el impacto de un ola gigante.- Respondí mientras limpiaba con una gasa unos cortes que tenía un Marina en el rostro. Eran daños menores, vaya estupidez. – Hay gigantes peleando en el puerto. Y Reyes Marinos. Es un zona horrible.- Seguí hablando, para terminar sonriendo levemente. – Aun así, me alegro de haber ido.- Comente. –Sí, así he podido ver muchas heridas diferentes. Quizás luego las anote y piense en alguna forma de reproducirlas.- Pensé, sonriendo de una forma extraña ante aquél al que curaba.

Quizás, lo mejor para mí y para aquellas personas, era que me quedase en aquél lugar. No sabía por qué la Okama se había marchado, pero ya había quedado demostrado que podía hacer más bien poco en una pelea. Debía estar donde pudiese desempeñar mis habilidades de una manera óptima.
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Re: El resguardo del puerto [presente]

Mensaje por Atkeronte Hakuoro el Lun Oct 23, 2017 9:02 pm

** Un muro… un gigantesco muro se le había plantado delante al propio marine quien en su coraje y labor trato por más que pudo detenerlo e incluso escalarlo, quizás apenas pudo rasparlo pero no dejo se viniera encima de él, era así como el gallardo hijo de elbaf atónito, con el ojo derecho cerrado ante la inflamación, con los brazos desguanzados y un dolor de espalda descomunal que le cobraba la conciencia, dejo escapar apenas una sonrisa fugas por la comisura de sus labios, un espejismo se mostraba ante sus ojos que lentamente perdían color y estabilidad, observaba sus manos a contra del rostro de kul, lo había logrado, esas palabras parecían ser el botón de apagado para el espíritu de un cadáver andante, su rostro aunque lacerado, adolorido y sumamente cansado mostraba un jubilo como ninguno otro mientras sus parpados se cerraban y su enorme anatomía descendía sin freno alguno a contra el mar, en su vuelo cual roca en caída libre proporciono a un par de cristalinos volar de su orbe zurdo, lágrimas de alivio, lágrimas de esfuerzo, había crecido como nunca en una sola tarde, había entendido el valor de una batalla con sus semejantes y el peso que es ser un hijo de elbaf, pero más que nada, había despertado en él un orgullo como ninguno otro.

El agua golpeo su rostro, después de salir a presión por la caída de su torso y cadera, el dolor de la espalda lo despertó brevemente y ante su ojo zurdo, les admiro, aquellos mausoleos sentados, parecían orgullosos,  emanaban hombría y fortaleza, un sinfín de sentimientos se aglomero en el pensamiento de quien quedaba inconsciente boca abajo, su cabeza volteada a la izquierda y lacerado de su brazo, dejaba al agua salada cocinar su carne expuesta, no podía evitarlo, en la figura completa de Atkeronte no había quedado ya un ápice de fuerza, pero lo había conseguido… aunque no había demolido ese enorme muro… no dejo que cayera encima de su resguardo **
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Re: El resguardo del puerto [presente]

Mensaje por Invitado el Miér Oct 25, 2017 9:03 am

Alli tirado sobre una camilla improsivada, y mientras parecia que alguien me obcultaba, notaba como mis fuerzas poco a poco volvia.

Seguia algo mareado, tenia algo borroso lo sucedido.

Veia a los marines inquietos y hablaban de que aun los gigantes estaban en la cosa.

La impotencia era molesta no poder hacer nada, esta sobre una camilla improvisada con escasas fuerzas.

Para lo que has quedado Pensaba para mis adentros.

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Re: El resguardo del puerto [presente]

Mensaje por Narrador el Jue Oct 26, 2017 11:22 am

Finalmente el marine de enormes proporciones había caído en la inconsciencia víctima de sus heridas y el cansancio, y es que, pese a todo, aún aquella batalla había sido demasiado para un novato como él, por lo que tendría que reponerse con descanso y tiempo. Naiz se levantó con pesadez mientras las docenas de navíos cañoneros pasaban a su lado, acercándose a la costa para terminar de destruir todo el puerto con sus cañonazos legendarios, en una despedida a la isla que había sido el lugar de muerte del rey pirata. El barbudo gigante tomó en sus brazos a Atkeronte y caminando a la costa lo depositó en las cercanías, en el único lugar que no había sido tocado por las destructivas olas o el ataque de las bestias marinas, tan solo un puerto noble cargado de enormes navíos, entre los cuales, uno de ellos parecía estar presto a surcar los mares, cosa que poco o nada importó al pirata de titánica altura. Allí dejó al marine y con una sonrisa partió, siendo seguido por Kúl, quien no podía ocultar una larga sonrisa en su semblante, aún cuando las gaviotas y las nubes nuevamente fastidiaran su vista.


...


Mientras tanto en el puerto casi no se veía un alma pues la mayoría de los heridos habían sido rescatados por la marina y Samael, guiados de igual manera hasta el consultorio y puestos a salvo. Solo algunos pocos moribundos dejados por muertos habían quedado y los piratas de Aye "Charming" Gurleco los habían puesto en montones protegidos por las paredes más gruesas, las que se suponen soportarían el bombardeo que surgiría a continuación.

Era el momento propicio para quedarse quietos y ocultarse.

La puerta del consultorio se abrió y un extraño hombre hizo su aparición. De inmediato los marines presentes lo reconocieron, pues hicieron todos a la vez y en coordinación casi automática, un saludo muy formal, demostrando que tenía un nivel y rango cuando menos digno de admiración. El hombre y su tropa entraron y sus ojos se detuvieron un instante en Freiser, especialmente en la bandana de ayudante temporal que seguramente le había sido otorgada al inicio del conflicto. No quedaban vivos más de un puñado de aquellos voluntarios, era bueno ver al menos que uno estaba aún con sangre en sus venas. Sus ojos recorrieron el salón y tras clavarse un instante en Samael, terminó por volver la cabeza a uno de sus hombres a quien habló al oído. Todo fue murmullos durante un instante hasta que finalmente uno de los marines que estaban en ese lugar rompió el silencio.

¡Capitán Lovelace, señor! ¡El comandante Roxi ha salido cuando escuchó el cuerno del Pirata Charming! -Su voz era firme, pero había cierta sumisión en ella. El de cara cicatrizada, ahora nombrado como Lovelace simplemente arrugó el entrecejo y con un chasquido de sus dedos sus hombres salieron de la casa, vigilando la puerta que cerraban a espaldas del capitán. ¡Lo han hecho muy bien! Ahora descansen, que me duele verlos heridos... Nadie saldrá de esta habitación hasta que acabe esta batalla... Hemos controlado la fuga de civiles y solo esperamos que los bombarderos ataquen el puerto y se larguen... ¡Reconstruiremos Loguetown! -Su voz era poderosa y llenaba de vigor a todos, incluídos los que no eran marines, quienes sentían, por raro que fuera, que podían confiar en la fortaleza y honestidad de este hombre. Ahora debía recuperarse y descansar mientras todo acababa.


Capitán Lovelace

OFF:
Atkeronte: Has sido puesto a salvo, no hay riesgo de que te ahogues. No podrás postear en Presente hasta el día 30 de Octubre, donde podrás moverte tras la recuperación médica.
Samael & Freiser: Ambos están a salvo, vigilados por el Capitán Lovelace, un marine de buen corazón. Él les recompensará por sus acciones. Hasta aquí dura su participación en LogueWar.
Pueden postear si gustan, o no, da igual. No podrán salir de la alcoba, uno por tener muchos pacientes y el otro por estar casi inconsciente por sus heridas.

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