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[Fic en pasado] Capitulo II: Causalidad

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[Fic en pasado] Capitulo II: Causalidad

Mensaje por Ziin el Mar Oct 03, 2017 8:27 pm

El siguiente relato habla sobre la razón que lleva a Ziin a dejar a su familia, comienzo del camino que más tarde lo llevaría a convertirse en el asesino que hoy es. Explica, además, el porque de su cicatriz y contextualiza su sentir al abandonar el reino de Briss para encontrar su destino. Cabe destacar que aún sucedieron muchas cosas antes de que Ziin realmente supiera que se convertiría en asesino, sin embargo, queridos lectores, ese es otro cuento.

Saludos desde este lado del cerebro.

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Ziin Van’kor – Capítulo II: Causalidad
Por J.V.V. Ziin

Roncas sirenas navales interrumpían disparejas el silencio cuando Ziin despertó de su forzada inconciencia, se encontraba abrazando el pavimento con los brazos extendidos en un suplicante gesto de abandono. Llovía. Las gotas caían a intervalos irregulares, pequeñas y danzantes parecían jugar a ser copos de nieve en la brisa salina. Lo primero que sintió al levantar la cabeza fue un sordo dolor provocado por la nariz astillada. –Algo va mal– pensó.

Ziin, o Ziincillo como le llamaban sus hermanos, era un Mink joven y osado. Tenía el pelaje a veces blanquecino, otras cafe, como el chocolate. Compartía los ojos ámbar de su padre, un rostro puntiagudo y las formas finamente marcadas por el entrenamiento. Poseía la personalidad introspectiva de aquellos que han sobrevivido a una infancia amarga, era arrogante, orgulloso, testarudo, y a pesar de todo difícilmente se le veía discutir con cualquiera. Nació a mediados de un otoño con sabor a primavera en una choza de la andante ciudad de Zoo, fue criado, sin embargo, como hijo mayor por su madre en una mediagua del reino de Briss, lejos de su lugar de nacimiento. De actuar humilde no siempre se caracterizó por su osadía, sus primeros años pasaron fugitivos, siempre a la sombra de los demás. Frecuentemente se encontró recluido, por el mismo, en alguno de los rincones más alejados de la ciudad. Observando. Extrañas circunstancias lo llevaron al lugar donde ahora se encontraba, hechos repentinos e inesperados habían sucedido en los momentos exactos para que aquél escenario se presentase. Ziin no poseía los dones extraordinarios de alguna fruta, no habían influencias de su padre en él, no existía siquiera planificación alguna en los participantes de esta historia. Todo fue cuestión de azar.

Cinco minutos tardó en ponerse de pie luego de recuperar el conocimiento, cuándo al fin lo logró, le palpitaba la cabeza, sentía la boca pastosa y el dorso de la nariz le sangraba sin cesar.  –Mierda– se dijo incrédulo.

Aquel día salió a "trabajar" a eso de las ocho. La jornada había transcurrido liviana y la noche se dejaba caer descalza sobre el mar. Nunca antes, en seis años, había notado la intensa belleza del puerto nocturno. Ziin acostumbraba a caminar con la mirada atenta en los transeúntes, decidido a encontrar a alguno distraído. Esta vez fue diferente. Al salir de una esquina se revolvió como por instinto los bolsillos, impaciente hurgueteo en busca de una pequeña nota.
La nota acusaba: "Te quiero" y estaba firmada por una tímida muchacha portuaria llamada Eloise, de torpe caligrafía y modo infantil.  Ziin observó el papel enrojecido. La invitaré a comer. –Pensó satisfecho– No, mejor aún, robaré un diamante para ella, será el robo de la historia. –corrigió después. – Su mirada se perdió entonces. El horizonte tragó toda su conciencia y de golpe lo detuvo frente al mar. Allí se quedó petrificado; absorto en autorreflexiones, observando el va y ven de los navíos contra la luna.

Segundos antes, dos sujetos salían de un bar cercano, ebrios y desinhibidos se dirigieron sin saber como, allí donde Ziin que se encontraba de espalda a la ciudad. Distraído como nunca.

Uno de ellos, el más intrépido, entre balbuceos propuso quitarle el dinero y escapar luego para seguir bebiendo, el segundo, más tímido, aceptó enseguida. Entonces ambos se dirigieron, todo lo silencioso que su condición les permitió donde Ziin estaba.

El primer golpe llegó silbando desde atrás, calló súbito sobre una nuca distraída, obligando a su cuerpo a sucumbir arrodillado hacia delante. Medio aturdido y motivado por el miedo, el Mink giró su cuerpo justo a tiempo para esquivar un segundo impacto. Lo atacaba un tipo de estatura media, barbón y corpulento. Vestía una gruesa chaqueta negra y se tambaleaba con una botella en la mano. No tuvo tiempo de observar más, el segundo atacante lo golpeo de inmediato por el costado derecho. Un tipo encapuchado, bajo y grosero. El florete del desconocido lo atravesó ligero, se coló por delante de sus ojos esquivando por centímetros su cien. Como en cámara lenta perforó su nariz de lado, cortando hueso y cartílago por igual. Ziin no supo bien que sucedió después. El púnzate dolor fue seguido de escalofríos, nauseas, risas y sabor a sal. De pronto, cuando parecía recobrarse, de entre regueros de conciencia un fantasma helado calló junto a su mano.

–Maldición. –Dijo uno de los extraños. –
–Recógelo ¡idiota! –Grito el otro.–

El armiño actuó. Por instinto tomó el arma que se encontraba junto a él y la extendió hacia delante con la velocidad de un rayo, entonces, un grito de pánico agudo y distante lo devolvió al fin a la realidad.

Muchas cosas se dijeron sobre Ziincillo después de su partida. Mientras sus hermanos y su madre pensaban que el joven había abandonado la ciudad para buscar a su padre. Otros aseguraban que había sido convencido por piratas, para unirse a su tripulación. Aquí y allá la gente humilde murmuraba. Algunos agradecidos por los bienes que el armiño había robado para entregarles, contaban sobre cómo en un acto de heroísmo, el joven había defendido a una dama que estaba siendo asaltada, dándose a la fuga luego del combate para no amenazar con eventuales represarías a su familia. Otros, no tan agradecidos de los bienes materiales como de la reputación que el cotilleo podía ofrecerles, juraban haberlo visto con su padre en el puerto, robando y asesinando a sangre fría a un infortunado millonario que pasaba. Sin embargo, fue en lo más discreto de una cantina de puerto donde en una sola ocasión se contó la verdad. La historia se susurró por lo bajó durante la noche y fue relatada por una muchacha temblorosa y ensangrentada.

Eloise, que por gracia del destino llegaba justo en el instante en que el florete que empuñaba Ziin atravesaba el cuello de su atacante, no tuvo tiempo de contextualizar la situación. Sus manos se movieron desde los costados demasiado lento como para contener el grito que escapó. Detrás de ella aparecieron enseguida cinco hombres armados, que, en un instante rodearon a Ziin golpeándolo en la nuca y dejándolo inconsciente.

¡No! – balbuceo la joven cuando pudo recuperarse de la impresión–  Déjenlo… –Su voz sonó tímida y confundida, pero los hombres obedecieron abandonando al Mink donde se encontraba– Llévense el… el cada… ¡llévense al otro! –Los guardias la miraron sorprendidos, pero no hicieron el menor esfuerzo en contradecirla–

– ¿Dónde quiere que lo dejemos señorita Rizz?
–No… no se…  no sé, no importa… ¡Donde sea! no quiero que lo encuentre nadie, por favor… ¡Por favor llévenselo!

Dos de los hombres tomaron el cuerpo sin vida del extraño y se alejaron rápidamente. Entonces ella, agachándose, comenzó a hurguetear al joven. Sin decir una palabra apoyó la cabeza de Ziin sobre su regazo y presionó la nariz hasta que contuvo la hemorragia. Mirándolo una última vez, con sumo cuidado, apoyó su cabeza una vez más sobre el piso húmedo y se alejó junto con su escolta.

Dos horas después despertó nuestro protagonista. Ignorante.

–Algo va mal– Pensó. apenas podía recordar lo sucedido– No… no debo. –Como pudo se puso de pie y se dirigió entre tropiezos al lugar que por última vez, llamaría hogar–

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Re: [Fic en pasado] Capitulo II: Causalidad

Mensaje por Matthias Lehner el Sáb Oct 28, 2017 3:11 pm



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