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[Fic/Presente] La llamada del deber

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[Fic/Presente] La llamada del deber

Mensaje por Invitado el Mar Oct 03, 2017 4:50 pm

Un nuevo día, un nuevo despertar. Como siempre, se tomó su tiempo para levantarse, desperezarse y vestirse. Con todo, no estaba del todo preparada para el largo día de un marine. Desde que la ascendieron a Oficial Técnico le era más sencillo salir de la base por las mañanas para su baño matutino en el río, pero también había aumentado su carga en la organización. Estaba en uno de esos puestos intermedios que debían cumplir todas las órdenes pero también estaban a cargo de realizar el papeleo que los superiores no querían. Tenían la carga de trabajo físico de un recluta pero también la carga administrativa de un oficial. Tampoco se podía quejar mucho, en Shellstown apenas pasaban cosas que requirieran de atención marine, y normalmente enviaban a las islas vecinas las patrullas pertinentes habituales. Eso aliviaba mucho el trabajo que podía tener en la oficina y también la cantidad de veces que tenía que entrar en combate. También debía mencionar que había adquirido un permiso para llevar su ropa en lugar del uniforme marine por practicidad a la hora del combate y porque estaba hecho de telas especiales que apenas absorbían agua.

Cuando ya volvía a entrar en la base tras su baño matutino, las alarmas comenzaron a sonar. ¿Intrusos? No, esa no era la bocina para una alerta, sino la de un anuncio importante. Se encaminó al pequeño despacho que le habían asignado para que hiciera el trabajo de administración, pero mientras caminaba ya habían comenzado a hablar. Durante unos cinco minutos se repitió el mismo mensaje una y otra vez, para que todos pudieran escucharlo sin excepciones. La noticia decía así: "A todas las unidades de los Blues. Deben dirigirse inmediatamente a Logue Town, repito, deben dirigirse inmediatamente a Loguetown. Se va a proceder a la ejecución pública de Frank D. Hawkins y no se descarta que ocurran disturbios o su antigua tripulación acuda en su ayuda. En lo que tarda el prisionero en ser transportado de Impel Down a Loguetown deben personarse en la ciudad para asegurar la protección y el orden en nuestro sagrado imperio.". Estaba más que claro, todos los marines salvo los servicios mínimos estaban convocados a presentarse en Logue para ayudar en la supervisión y seguridad de la ejecución de uno de los piratas más famosos de los últimos tiempos. Frank D. Hawkins. Lo cierto es que era altamente probable que hubiera disturbios durante el evento, así que entendía que todos debieran estar allí… Pero ella tampoco era tan fuerte, esperaba poder encargarse de algo simple o de una zona segura, proteger a los niños… Sí, eso estaría bien, si tenía que proteger a los niños daría el cien por cien de sí misma.

En cuestión de dos horas, reunió al pelotón de soldados que ella dirigía y los mandó preparar todo para zarpar a Loguetown. Eran buenos chicos y chicas, aunque las mujeres seguían mirándole con algo de envidia e ira y los hombres obedecían a todo sin rechistar por intentar ganarse su afecto… En el barco no sólo iría su pelotón, sino muchos más, prácticamente todos los de la isla, quedando sólo los activos mínimos para garantizar la seguridad de los ciudadanos de Yotsuba. A la hora de embarcar, pocas personas fueron las que saludaron y desearon buena suerte a ella y su pelotón. No es que la odiaran, pero todavía le tenían algo de miedo las gentes de la ciudad, en especial por su raza. No les culpaba del todo, rara vez habían visto a un gyojin, mucho menos a uno que tenía parentesco con un animal tan peligroso como el tiburón blanco. Sin embargo debía admitir que le dolía que la tratasen así después del tiempo que había pasado allí protegiéndoles… Había salvado al niño del panadero de morir ahogado en el mar, había ayudado a detener a unos ladrones que se habían apropiado de todo el contenido de la joyería, incluso era cliente habitual de la taberna. Que la trataran como a una extraña, como si ella no estuviera allí para ayudarles, era doloroso. Sin embargo, entre las personas que salieron a ver la marcha marine hacia el puerto, el hijo del panadero avanzó un par de pasos cuando ella estaba cerca y le tendió una flor. Una simple margarita, pero ese gesto fue más que suficiente para despejar las nubes de su mente. Se inclinó a recogerla y sonrió, cerrando los ojos. Aunque él no podía ver su boca debido a la ropa. – Gracias. – No podía detenerse allí por muchas ganas que tuviera de darle un abrazo a aquel chiquillo, de modo que continuó la marcha, guardando aquella flor dentro de su cuadernillo de apuntes para que se conservara, sería su amuleto de la buena suerte.

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