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[Trama Personal] [Presente] La semilla de la revolución

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[Trama Personal] [Presente] La semilla de la revolución

Mensaje por Iohn Kajiya el Mar Oct 03, 2017 5:25 am

Al abandonar la clínica tras obtener mi nueva espada, la cual observaba casi con obsesión a cada momento, casi sin creerme que la tuviera en mis manos, me acerqué al puerto con la intención de buscar cualquier método de transporte que me llevara hasta mi hogar. No necesitaba mucho, solo una barcaza para cruzar el estrecho hasta el pequeño pueblo donde nací. Después de toda la guerra, después de pelear contra monstruos y ver a gigantes luchar, nada me atemorizaba más que ir al mar y ver una columna de humo ascendiendo de ese islote que me había visto crecer.

Por suerte, la guerra de Loguetown tenía el nombre adecuado, y los destrozos se centraron en la misma capital de Polestar y mi hogar estaba tal y como lo recordaba, aunque rodeado por bastantes más barcos de la Marina de lo habitual. Y cuando llegué al pueblo y vi a toda aquella gente, rompí a llorar de la forma más absurda, patética… y feliz. Esa tensión que me había apretado el corazón durante tanto tiempo, desde que había escuchado ese Den Den Mushi en una taberna, se levantó y se la llevó el aire. Pese a que el pueblo era un lugar pequeño y de medios justos, la celebración que se hizo aquella noche no se podría igualar en ninguno de los palacios y caserones del mundo. La bebida, la comida y la música discurrió durante horas, e incluso mi padre, quien no era muy dado a festejar desde la muerte de mi madre, se sumó al festejo.

A la mañana siguiente, o quizás ya habían pasado dos días, recogí mis cosas y me escabullí del pueblo, una vez hube devuelto la katana de mi padre a su lugar en el salón de casa. Las fiestas habían terminado hacía poco rato y la gente de la villa descansaba tras tantas horas de bebida y danza. Yo sabía que no podría seguir mi camino si debía despedirme de ellos una vez más, así que volví a coger la barcaza con la que había llegado y regresé a Loguetown. La presencia de Marines parecía muchísimo mayor ahora que durante la propia guerra y el puerto parecía ser el hub de toda la actividad de la ciudad. Viendo que las idas y venidas de la gente les impedían fijarse en lo que ocurría a su alrededor, me colé en el primer navío que vi y me subí a él. Me escondí en la bodega y me puse a dormir. Con el cansancio que acumulaba, no me desperté hasta que el navío ya estaba en alta mar. “Pues bien… habrá que esperar a que paren” me dije, volviéndome a descansar entre las cajas que había allí.

***

Mientras el conjunto de la tripulación descargaba las cajas que me habían hecho compañía los últimos dos días, yo intentaba idear una forma de salir del puerto sin que me vieran los agentes del gobierno. Me fijé que en la costa, además de los hombres de uniforme, había un grupo de gente que parecían ser los habitantes de ese misterioso puente al que habíamos llegado, que estaban ayudando a llevar la carga del barco hasta lo que parecía un almacén en medio del puente. No sabía si sería una buena idea, pero lo era menos quedarme en el barco como un pasmarote (lo cual ya había llamado la atención de algún que otro marinero), así que cogí la primera caja que vi y me dispuse a bajar la pasarela que unía embarcadero y navío.

Con la cabeza agachada y paso firme, empecé a descender por la rampa. Mi mente, curiosa, empezó a escudriñar mis alrededores buscando información de donde estaba exactamente, como salir de allí, cualquier cosa en realidad. Pero mirara donde mirara, solo veía soldados, armas y aquellas misteriosas personas vestidas todas de ropas grises, monos de trabajo y en general bastante desaliñados, los cuales ofrecían un contraste importante respecto a los oficiales a los que estaba suplantando. Además de sus ropas, su aspecto físico también llamó mi atención, como médico, pues mostraban signos de malnutrición, falta de sueño y cansancio extremo. “¿Dónde he llegado? ¿Qué pasa en esta isla?”, me preguntaba, cuando ya llegaba al almacén. En su  interior pude apreciar que hasta los niños y los adolescentes tenían el mismo aspecto. “Con toda la comida que había en el barco se podría alimentar a toda esta gente durante todo el invierno”, pensé, ahora que podía ver mejor el pueblo. “Quizás la misión del gobierno aquí es la de ayudar a esta gente… Viviendo aquí difícilmente podrán cultivar su propia comida” imaginé, dejando que mis habituales dudas sobre los Marines y el Gobierno Mundial quedaran rezagadas en pos de mi optimismo. Pero había algo en las miradas de los adultos que me hacía desconfiar… una especie de miedo, pero no aquél que se puede ver cuando alguien teme a la muerte, sino una especie de terror que iba más allá. Ni siquiera osaban mirarles a los ojos, mantenían una separación de unos metros siempre que podían. “¿Por qué actuar así si el Gobierno había venido a ayudarles?”, inquiría, esperando una respuesta que sabía no llegaría.

Cuando dejé la caja en el almacén, repasé rápidamente mis alrededores. Debía hablar con alguien de allí sin que los oficiales del gobierno me vieran, pues la situación era particularmente sospechosa y en buena consciencia no podía irme de allí sin saber qué estaba ocurriendo. Como doctor, solo deseaba que hubiera traído más medicinas. Pero como espadachín, mi espada parecía gritar de ira.
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Re: [Trama Personal] [Presente] La semilla de la revolución

Mensaje por Narrador el Mar Nov 07, 2017 11:08 pm

Tequila Wolf era uno de esos lugares donde la falla del sistema actual de gobierno era más evidente. Siempre se hablaba de equidad y justicia, pero a la hora de la marcha, muchos estaban por debajo de ese sistema y sufrían. Ya llevaban siglos en la construcción del puente de Tequila Wolf, tanto sufrimiento acumulado por una magna obra que olía a la sangre y lágrimas de miles de esclavos que cada días picaban piedras o las volvían a colocar en el puente. El ambiente frío no ayudaba mucho tampoco, esto hacía que la salud de los esclavos se viera aún más vulnerada por los problemas respiratorios que eran comunes en ese lugar.

Esa era la regla de Tequila Wolf, esa era la regla del Gobierno Mundial, su marca por así Decirlo.

Era otro día más en ese infierno congelado que era Tequila Wolf, como era la costumbre, alimentos y demás provisiones llegaban a la isla y en grandes cantidades. Los mismos esclavos bajaban la comida y demás provisiones que ni si quiera llegaban a ver. Todos los excesos eran para alimentar a los Marines que resguardaban fieramente el lugar y unos cuantos oficiales que a pesar de estar en un lugar muy inóspita, mantenían sus excesos a la hora de vivir; buena carne, licor, drogas y mujeres era lo que siempre traía cada buque acorazado al lugar.
Era la norma que los trabajadores siempre tuvieran las sobras de todo lo que se consumiera; la ropa la comida, las medicinas, todo. La apariencia decrépita era uno de esos signos, pero la pregunta es...

¿Por qué?

Con todos esos recursos, bien podrían alimentar a toda la población y sus alrededores, podrían darle un estilo de vida mejor a los trabajadores que más que eso eran esclavos. A lo que tienen no les gusta compartir; los deseos más bajos estaban por encima de todo.

Ese día una misteriosa figura se acercó a los esclavos; los extraños no eran algo raro en ese lugar, siempre traían más esclavos y otras veces se decía que cierto grupo liberaba esclavos en secreto. Este hombre se veía muy diferente a los habitantes de esa isla de invierno; no poseía aspecto demacrado en lo absoluto y parecía una buena persona. Ayudaba con las cajas de las provisiones y actuaba de manera sospechosa para un esclavo.
Uno de los jefes de los esclavos se acercó al extraño hombre con intención de interrogarlo, pero teniendo cuidado de que la fuerza Marine no lo pescara, acá un paso en falso sería su fin.- Señor, los esclavos no deberían portarse de esa forma-. Mencionó el demacrado viejo a Iohn, mientras con la otra mano tiró de la ropa del samurai para llamar su atención a otro lado.-"Usted viene a ayudarnos, ¿verdad samurai-sama?"-. Le dijo en casi un tono desesperado al sereno hombre, su cara demacrada y la esperanza de que Iohn no fuera un esclavo se podía leer en la cara del anciano.

Esta era la norma, este era el resultado, este era el Gobierno Mundial.

Los Marines hacían sus rondas, pasaban por el lugar peinando la zona. Un gran hombre con la típica indumentaria de la marina. El enemigo media por lo menos unos dos metros, era fornido y portaba un rifle de dotación y una capucha sin esconder su cara, pensaba que pasaba algo en el lugar que estaba Iohn y los demás esclavos. Le habían informado que esté atento que habían rumores de una nueva liberación de esclavos, perder ahora mismo un par retrasaría la obra de nuevo y no se lo podían permitir.

Avanzó hasta lo dos personajes y con ese tono autoritario que caracteriza a un esclavista comenzó a interrogar a los presentes.- ¿Qué demonios está pasando aquí?-. Preguntó mientras veía la escena y el viejo esclavo temblaba en su lugar sin moverse, el terror se notaba en sus ojos, aquí los maltrataban y mucho.

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Re: [Trama Personal] [Presente] La semilla de la revolución

Mensaje por Iohn Kajiya el Miér Nov 15, 2017 2:47 pm

Mientras depositaba la caja, mirando con marcada sorpresa todo lo que me rodeaba y esperando ver algo que me ayudara a entender qué estaba ocurriendo, uno de los lugareños se me acercó con sumo cuidado. Su aspecto físico resultaba desalentador, más aun para un médico como yo, pero aquello que me resultó muchísimo más sorprendente fueron sus ojos. Desde que era pequeño había tomado esa costumbre de mirar los ojos de los demás, buscando entrever en qué pensaban, tratando de vislumbrar ni que fuera por un instante su alma pues había aprendido que solo mirando a los ojos a alguien se podía ver más allá de la fachada que mostrábamos al mundo. En ese particular hombre, ligeramente encorvado por una obvia lesión en la espalda y que mostraba en el rostro la sabiduría conseguida por los años y la fuerza que suponía sobrevivir en tan inhóspito lugar, sus ojos denotaban esperanza. No la vana esperanza de aquellos que han vivido su vida con comodidad y que su perspectiva se había marchitado por conseguir aquello que deseaban. Tampoco era la esperanza que se genera de la confianza que uno pueda tener en sí mismo y en aquellos que le rodean.  En ese hombre, esa esperanza era algo mucho más profundo, un sentimiento tan arraigado a su ser como carne de su cuerpo, una emoción que provenía de resistir el hostigamiento del tiempo y que se había resistido a desfallecer. Era la esperanza de un hombre que había perdido todo lo demás y a la cual se aferraba como su mayor posesión. Era una mirada que conocía bien pues mi padre la tuvo durante mucho tiempo al perder a mi madre, y el recordar esos momentos de mi vida causó que perdiera pie un instante, como si la pierna vendada no pudiera sostenerme.

Ese hombre me preguntó algo, pero durante un momento, mientras me recomponía de ese instante de desconcierto, no parecí entender lo que me dijo. Cuando mi cerebro reaccionó y pudo analizar las palabras que éste me dijo, una de ellas me chocó. “¿Esclavo? ¿Está asumiendo que por mi vestimenta soy algún tipo de esclavo? ¿Me está recriminando que les ayude con las cajas, quizás?” me empecé a preguntar, cuando el tipo me cogió de la ropa y me volvió a hablar. “¿Qué? ¿Ayudarlos con qué?” dudé, mientras el tono de súplica del anciano hacía mella en mí. Mi cerebro, trabajando a tanta velocidad que juraría que empezaba a sentir como una migraña se estaba desarrollando, comenzó a analizar todo lo que sabía sobre aquel lugar, intentando hallar una conexión entre lo que estaba viendo y lo que ese hombre me había dicho. Formulando y desechando teorías a un ritmo vertiginoso, al menos para mí, no podía dejar de mirar el rostro de aquel anciano que imploraba una respuesta. Sin embargo, no tuve tiempo de formular una sin que nos interrumpiera una tercera persona.

Un marine enorme que fácilmente me sacaba una cabeza y media, de aspecto fiero y con un cuerpo claramente trabajado, se nos acercó mientras con tono imperativo nos hacía una pregunta que fácilmente podría haberse considerado retórica, pero que al ver cómo reaccionó aquel anciano decidí responder, atrayendo la atención del marine hacía mí. “Pues nada, hombre, sencillamente me he torcido un tobillo dejando esta caja en el suelo y el buen hombre se me ha acercado para comprobar si podía apoyar bien el peso” le dije, haciendo unos pequeños saltitos sobre el hipotético tobillo torcido, como si comprobara si podía apoyarlo. “¿Ves? Perfectamente que estoy” continué, mostrando esa sonrisa amable que me caracterizaba. Mientras la escena se desarrollaba, mi cerebro había seguido tratando de encontrarle sentido a todo lo que estaba ocurriendo, cuando de nuevo la palabra “esclavo” me llamó la atención, causando que se me escapara un “¡Esclavos! Pues claro” en un tono quizás demasiado elevado. Era obvio que en aquel lugar se me consideraba un esclavo, quizás por el aspecto general que mostraba, y la "ayuda" que había mencionado el anciano es que quizás pretendía comprarme para que le “ayudara” con sus cosas… Y el marine debía haberse preocupado al ver que un esclavo (o sea yo) estaba hablando como si nada con un lugareño. Así que antes de que ninguno de los dos presentes dijera nada, hice una reverencia hacía el anciano y le dije “Discúlpeme, señor”, tratando de calmar los ánimos.
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Re: [Trama Personal] [Presente] La semilla de la revolución

Mensaje por Narrador el Jue Nov 23, 2017 8:06 pm

Molestias y más molestias.

Ese día el alto Marine se levantó de malas; ya hace algunas semanas lo habían transferido a ese lugar olvidado por todos. Muchos consideraban esto un castigo, llevarlos al helado lugar y de paso quedarse no menos de un año en dicha estación. Otros Marines lo veían como un premio, ya que acá se podían codear con altos rangos dentro de la marina y llegar a una posición mucho más prestigiosa, pero Frederick el enorme Marine no comprendía bien la situación.

Llegó el día el momento de su primera acción luego de meses de tener su trasero congelado en ese remoto pueblo. Dos personas sospechosas estaban deteniendo la línea del trabajo y como ese día estaba de particular mal humor decidió descargarse con ellos. El primer esclavo estaba temblando del miedo, se notaba que estaba haciendo algo indebido, pero como era un anciano no se debía sobrepasar con este; sin embargo el otro, que parecía uno nuevo, todavía tenía esa chispa de espíritu que todos carne fresca tenían. Insolencia en su tono es lo que pudo denotar al escuchar la excusa que el alborotado hombre había puesto a la palestra. Comenzó a pensar, tal vez podría darle una lección al sujeto y descargar toda su ira y tal vez y solo tal vez, pudiera tener su esclavo personal que haría su estancia un poco más placentera.
La decisión estaba hecha ya; raudo se acercó a los dos aparentes esclavos y fijó una mirada intensa sobre Iohn. El viento gélido corría fuerte al estar en esa posición, la harapienta ropa que llevaba el anciano se movía como una bandera ondeante revelando su demacrado y golpeado cuerpo en esa onda helada, el abrigo de Frederick también tambaleaba por el súbito viento, pero esto iba a su favor, otorgándole presencia y algo de intimidación. El pobre anciano estaba al borde de las lágrimas, sabía que esta situación era muy precaria; era lo normal que maltrataran a los esclavos bajo cualquier pretexto y este era uno excelente para poder hacerlo.

Las emociones estaban por el aire y subieron más cuando el alto Marine tomó por la ropa al desalineado espadachín y lo levantó en el aire, colocándolo frente a su propio rostro desafiante, sin importar las disculpas ofrecidas hacia él. Frederick no era una mala persona ni mucho menos, pero se decía que el estar estancado en aquel infierno gélido te cambiaba mucho; el ambiente cruel servido por el Gobierno mundial te cambiaba como persona, tal vez Frederick era otra víctima de ese sistema tan viciado y lleno de odio que habían implementado allí.-Esclavo insolente, deberías estar trabajando y no parloteando-. Afirmó con ese tono imperativo y agresivo en su voz. Ya lo que tenía que decir estaba en la mesa, la confianza que le hacía falta para ser como sus demás compañeros la tenía. Este era el primer incidente con los esclavos desde que llegó; dentro de los esclavos, consideraban al Marine como alguien pacífico entre los guardias, pero la presión social que se ejercía ahí llevó a Frederick al borde.

El primer zarpazo se presentó, el hombre alto dio un manotón en toda la cara a Iohn mandándola a volar un par de metros en la nieve del piso. Más que un golpe, parecía una mega cachetada; en el fondo, el Marine todavía no quería llegar a ese mundo de maltrato que estaban acostumbrados sus compañeros y esto se reflejaba ahí.
El miedo es una emoción muy básica de todo ser vivo, también es fuerte, pero no invencible. Una emoción más fuerte que el miedo es la esperanza y el viejo esclavo tenía esa emoción al ver al espadachín llegar. Esta esperanza floreció a toda marcha e hizo que el cuerpo de él se moviera de manera involuntaria.   El anciano al ver la escena de Iohn volando y quedando sobre la vieja, hizo que se abalanzara contra el gorila que maltrataba su esperanza o por lo menos la de su nieta de apenas 5 años que vivía en ese lugar con él como otro esclavo más. Tal vez esta era la oportunidad de que ella escape y tenga una mejor vida. Ya no se movía por si mismo, sino por el amor a su amada nieta. Allí, estaba pegado al dorso de Frederick, como para detenerlo y que Iohn escape y con suerte encontrara a la niña y se la llevara; no obstante, el Marine estaba incendiado por la ira al ver al vejestorio sujetándolo de tal manera.-color=deepskyble]Maldito viejo…[/color]-. Musitó para luego levantar su mano e intentar golpear el cuello del viejo con su poderosa mano.

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Re: [Trama Personal] [Presente] La semilla de la revolución

Mensaje por Iohn Kajiya el Vie Nov 24, 2017 5:12 am

La situación pareció contenerse unos instantes al disculparme, como si mi plan para calmar los ánimos estuviera surtiendo efecto. Sin embargo, algo me seguía llamando la atención del anciano. “Está aterrorizado… ¿Pero se puede saber qué le he hecho yo para que tenga esa mirada de miedo en el rostro?” pensé, aprovechando ese instante de calma que había conseguido ganar. Quizás era que había roto algún tipo de protocolo social de aquella recóndita isla (o puente, aún no tenía muy claro donde me encontraba) y que eso hubiera inspirado tal miedo en el anciano. O quizás era algo más sutil, pues ahora que lo pensaba, el anciano me había reconocido como samurái, como uno de los orgullosos guerreros de la tierra de mis padres, de Wano. “¿Y si le tienen miedo a los samurái? Puede que en un tiempo antiguo, mis ancestros les hicieran algo…” razoné en mi cabeza, cuando una nueva ráfaga de ese aire gélido me hizo ser plenamente consciente de la poca ropa que llevaba. Había que decir que, al ser un trotamundos, estaba acostumbrado bastante a las inclemencias del clima… Pero ese frío calaba muy hondo y yo no podía evitar tiritar un poco, casi forzándome a hacer ese ruido tan molesto con los dientes.

Pero la calma, como suele pasar, solo había aparecido para preceder a una tormenta. El marine, ese enorme marine, no pareció creerse mi explicación y me agarró del pescuezo antes de soltarme tal sopapo con la mano plana que el sonido pareció viajar alrededor de todo el almacén y mandándome un par de metros por los aires, causando que aterrizara en un montón de nieve que amortiguó levemente mi caída. Mientras escupía la nevisca que se me había metido la boca al caer de bruces, me giré hacía el marine con gesto molesto. “¿Qué clase de hombre pega una guantazo a otro después de que éste se disculpe? ¿Es que no enseñan modales en la Marina?” dije, en un tono que denotaba mi molestia, causada más por el hecho de haber sido abofeteado que por el dolor que el mismo golpe me hubiera causado. Pero claramente el armario de la Marina no estaba fijándose particularmente en mí, sino que su atención parecía centrada en el anciano quién le agarraba con desespero con esos brazos delgados, afectados por la malnutrición y el trabajo duro, y quien parecía tratar de evitar que el marine viniera a por mí. “¿Pero a éste qué le pasa ahora? ¿Antes me tenía miedo y ahora pretende ayudarme? ¿Estará senil?” pensé, con la ayuda de mi experiencia médica, tratando de encontrarle algún sentido a las acciones de ese hombre. Sin embargo, el diagnóstico tendría que esperar.

El marine se cansó rápidamente de los fútiles intentos por ser detenido por parte del hombre y alzó la mano abierta una vez más. “Un golpe de esos a mí me duele en el orgullo, pero a ese pobre anciano le romperá algo, seguro” pensé, maldiciendo que tuviera que ayudar a un esclavista. Estuviera o no de acuerdo con las creencias de ese señor, no podía permitir que el marine le golpeara así si podía evitarlo, así que soltando un bufido de exasperación, acorté distancias rápidamente entre el soldado y yo. Al fin y al cabo, ¿qué eran un par de metros para un estudiante del Estilo del Loto? Usando un par de pasos, veloces, y sin sacar el arma de su funda, me coloqué en la espalda del marine y golpeé con fuerza en una de sus rodillas con intención de romper el cartílago articular de mi improvisado oponente. Si impactaba con éxito, un golpe de esas características sería suficiente para neutralizar la amenaza y conseguir que liberara al anciano. Sin embargo, una parte de mí era consciente de que tal acción podría desembocar en un combate… Y como estudiante del Loto, debería luchar a muerte, aunque parte de mi corazón no quisiera llegar a tal extremo para defender a alguien que se creía capaz de comprar y vender vidas humanas.
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