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[fic] la isla de un sólo hombre

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[fic] la isla de un sólo hombre

Mensaje por Kalhenz el Jue Sep 28, 2017 6:56 pm

¿Alguna vez has pensado en la diferencia entre un ermitaño y un exiliado? además, claro, del hecho de qué uno puede reinsertarse y el otro, en situaciones normales, no. kalhenz estaba en un barco mercante con dirección a la isla del reloj cuando su barco naufragó en una poderosa tormenta, alcanzó a huir en un bote con unos marineros y el capitán. pero el bote tampoco salió ileso, les costó llegar a una isla pequeña, realmente pequeña, un alto acantilado, unos arboles de frutas aquí y allí y una mansión blanca en lo alto de aquél acantilado, el bote no iba a sobrevivir si salían otra vez y los hombres estaban más preocupados por el dinero perdido qué en pedir ayuda o en saber donde estaban.

Kalhenz no tenía interés alguno en el barco, todas sus posesiones las tenía encima codiciosos fue el pensamiento qué le vino a la mente. Subió la colina, llegó al acantilado y un anciano con un enorme carabina, pantalón azul marino y playera con estampado de diferentes colores le recibió -¿qué hacen en mi isla?- la voz qué llegó era ronca, gruesa, hablaba rápido y agitado, lo qué complicaba qué aquella pesada voz se entendiera -nuestro barco naufragó, sólo busco refugio- levanta las manos en señal de rendición mientras avanza, más lentamente ahora, e intenta sonreír un poco para amenizar la situación -un paso más muchacho y tendrás qué recoger tus intestinos con tenedor- dice el anciano de pelo rubio, corto y con una enorme entrada en la parte superior de su cabeza, sin barba y arrugado cómo acordeón. No parecía un lugar turístico realmente, parte de lo qué lo llevó a esa conclusión fue la recepción, pero no es cómo si pudiera simplemente volver por donde vino, así qué, donde estaba, se sentó -bien no daré un paso más- dice mientras toma su arco y, con una de las puntas marca una linea al frente de su posición -a cambio me tomaré el descaro de pedir comida y una conversación civilizada y sin un arma de por medio- cuando se sentó el anciano bajó la mira del arma, visiblemente asombrado pero, después de escuchar el discurso, entró de nuevo a su casa, y no volvió a salir en todo el día.

Los días pasaron pero Kalhenz no se movía para otra cosa qué tomar una fruta ocasional de los arboles cercanos, teniendo cuidado de sólo coger las necesarias para no desmayarse del hambre. alcanzaba a descubrir al anciano mirándolo por alguna de las ventanas de la edificación, pero el obstinado anciano se ocultaba tras sus cortinas cada qué sus miradas se encontraban.

Un amanecer Kalhenz se vio despertado por una pisada en la grama, eran los marineros y el Capitán del mercante qué trataban de entrar, iban armados y confiados, pero no se inmutó no puedo cruzar la linea sin su autorización o ésta cacería no tendría ningún sentido así pues sólo pudo observar cómo los hombres se aproximaban, pero, algunos empezaron a caminar de forma extraña y a aminorar la marcha, mientras la puerta se abría y el anciano sale con su carabina y aprieta del gatillo, un sonido apenas audible sale del arma y el capitán cae, cómo hasta el último de sus hombres -limpia el desastre, niño, el desayuno estará pronto- dice el anciano cascarrabias ante la estupefacta expresión del albino eran cinco, ¿cuando disparó? ¿por qué no me di cuenta? ¿cómo hace para qué no suene? eran demasiadas las preguntas qué lo paralizaban, no supo cuanto tiempo pasó pero su remolino de preguntas e inquietudes se vio interrumpido por agarrar una pala qué volaba hacía el -¿no puedes acatar una simple orden? ¡LIMPIA ÉSTE DESASTRE!- grita el anciano impaciente.

Le tomó dos horas cavar cinco tumbas de un metro de profundidad y lo suficientemente anchas para meter a los despojos y otro par más cubrirlos de arena, era medio día cuando terminó y entró a la casa -se acabó el desayuno, no queda nada para ti, tendrás qué esperar a la cena- fue el recibimiento qué tuvo al cruzar el umbral. la recepción estaba llena de pieles, estanterías de libros y muebles, parecía qué al hombre no le faltaba nada en su pequeña isla, se permitió un segundo en leer los títulos qué veía y su corazón voló de emoción, tenía libros de todos los temas, desde culinaria, botánica y herbología hasta física, química y matemáticas, tenía libros y manuscritos sobre la teoría del seguimiento y algunas cosas sobre mecánica y documentos con garabatos sobre armas antiguas y unas adiciones qué no logró entender -oye, niño, no toques nada- retumbó en las paredes la voz del anciano regañando al joven quien se dirigió a donde le indicaba después de eso.

Durante la cena el joven no logró contener su curiosidad y, mirando al anciano, dijo -¿cómo un anciano decrepito cómo usted puede ser tan poderoso?- la reacción del hombre le tomó por sorpresa, no sólo por lo repentino, con respecto a una pregunta muy simple, sino también porque no alcanzó, siquiera, a percibir cuando el tenedor del anciano se transformó en una pistola de mano ni cuando pasó de señalar su bistec de jabalí a su cara -escúchame bien niño, en una casa ajena la gente es respetuosa por una, y sólo una, razón. No sabes donde están escondidas las armas- dice el anciano con una mirada seria, retadora y, de repente, kalhenz se sintió cómo una mosca qué acababa de caer en una telaraña.

Pasaron un momento sin moverse, el anciano suspiró y guardó su arma -pensé qué toda la parafernalia de la linea y eso era porque habías analizado bien la diferencia de habilidades- dice el anciano, más amable ésta vez, y volviendo a su tenedor y su bistec -si no fue por eso entonces ¿para qué tanta molestia?- a lo qué Kalhenz simplemente responde en el mismo tono calmado en qué hizo la pregunta -mi padre siempre decía qué no todas las cacerías se lograban con violencia, y qué los mejores cazadores debían saber cual es cual, también me dijo una vez qué las mejores cacerías se lograban sin derramar una sola gota de sangre- se metió un bocado de su comida y prosiguió -en el momento pensé qué matarlo tendría cómo premio la casa y todo en ella, pero ganarle en voluntad significaría salir de ésta isla de una forma segura- la cara del anciano se tuerce en una mueca y suelta una carcajada qué duró casi toda la comida del cazador, -así qué, realmente optaste por enfrentarte a mi voluntad- dijo aquel hombre luego de calmarse un poco -con un sólo hombre cómo tu en la marina hace años hubiera aceptado entrenar a esos novatos sin talento- suelta otra carcajada -soy un mercenario retirado, un francotirador de la época en la qué tu arco podía competir con las armas de mayor alcance, así qué un francotirador debía tener talento, inteligencia y disciplina, cosas de las qué carecen los jóvenes de ahora- se levanta de su silla y le mira -pero eres muy niño y yo muy viejo, así qué en tres días viene un barco mercante a traerme carne, te irás en él, puedes leer todo lo qué no sea manuscrito, si desobedeces habrán seis montículos en mi jardín- sin más se retira del salón.

fueron los tres días más calmados de su resiente vida cómo fugitivo, dedicó toda la luz del sol a leer los diferentes recetarios y libros sobre el arte de la caza, a veces ojeaba los libros de matemática pero no le dedicó tanto tiempo cómo para entenderlo a fondo, estaba tan emocionado qué se levantaba con el alba y se dormía tarde en la noche. pero todo tiene su final, llegó el barco y el anciano le envió con ellos de nuevo al mar, donde no sabía cuando iba a volver a tener tanta paz.
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Re: [fic] la isla de un sólo hombre

Mensaje por Matthias Lehner el Vie Sep 29, 2017 9:47 am


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