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El barco fantasma (Fic)

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El barco fantasma (Fic)

Mensaje por Invitado el Vie Sep 15, 2017 2:04 pm

La noche en Organ era un auténtico asco. Las cantinas estaban repletas de borrachos que reían y bebían sin parar, esperando a que les diera un coma etílico que los llevase a los brazos de la Muerte. Otros comían, otros cantaban, e incluso otros se escapaban a las habitaciones de los hostales para pasar el rato. Mientras tanto, una oscura figura caminaba por las calles con un paso seguro y confiado. Como vestimenta, portaba una tunica negra con estampados de nubes rojas, tapados en su parte inferior por unas botas , y atado en la parte superior por un cinturón del mismo color y una espada vendada en la parte de la espalda . No tenía ninguna prisa, y sus  orbes observaban todo lo que tenía a su alrededor.

– Ararará… Y yo que pensaba que podría divertirme un rato esta noche… Qué equivocado estaba –

Comentaba el espadachín con el semblante frío y cabizbajo, ceño fruncido y un aire de agobio a su alrededor. Sus pasos sonaban con claridad en la noche de Organ, aunque a veces se veía eclipsado por los gritos de euforia que la gente proclamaba desde el interior de los bares.

Suspiró y continuó con su paseo nocturno, con las manos dentro de los bolsillos. Su espada tintineaba con cada paso, sonando al entrechocar con sus piernas o entre ellas detrás de su espalda. Un leve viento se levantó instantáneamente, y el joven  gyojin paró extrañado. Incluso llevó una de sus manos al mango de una de su espada, preparado para desenvainarla. Sus sentidos estaban alerta, y adoptó una posición de defensa rápida por si era atacado. Empezó a girar sobre su pie derecho, con el objetivo de observar a todo aquel que pudiera estar en las inmediaciones de sus cercanías. No sabía qué estaba pasando, pero su instinto le indicaba que no era nada bueno. Apretaba el mango de la espada con fuerza, pero sin llegar a hacerse daño. La situación podría hacer estremecer a cualquiera, pero no al joven gyojin, que controlaba sus sentimientos como un auténtico espadachín de verdad. Ya le habían dicho desde pequeño que una mente ofuscada o confusa es una mente nublada, una mente débil que puede caer lentamente en las sombras y no recuperarse nunca más. Por eso, intentaba ser siempre el dueño de sus actos, a pesar de que se sorprendiera al encontrar algo que no se esperaba para nada.

– ¿Qué es esto? –

Preguntó retóricamente, al encontrar una carta suspendida de un hilo que no parecía estar atado a ninguna parte. Enfundó la espada y la tomó, abriéndola para leer la información que había en su interior.

Había sido invitado a un viaje un tanto enigmático, afirmando que todos los que estuvieran allí serían recompensados. Activando el “instinto pirata”, nada más leer aquello el gyojin pensó que podía tratarse de un tesoro o algo parecido. Claramente, llamó su atención. “La nueva era se encuentra en la isla custodiada por el gran señor de verde sombrero y vestimenta marrón”, leyó. Era un pequeño acertijo, pero el que no lo adivinase era demasiado tonto para creerlo. Hacía alusión a un gran árbol, puesto que la vestimenta marrón hacía referencia al tronco, y el sombrero verde a los árboles. Era fácil, así que giró la carta para leerla por ambos lados y descubrir si había algo nuevo, además de seguir pensando allí mismo, sin moverse del sitio en el que estaba posicionado.

– No dice nada de ningún lugar en concreto, solo lo del árbol. Tal vez si pregunt… –

Fue a terminar la frase, pero unos pasos le cortaron desde su espalda, ante lo que giró con rapidez y una mano en el mango de su arma, otra vez alerta.

Un vagabundo de aspecto para nada saludable estaba allí, de pie ante él. Varios trapos sucios tapaban su cuerpo, aunque podía verse una cara de pelo largo y barba rauda desaliñada. Desde luego, no daba muy buena imagen, aunque señaló la carta con un dedo delgado y raquítico, casi enfermizo. Hizo ademán de hablar, pero parecía que le habían cortado la lengua previamente. En sus ojos podía verse un deber que el pelinegro no llegó a comprender demasiado, por lo que se quedó allí estático. Fue a decir una palabra, pero se encontró con que el vagabundo emprendía una caminata hacia un callejón secundario de la calle por la que paseaba anteriormente.

Sin dudarlo un instante, puesto que le había hecho signos para que le siguiera, el intrigado espadachín comenzó a seguir al vagabundo que encabezaba aquella marcha. No sabía a dónde podría llevarle, pero para eso tenía su espada. Si veía algo que pudiera hacerle sentir intimidado, atacaría. Sin embargo, unos cuántos minutos más tarde, llegaron al puerto de organ. Un barco algo extraño estaba anclado y preparándose para zarpar, mientras que el vagabundo señalaba la entrada. Una vieja que parecía estar falta de la vista era la única persona que vio. Dirigió su vista hacia el vagabundo, pero cuando quiso hacerlo, ya no estaba allí.

– Esto parece un cuento de fantasía, interesante –


Añadió, mientras que veía a un joven que subía al barco por delante que él.

Llegó a donde se encontraba la vieja, que rápidamente le comentó, a pesar de no verle: “Dime… ¿Dónde vamos? me lo dices en el oído, no quiero que nadie más te oiga”. Sin más espera, el joven respondió con premura, deseando subir a aquel barco que le llevaría hasta el tesoro mencionado en la carta:

– Llévame al “Árbol” del que habla la carta –

Le comentó con una mirada fija, a pesar de que no sabía dónde ubicarla, debido a la ceguera de la mujer. Incluso sacó la carta y la tendió con su mano derecha por si era necesario.

Simplemente esperó a que ella le contestase, y si por casualidad pasaba aquella “prueba inicial”, entraría al interior del barco y se quedaría quieto en la cubierta. En cada viaje que realizaba, era el lugar que más soledad le otorgaba, y la que más le gustaba a la hora de pasar horas viendo el mar. Así que allí estaba, el gran Fisher fang, esperando la confirmación de su pase a “La Isla del Tesoro”. Estaba deseoso por llegar y sobresalir. Después de todo, era un pirata, y únicamente tenía una norma en mente: “Arrasa con lo que veas, y generoso no seas”.

No pasaron más de cuatro o cinco segundos tras responder la clave al acertijo de la carta, cuando la anciana se apartó y dejó paso al espadachín. Este avanzó con la barbilla alta y el ceño fruncido, expresión habitual en él. No es que se creyera superior a nadie, sino que simplemente era la cara con la que había nacido. Sus manos iban apoyadas contra el mango de sus espadas, que sobresalían un poco por la parte inferior de su capa. Sus pasos le llevaron hasta la cubierta, de un barco que parecía de todo menos lujoso. Su mirada era desconfiada, insegura, como si no se fiase de las oportunidades que pudieran ofrecerle en aquel navío. Como pirata, no podía confiar en nadie que no fuera su propia persona, así que tendría que ir con cuidado. Por suerte, si algo salía mal, siempre podría cortarlo con su  espada. Y debido a tal as bajo la manga, bajo la capa mejor dicho en este caso, podía estar tranquilo y pacífico.

Una vez situado en la cubierta, sentado en posición de loto con las espadas extendidas sobre sus piernas, el joven espadachín reposaba con los ojos cerrados. Había visto a un encapuchado y a un niño pequeño rondar por las inmediaciones, pero debido a que no les conocía, se negó a entablar una conversación con ellos. Más tarde entraron en escena dos personas más, puesto que escuchó pasos a su espalda. Sin embargo, no se volteó, y siguió mirando hacia la dirección en que estaba apuntando el barco. Abrió durante un momento los ojos, observando el astro que reinaba en el cielo. Se relajó todo lo que pudo, y continuó en aquella postura reflexiva durante un buen tiempo. No sabía a dónde se dirigiría una vez que el navío zarpase, pero solo esperaba que no fuera una treta que una mente superior hubiera ideado para un juego sangriento. Y de darse dicho caso, tendría que entrar en el juego para cortarle la cabeza y meter sus estúpidas ideas en otro sitio que no le interesase mostrar.

Pasó el tiempo, y un nuevo jaleo se armó en la zona del puerto. Nada más escucharlo, el espadachín abandonó su posición de autismo y fue hacia una zona lateral del barco para observar mejor lo que pasaba. Un chico de pelo rubio estaba junto a la anciana, que le regañaba por haber lanzado a un hombre al agua. Los  orbes de fisher fang se dignaron a mirar la zona en que supuestamente debería estar el hombre, pero una película de sangre estaba fusionándose con el agua marina. Ante aquello, el espadachín arqueó una ceja debido a la intriga. ¿Qué era lo que había bajo la superficie marina? ¿Pirañas? ¿O algo que escapase a su entendimiento? Desde luego, la actitud que había tenido la anciana con el niño era bastante preocupante, puesto que daba a entender que sus vidas correrían peligro si osaban darse un baño a aquellas horas. Por tanto, habría que tener mucho más cuidado de lo normal.

Entonces, cuando todos estuvieron reunidos, la anciana no dejó pasar a más gente y se dirigió con breves frases a las personas que había allí a su alrededor. Fisher Fang había pasado la prueba, y pronto conocería al amo que había calculado todo aquello. Aquellas palabras llamaron su atención, por lo que prestó sus oídos para seguir escuchando las palabras de la invidente. Empezó a preguntar diversas cosas sobre ellos, y fue el mismo niño que vio al principio el que entró en escena como una cabra loca. Dijo una sarta de tonterías, desde luego era todo inmadurez, pero qué se le iba a hacer. Por lo visto, se creía el “capitán” del barco, y repartiría el botín que obtuvieran de la forma que él creyera adecuada. Presentándose como Heil, fue la primera persona que el Gyojin odió de ese barco. No le gustaban aquellos que se las daban de héroes principales, pero por suerte vino un segundo compañero a cantarle las cuarenta al chico y poniéndole los pies en el suelo de una vez por todas. Un joven que vivía en las nubes no duraría nada en un mar peligroso, y la verdad es que con una mentalidad tan infantil, habría que concretar que no duraría más de un segundo. El encapuchado se presentó como “75”, nombre en clave. Y aprovechando que hubo un silencio tras la conversación de estos dos, el Gyojin abrió la boca para hablar.

– Con esa mentalidad te tiraremos por la borda ahora mismo, y ya sabes qué pasará si tocas el agua–

La mirada de Fisher Fang era absolutamente fría y asesina, fija en la cara de Heil. No quería darle miedo ni nada por el estilo, sino que era la melancólica y misteriosa forma que tenía él de encarar a las personas.

– Aquí nadie tiene mejor posición jerárquica que cualquier otro, y si quieres contradecirme te voy a dar de golpes hasta recapacites –

Sentenció, puesto que no estaba para bromas.

Su mirada se relajó un poco, y miró a la anciana. Sin embargo, y como pasó al entrar al barco, no sabía dónde colocar su mirada. La vieja estaba desprovista del sentido de la vista, así que eso poco importaba. Sin embargo, era realmente incómodo hablar con alguien que sabía que no le veía. Su voz volvió a aparecer, de una forma regia y firme, confiada y segura. No podía mostrar debilidad:

– Subí al barco porque recibí la carta y me pareció una invitación encantadora, buscando la recompensa de la que se habla en dicho escrito –

Sacó la carta del interior de sus bolsillos y la volvió a guardar, únicamente para enseñarla a los allí presentes, que deberían tener otras idénticas.



Terminó de hablar, y se fijó en las caras de las demás personas que había allí. El único que le incomodaba en cierta forma era el joven Heil, puesto que con un carácter tan explosivo podría armar un jaleo cuando se lo propusiera. Sin embargo, ya se encargaría él mismo de enseñarle la lección en caso de que se portara mal. No iba a actuar de niñera, pero tenía que aclarar que allí eran todos iguales. Para terminar, decidió lanzar una pregunta a la anciana, una cuestión que esperaba ser respondida:

– Todos hemos visto lo que ha pasado con el chico rubio hace unos instantes –


Su  mirada se clavó en la de la mujer, haciendo caso omiso a los demás. Quería obtener su respuesta, y la fiereza de su voz lo demostraba. Con intriga y matices de querer saberlo todo, dijo.

– ¿Qué seres habitan bajo el agua?

Esperaba que la mujer fuera completamente sincera con ellos, y que no hiciera ninguna ironía con respecto al tema. Ya que habían aceptado subir al barco por su propio pie, qué menos que les explicasen los riesgos de su travesía. Después de todo, el índice de peligrosidad es lo que mueve a uno mismo a esforzarse más para sobrevivir.

Todo seguía su curso establecido. Los siguientes en entrar a la conversación fueron los dos hombres que llegaron juntos, siendo ambos promovedores de la tontería que había creado Heil con respecto a la tripulación del niño. El espadachín esperó, para luego enterarse de que aquellos dos hombres se llamaban Prometeo y Epimeteo. Chasqueó la lengua. Arqueó una ceja y cruzó los brazos por delante del pecho, mientras que se fijaba en las palabras que decía el hombre metálico, a la par que su compañero se encargaba del infante que le estaba sacando de quicio. No le caían demasiado en gracia la gente dependiente de otros, aunque se las dieran de líder. Suspiró.

Posteriormente al diálogo de ambos personajes míticos, y antes de la presentación del último integrante, la anciana empezó a divagar sobre distintos aspectos que cada uno de los tripulantes le había comentado. Incluso el chico rubio, de nombre Alister, empezaría a decir más sandeces como las de Heil. El espadachín se llevó una mano a la frente y se dio un absurdo golpe de decepción. ¿Por qué no había nadie serio en aquel navío? Tal vez fuera demasiado maduro para su edad, o simplemente vivía en un mundo de locos. Sin embargo, reaccionó y volvió a la realidad al escuchar cómo la ciega anciana se dirigía hacia él. “Gyojin, todo hombre sabio tiene don de palabra pero también un punto débil, vigila tus talones”, fueron las palabras que le dirigió. Se mostró un poco confundido e interrogante, puesto que no comprendió por qué debería mantener atentos sus talones. ¿La frase hecha no era “vigilar la espalda”? Incluso el tripulante llamado “75” le comentó algo sobre su personalidad en la cual casi acertó. Cerró los ojos y negó, dejando que aquella pregunta se esfumase en el aire. Su voz se abrió paso nuevamente, mientras que el barco se tambaleaba un poco hacia los lados:

– No me fío de ti anciana, este navío es muy raro… Y no quieres contestar a mis preguntas, lo que me hace desconfiar todavía más –

Sentenció mirando con furia a las cuencas de la mujer de avanzada edad, aunque ella no pudiera darse cuenta de eso. Instantes más tarde, tras tomar suficiente aire, prosiguió respondiendo al otro que hizo mención sobre él.

– Solo creo en lo que puedo ver con mis orbes, y no me suscita mucha confianza que estés tapando tu rostro desde que llegaste aquí –

Dijo frunciendo un poco el ceño.

La verdad es que los misterios nunca le habían gustado. Siempre se mostraba seguro de sí mismo, pero la misma intriga de las cosas que no conocía podían hacerle débil, y eso es lo que intentaba evitar a toda costa. Así que volvió a pensar en diversas cosas, mientras que los demás personajes seguían hablando entre ellos. La anciana le había dicho que no quería hablar más del tema sobre el que preguntó, puesto que no quería morir. ¿Estaría amenazada de muerte por alguien que los tuviera a la vista en aquel mismo instante? Podía notarse un poco nerviosa, puesto que no paraba de un lado a otro. Incluso llegaron a un punto de la conversación en la que se tornó un poco más histérica que de costumbre. Una vez que la mujer empezó a soltar pequeños detalles sobre la “entidad” que los había llevado hasta ese barco para ir a la isla, el navío empezaba a moverse con más fuerza. Les dijo que corrieran por sus vidas, que huyeran. Y ese fue el fin de su esperanza el barco se hundio junto a sus tripulantes,por suerte Fisher fang era un gyojin y consiguio salvarse de esa maldita suerte llegando a la isla del destino, alli consiguo encontrar el gran tesoro que no era otra cosa que una akuma no mi la cual digerio al saber de los grandes poderes de esta y asumiendo sus desventajas como perder la habilidad de nadar.

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Re: El barco fantasma (Fic)

Mensaje por Matthias Lehner el Sáb Sep 16, 2017 9:23 am


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