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Monje perdido llama a casa.

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Monje perdido llama a casa.

Mensaje por Matthias Lehner el Sáb Sep 02, 2017 12:30 pm


¿Qué podía ser más genial que surfear en una ola de proporciones gigantescas mientras el sol sureño te calentaba el alma y las chicas en la orilla te aguardaban con las mejillas ruborizadas y los ojos impregnados de amor? Difícilmente se podían concebir cosas mejores que esas, al menos en el reducido campo de la genialidad, tan variante y flexible con cada generación. Y es que la realidad del mundo variaba con sus generaciones, pero el panorama presentado hace un instante era algo que difícilmente cambiaba, y que siempre sin importar nada, sería considerado el tope de la genialidad. Si, quizá Matt no estaba surfeando en una colorida tabla, sino en un diminuto bote a medio hundirse... Y quizá no lo impulsaba una ola enorme, sino que las cuerdas y velas habían sido rasgadas y estaban siendo tiradas por un ave colosal que lo arrastraba hacia la isla en cuestión. Y quizá, solo quizá, no era chicas las que aguardaban en la orilla, sino una horda de nativos con muy poca ropa y demasiadas lanzas para el gusto del pelirrojo.

A estas alturas cualquiera podría sospechar que la desesperación, la tristeza o al menos el desánimo se habría apoderado de esta pobre alma, pero la realidad es que, de pie en la proa, con el barco a medio hundir siendo arrastrado por un ave colosal en dirección a una horda de salvajes, se hallaba el monje con una enorme sonrisa, un cigarrillo atrapado entre sus colmillos y los dedos moviéndose a toda velocidad mientras hacía chillar a su guitarra para sacarle los acordes que necesitaba, tocando una canción que por alguna razón le pareció acorde para semejante deporte extremo. —¡Venga! ¡Más rápido, gallina huesuda! -Gritó con tanta emoción mientras hacía chillar su guitarra a un volumen ensordecedor con la ayuda de Bullicio-Chan, su amplificador portatil. El insulto, por raro que parezca, caló profundo en el orgullo del ave que se elevó de un tirón y separó el bote del agua, para arrojarlo con fuerza a la costa, con el músico adentro.

Matthias no paró de tocar su guitarra ni aún cuando estaba volando por los aires. Si había de morir, moriría, así es la vida ¿No?

El bote aterrizó sobre unos cuantos de los aborígenes del lugar y el pelirrojo sobre otro grupo que no pudieron soportar su tamaño o peso, pues, aunque a la distancia, aquél músico parecía un tipejo de lo más normal, ahora que lo tenían encima prácticamente, se percataban que era más grande que la media. Matt se irguió en sus tres metros de altura y ante la atónita mirada de todos comenzó de nuevo a tocar, con mayor frenesí y potencia que a todos hizo cubrirse los oídos e incluso hubo quienes soltaron sus lanzas. —¡Los tengo cabrones! -Espetó mientras arrojaba una poderosa patada a algunos de los que allí estaba, y con el movimiento de una pequeña palanca, separó su querida guitarra, activando el arma que en ella se ocultaba.

Disparos, acordes, música y plomo se expandió por la costa que pronto se quedó completamente desolada, con la excepción de tres cadáveres que no necesitarían sus lanzas, cabelleras o adornos tribales, por lo que echando todo a la mochila y partiendo las lanzas se hizo de tres nuevos cuchillos. Matt armó de nuevo su guitarra y en silencio miró a los lados en búsqueda de algún letrero o algo, pero nada parecía indicarle donde diablos se encontraba, pero con un vistazo al mar le bastó para salir corriendo y ocultarse en la espesa jungla que le esperaba a pocos metros de la playa. Si él era grande, el monstruo que se aproximaba debía tratarse de un gigante. Como era usual, las aves gigantes de la isla atacaron al nuevo visitante mientras Matt se ocultaba entre las raíces de un nudoso sauce.

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Re: Monje perdido llama a casa.

Mensaje por Invitado el Sáb Sep 02, 2017 1:39 pm

Aguzó la vista. Observó con cuidado como tratando de identificar qué eran esos pequeños bultos que se veían a lo lejos, hacia el lugar que se estaba dirigiendo involuntariamente. Puso una de sus manos como una visera y se levantó, con mucho cuidado, en la tabla que usaba por bote, mientras el viento movía la enorme chaqueta de color marrón que le caracterizaba... Por primera vez en mucho tiempo, el gigante iba vestido, y es que el clima imperante en las noches parecía ser el frío, que no podía soportar en exceso, aunque fuese gigante, no era una máquina de calor. Pero esto no era el punto central del relato: el sujeto pudo identificar a lo lejos personas, que como siempre, eran mucho más pequeñas que él, mucho más débiles y frágiles. También unas aves en la cima de lo que parecía un árbol gigante, y toda una ambientación rústica.

La playa parecía ser lo más hostil, pero para cobardes no estaba Hiro. Avees gigantes, como él, o de nuevo el inmenso mar, mucho más portentoso que el propio gigante. La respuesta era clara. Y aunque le molestaban aquellas aves, era claro que no iba a detenerse solo por ellas. Así que, adoptando su pose típica de batalla, simplemente aguardó a que las aves vinieran a por él, mientras indagaba en sus pensamiento en qué pútrido lugar debería estar ¿Cómo habría parado allí? Minutos antes simplemente estaba encima de una colosal tabla de madera que soportaba su peso, sin que hubiera forma de hundirse - afortunadamente - y se dirigía a cualquier lugar habitado, menos a una isla con aves enormes y, según alcanzó a ver mientras se acercaba, personas gordas que parecían primitivas.

Efectivamente, las aves que, en proporción con el cuerpo del gigante, parecían toros o animales de ese tamaño para un humano, empezaron a rodearle, pero él ya les esperaba, no se iba a quedar sin hacer nada. Así que, cuando el viento fue movido por las alas de las aves que se arremolinaron y caían en picad sobre el nephilim, el tipo lanzó un puñetazo a la primera que se estaba acercando. El ave apenas podría soltar un graznido, aterrizaría en el suelo de la playa y trataría de levantarse tan pronto como pudiese, pero estaba aturdida. A la vista de esto, las otras aves apresurarían su vuelo en picada, el gigante se preparó y empezó a evadirlas a todas con movimientos bruscos que empezarían a mover la arena de la playa al tiempo que la vegetación cercana empezaría a sacudirse como temiendo por su vida.

Cualquier voyeurista podría darse cuenta que el hombre de doce metros empezaba a ahuyentar brevemente a las aves, que solo se sentían abrumadas por los golpes del sujeto que empezaba a denotar una expresión un tanto loca, como maniática, producto de su excitación por las peleas.

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Re: Monje perdido llama a casa.

Mensaje por Matthias Lehner el Sáb Sep 02, 2017 2:44 pm

La manera en que aquella abominación de leyendas había llegado era nada si se comparaba con la manera en que combatía a aquellas aves a quien Matt, en sus múltiples formas, habría enfrentado, de ser necesario, ahogándolas en plomo. Si, era una manera más rápida y efectiva, pero ciertamente no era tan genial como pelear con ellas en condición de igual y usando solamente las manos, como estaba demostrando esta inusual criatura vestida de manera extraña. ¿Eran aquellas botas para cabalgar? Parecían serlo, pero por mucho que el pelirrojo mirara al horizonte y los alrededores, no había ningún caballo, ni siquiera uno de madera que hiciera las veces de navío. —¡Un momento! -Susurró impresionado por el descubrimiento que acababa de hacer en su mente, y es que, lo más probable para que esta rareza de la naturaleza usara esas botas era el hecho de que sí cabalgaba, pero quizá, solo quizá, cabalgaba sobre el lomo de algún rey del mar, lo que lo haría no una, ni dez, sino unas cuatrocientas treinta veces más genial de lo que era actualmente por solo ser gigante y golpear pájaros.

Matthias salió de su escondrijo y con un par de varas comenzó a golpear el árbol con un ritmo que más parecía de nativos que algo más elaborado, cuando el ritmo se hubo marcado, mordió las varas y comenzó a rasgar las cuerdas de su guitarra, golpeando el árbol ocasionalmente con las varas en una canción que intercalaba percusión y guitarra, todo interpretado por el mismo talentoso hombre.


Finalmente mientras se dejaba ver saliendo de la jungla y aún continuando su maravillosa interpretación disparó en cuatro ocasiones contra uno de los pajarracos que había caído al suelo, aturdidos por un golpe de ¿Gigante? Si, a los ojos del músico, aquello era una especie de gigante aunque debía tratarse de una subespecie, pues en los libros que había visto de niño, mostraban imágenes muy diferentes a este tipo de criaturas. Como fuera, los disparos y el cadáver del pajarraco ahora inmóvil terminaron de ahuyentar a los demás como había sucedido antes con los nativos, y quedando solos el pelirrojo y la enorme criatura era inevitable que la conversación se presentara, por lo que adelantándose a las millones de posibilidades, el de melena rojiza (Que por primera vez en su vida se sentía pequeño) sonrió mientras con un chirrido agudo de su instrumento intentó llamar la atención de la bestia.

¡Saludos extraño guerrero! ¿Es usted el dueño de esta isla? -Una pregunta rara cuya respuesta ya sabía, pero Matt había pensado mucho y meditado el asunto, determinando que era mejor fingir ser un completo despistado y no un tramposo de primera. Por suerte para él, su voz, tan acostumbrada a expresar emociones a través de la música, le daba un toque auténtico de duda cuando cuestionaba al enorme ser. —¿Eres un gigante? Pensé que todos llevaban enormes barbas... Has de ser más moderno. -Exclamó con una amable sonrisa mientras se acercaba en son de paz a la bestia, soltando un que otro acorde suave y calmado.

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Re: Monje perdido llama a casa.

Mensaje por Invitado el Sáb Sep 02, 2017 4:09 pm

- A la mierda... Pajarracos - Diría el enorme gigante con un tono en su voz bastante grave, que podía parecer el de un hombre de esos que en algún mundo paralelo hablarían por la radio o en los comerciales de algún invento llamado televisor. Una voz bastante llamativa, podría decirse, para algunos y quizás para otros no tantos, que hacía un juego interesante con la enorme figura de aquel sujeto de más de una decena de metros de altura. Esto, de hecho, fue lo que le permitió enfrentar a las bestias aladas de tan enorme tamaño. Y ahora, con estas aves fuera de su camino, se fijó en el ser que salía de entre los matorrales y vegetación extrañamente verde y desordenada. Era un humano, aparentemente, a quién el gigante observó con algo de desdén a la vez que el tipo disparaba al primer ave atacada por el Nephilim.

- ¿Ah?-dudó, como si no entendiera la pregunta- Ah, sí, seguro-contestó luego de comprender tardíamente, culpa de su distracción con las aves, a lo que se refería aquél pelirrojo sujeto.

Más que una mentira, lo que contextualizaba, para quien pudiese entenderlo, el tono de la respuesta de Hiro, era que, luego de entender a qué se refería el pelirrojo, parecía una buena idea proclamarse el dueño de aquél lugar. Una isla que parecía poder aportar e interesar poco al exterior, un lugar donde esconderse en caso de que fuese buscado, y que pudiese representar refugio cuando ningún otro lugar lo pudiese hacer. Ya sería esto para luego.

El gigante se giró de tal forma que quedaría frente al tipo de la guitarra que continuaba interpretando sus melodías. Era claro que el gigante empezaría a desvirtuar la imagen que pudiera tener de ese sujeto, pues como era bien sabido para quienes le conocían, no gustaba de la música, un arte, ya que por esta misma condición, no tendría nada de exacto como una ciencia. De cualquier manera, el gigantesco sujeto simplemente guardó silencio luego de dejar salir un resoplido que recordaría a un toro, un peligroso cornudo.

-Son estereotipos... Y yo que creía que todos los humanos son mierdecillas que puedo pisar sin problemas-dijo Hiro al pequeño humano, mientras se acercaba lo suficiente a este, agachándose en las rodillas.

Lo veía ahora más de cerca, y entendía que no se trataba de un humano cualquiera. Aquel era más alto que los demás, y por esto consideró la posible fuerza que este tuviera, aunque entendía que no debía ser mucha, seguía siendo un humano después de todo, o al menos eso parecía, no se veía que tuviera alguna deformidad ni mucho menos algún rastro de pertenecer a otra raza.

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Re: Monje perdido llama a casa.

Mensaje por Matthias Lehner el Sáb Sep 02, 2017 8:02 pm

La respuesta de la enorme criatura hizo que, por primera vez en al menos una hora, el pelirrojo dejara de hacer ronronear su guitarra con hermosos acordes en lo que parecía un encantador y prolongado orgasmo carente de humedad pero rico en gemidos, y, aunque sus dedos agradecían el volver a recuperar la sensibilidad, se sentía un poco raro el solo escuchar el susurro del viento y la horrorosa respiración de aquella bestia que, de urgencia, debía consultar a un otorrinolaringologo para que solucionara su asunto respiratorio. Ya en silencio, el monje se tomó el tiempo de analizar aquella voz, tan profundo y con cierto potencial para un coro de fondo en una canción armoniosa, quizá con una voz aguda como voz principal se podría hacer algo con este fenómeno para que sirviera al mundo del arte, pero no lo intentaría por los momentos. Fue fácil descubrir que mentía, primero porque era algo que Matt sabía de antemano, segundo, su habilidad para detectar las mentiras vibraba con fuerza, y tercero, el gigante no sabía mentir. Pero alzó las cejas ¡Vaya que las alzó! Para demostrar supuesta sorpresa. ¡Que buen actor el cabrón!

¡Pues vaya! Con todo eso de pegarle a las aves, no me lo esperaba... Igual disculpa, Michael, por haber entrado a tus isla, pues no era mi intención. Una de tus cacatúas me arrastró prácticamente. -Hablaba con naturalidad mientras se acercaba más y más al gigante que se agachaba, quería verlo en toda su esplendorosa esplendorosidad, y ahora, por increíble que parezca, lo tenía de rodillas. Más por curiosidad que por admiración, pero le tenía de rodillas. ¡Magnifico avance!

Tan fuerte que parecía no tener piel sino estar constituido sólo por músculos hechos de la misma roca con que se forman las montañas, y su cabello, cada hebra sería tan gruesa como la cuerda más ancha de un bajo especializado para alguien del tamaño de Matthias, pero el premio gordo se lo llevaba la boca, con los dientes a la vista cual zombie a medio podrirse. El comentario del gigante no eliminó la larga sonrisa del músico ni le detuvo en su admiración de tan colosal criatura, pues aquello se lo tomaba como broma, y no creía que fuera a morir en esa isla, al menos no de una forma tan tonta como devorado por un gigante, si es que devoraban humanos aquellas criaturas. Pero como sucede con todas las grandes ideas, aparecen en los momentos más inoportunos o quizá fuera al contrario, sin importar el caso, una idea apareció y Matt decidió que era momento adecuado de ponerla en marcha. Estando tan cerca de la cara del gigante, se detuvo, metió la mano a su mochila a toda prisa y sacó un trozo de papel y una pluma que maniobró como si fuera un chef en la cocina o un homosexual en prostíbulo, pues aquel cilindro parecía estar hecho para sus manos, y con una decena de trazos, en menos de un minuto había acabado su obra.

Sonrió satisfecho mientras guardaba la pluma y enseñaba el dibujo al gigante, quien seguramente tendría que acercarse más para verlo, por lo que la oportunidad de ver de cerca a una criatura así aumentaba significativamente. Matt sentía especial curiosidad por los ojos del gigante, quería ver si esa rara telita que se ve en el ojo humano estaba también presente en el ojo gigante, pero esperaba, por sobretodo, no ofender con su dibujo al enorme guerrero que tenía al frente. Su mano libre rascaba su nuca en obvia señal de nerviosismo o humildad, aún cuando sabía que su trabajo era bueno. —Así te verías con barba, Michael. ¿Era Michael no? ¿Jackson? Tienes cara de Michael... Aunque pensándolo bien, tienes cara de Michael Jackson... Ahora dime, te gusta el dibujo? -Si, desvariaba un poco mientras su memoria, desgraciadamente exacta y precisa (fotográfica le decían los eruditos en el tema de la memoria) traía a un afamado cantante con una nariz similar a la del gigante. Le acercó aún más el dibujo para que pudiera verlo, y poder, de una vez, observar con cuidado ese enorme ojo.


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Re: Monje perdido llama a casa.

Mensaje por Invitado el Dom Sep 03, 2017 9:17 pm

Por unos instantes la vista del enorme gigante se concentró en la isla, nuevamente. Estaba ante un lugar desconocido, quién sabe para cuántos más, y debía ser cuidadoso. En el sentido en que, no podía estar tan relajado, pues, aunque se viese desierto el lugar, sin más gente que los nativos ya observados, podría haber alguien más, justo como estaba allí ese sujeto de los cabellos rojos. Sin embargo, luego de observar con cuidado durante algún tiempo, pero también escuchando todo lo que decía el bodrio humano, se dio cuenta que realmente no parecía haber nadie más que el gigante, el pelirrojo, los nativos y las estúpidas aves que habían estado molestando momentos atrás. Así que, con una mayor tranquilidad, prestó de nuevo atención al sujeto que le molestaba, de algún modo, aunque no lo suficiente como para causar alguno de los momentos de irritación y ansias de destrucción. Hasta ese momento, el sujeto de cabellos rojos no había dado ningún motivo para causar la ira del colosal sujeto. En esos momentos Hiro se encontraba en uno de sus estados de tranquilidad, en los que simplemente analizaba todo. El sujeto era un parlanchín. Debía pensar en volver en los mares cardinales, y quizás debía centrarse en ello, en cómo salir de aquel lugar (la idea de poseer como verdadero dueño ese lugar, debía esperar, pues no era tan fácil como podría pensarse, necesitaría de más personas). Aunque, claro, por unos instantes, volvió la vista al humano, escuchó lo que dijo sobre las aves y asintió. De nuevo, sin mucho interés en aquella mentira.

Ignoró, por completo, la primera vez que fue llamado Michael. No entendió si el sujeto se había equivocado, pues no se habían presentado, pero lo ignoró.

– Ah, sí, son un lío esos pájaros, –escupió una vez más con desdén. – Ah quizás hoy me siento completamente generoso y permitiré que te quedes. –el colosal nuevo pirata se acercó de nuevo al humano, en tanto que este parecía estar haciendo algo nuevo.

Mientras Hiro contestaba lo anterior, se percató que el tipo de rojo buscaba entre sus cosas. No parecía estar buscando algún tipo de arma, por lo que no parecía necesario prepararse para una batalla. Hiro, entonces, se mantuvo tranquilo y mientras el tipo guardaba silencio y empezaba a garabatear en una hoja (eso era lo que hacía: había sacado lápiz y papel y ahora estaba dibujando), el gigante simplemente se acercó más a este, observó lo que trazaba, y pensó en que definitivamente era una mente echada a perder en las artes, y no aprovechada en las ciencias. Quizás una mente con esas capacidades (pues, debía reconocer que el dibujo y la música requerían de ciertas facultades mentales que también exigían algunas ciencias), podría aportar a alguien como él, en busca de todo el poder que su profesión pudiese darle. Sin embargo, comprendía que cada quién era libre de malgastar su vida, o aprovecharla, como le viniera de los cojones. Cosa que, incluso, el mismo gigante hacía.

Guardó silencio por un tiempo prudencial, y antes de que el tipo terminara lo que estaba haciendo, indagó – ¿Qué haces tú, en este lugar, ¿cómo has llegado y qué pretendes en esta isla? – la pregunta fue simple, esperó la respuesta del tipo, y se sorprendió cuando este le mostró el resultado de lo que estuvo haciendo, y esto alcanzó a causar cierta impresión en el gigante, pues el tipo había capturado correctamente su esencia. Es decir, pese a los trazos ligeros y para nada trabajados como una escultura o una pintura de alguna época pretérita, el dibujo había capturado la figura del gigante, y este tenía una barba agregada.

– RI-HAHAHAHAHAHAHAHA RIII-HAAAAHAHAHAHAHA – Como todos los gigantes, Hiro tenía una risa bastante particular. Algo que era único, propio y que era el único rasgo completamente distintivo de su raza que podía identificarle como un Elbaftiano. Aquella risa era completamente estridente y extraña, teniendo en cuenta el aspecto, la gravedad y el tamaño de aquel nephilim. – He de admitir que tienes talento para ser una cucaracha… Aunque, bueno, lo de cucaracha es broma – Matthias, cuyo nombre en realidad era desconocido para Hiro, había logrado apelar a una parte de Hiro que poco mostraba, una parte que era como un mito para quienes usualmente se trataban con él.

Hiro, como si se tratase de un impulso, extendió uno de sus dedos enormes al grande humano, y continuó hablándole – Sí, me ha gustado bastante tu dibujo… Soy Hiro, por cierto ¿Quién eres, pequeña sabandija? – y dicho esto, simplemente esperaría respuesta del sujeto.

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Re: Monje perdido llama a casa.

Mensaje por Matthias Lehner el Mar Sep 05, 2017 2:15 pm

Aquél admirable gigante no dejaba de impresionar al músico quien se obsesionaba, conforme pasaban los minutos, con las propiedades del cuerpo ajeno, su resistencia, fuerza y velocidad, aún cuando puntos como la fuerza y velocidad estaban más o menos esclarecidos. Tenía un gran cuerpo, lo que le permitía recorrer grandes distancias en pocos pasos, pero sus reflejos era pésimos seguramente como compensación a su tamaño, y en aquella isla (Que Matt sabía no le pertenecía) tampoco es que sobraba espacio para que una criatura así caminase, pues una minúscula playa daba la bienvenida a un pequeño bosque hecho de las gruesas y fuertes raíces del inmenso árbol que coronaba el Reino de Torino. ¿Que podría hacer alguien de ese tamaño en Torino? Las raíces eran muy bajas como para meterse bajo estas como hacían los nativos, y el árbol, por otro lado, estaba lleno de esos pajarracos que le demostraban hostilidad sin importar su tamaño, por lo que la idea de construir un techo con base al árbol parecía, por los momentos, imposible. Aquella isla no era suya, y aún así mentía.

¿Eh? Ya te lo he dicho... Una de esas aves rompió mi bote y me arrastró hasta esta isla, directo contra los nativos. Solo pretendo salir de aquí, tengo que presentarme en dos días en una taberna... —Hablaba con naturalidad mientras acariciaba su nuca, y con esta, los mechones de cabello que se colaban bajo su ropa, y el hilo artificial que solía atar a estos para sostener a Mr. Ando. El gigante, en cambio, cada vez más cerca, pareció abrir aquellos ojos que tanto obsesionaban a Matt, víctima de la impresión, pero lejos de enfadarse como se supondría (Si, Hiro tenía cara de cascarrabias) soltó una rara y pegajosa carcajada.

Le halagó, de una manera ofensiva que al pelirrojo mosqueó un poco, pues estaba acostumbrado a ser siempre más alto que los demás y ser él quien usara palabras como cucaracha o diminuto, pero a pesar de este enfado, su sonrisa no disminuyó en lo absoluto y se mantuvo tranquilo. Aún cuando el gigante extendió su dedo, lo apretó con brevedad a modo de saludo y dispuso sobre el falange aquél dibujo, mientras usaba ambas manos para registrar su mochila y sacar el frasco de tinta y las muchas hojas de papel que guardaba. Comenzó a empapar de tinta las hojas hasta que chorrearon y las arrojó por doquier. -Te mostraré el arte de Matthias Lehner. -Dijo al tiempo que daba un par de pasos al gigante y activaba su guitarra para soltarle directo a uno de sus ojos una agresiva ráfaga de balas. El ruido de la ametralladora aterró y ahuyentó a las aves.

Matt encendió su yesquera y le prendió fuego a la tinta del suelo que rápidamente propagó las llamas por los árboles y alrededores, y como alma que lleva el diablo, se introdujo al bosque de raíces a todo lo que daban sus piernas, tratando de llegar al otro lado de la isla y echarse al mar. El fuego aumentaba con cada paso y le seguía, mientras que un artístico grito escapaba de su garganta, pues estaba emocionado, aún cuando el gigante, por mucho que no pudiera seguirlo a ese bosque bajo las raíces le podría dar caza. Pero, tendría que rodar de dolor un poco... ¿No?



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Re: Monje perdido llama a casa.

Mensaje por Narrador el Jue Sep 07, 2017 10:51 am

Demasiado ruido... Eso es lo que aquellos maleantes habían hecho. Los disparos y el fuego llamaron la atención de los nativos de aquella isla. Uno que estaba cerca podía ver como el ojo derecho del gigante estaba sangrando. La ametralladora era de gran calibre, pues para estar siendo manejada por alguien de tres metros debía tenerlo. Por lo que el daño en el globo ocular de Hiro estaba hecho. El chico dio la voz de alarma a sus compañeros y estos se apresuraron para llamar a la marina. Pero no todo está perdido para el gigante, un buen cirujano podía sustraer la bala alojada en su ojo, solo debía apresurarse.

Mientras tanto el fuego provocado por Matt devoraba la vegetación a su paso. Estaba claro que debían escapar de ese lugar como fuese y el coloso necesitaba un médico urgentemente. La marina no tardaría en hacer acto de presencia en la isla y ya se sabía cómo se las gastaba ante este tipo de actos tan violentos. El humo y el olor a madera quemada inundaban el lugar mientras se podían escuchar los gritos de los nativos que preparaban sus armas. ¿Cómo actuarían el gigante y el artillero? ¿Les daría igual todo a pesar de lo arriesgado de la situación y lucharían entre ellos por la agresión del pelirrojo? El fuego empieza a rodearos, debéis actuar con presteza.

Leed el spoiler es importante.
Condiciones:
Bien chicos, esto son las cosas que deben saber.
- La marina estará ahí en cinco post. Vosotros decidís si os quedais, cosa poco recomendable, u os marchais.
- Hiro, vas a estar tuerto hasta que encuentres un médico. ¿Como hacerlo? A) Con un personaje jugador que sea médico y acepte tratarte el ojo. B) Encontrando un npc médico manejado por narrador. El ojo de los gigantes es uno de sus puntos débiles, así como los testiculos lol, pero no estas tuerto para siempre. Ya sabes.

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